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Smallfoot (**)

12 octubre 2018

Lo que no está en las piedras no es verdad

Todo cambia en la comunidad de los yetis cuando uno de sus congéneres, joven y decidido, se encuentra cara a cara con un ser humano. Cada uno de ellos, pensaba que el otro no existía, que se trataba de una leyenda. De la incredulidad se pasa a la aventura, cuando entran en juego los medios de comunicación y las autoridades.

El yeti es un ser supuestamente fantástico que habita en la cordillera del Himalaya. Se supone que son seres de enorme tamaño, cuyo cuerpo está recubierto de un abundante pelaje blanco. En Estados Unidos su equivalente en el Bigfoot –pies grandes- de las Montaña Rocosas. De ahí viene el título del film. Según los creadores de este largometraje, los yeti consideran a los humanos, de mucha menor estatura, smallfoot –pie pequeño-. Esta producción sirvió para el debut en la dirección de Jason Reisig y para que colega y cineasta Karey Kirpatrick regresara al mundo de la animación en el que había comenzado gracias a Vecinos invasores -2006-.

El personaje central de esta historia es Migo, un yeti joven, listo y decidido, hijo de Dorgle, quien tiene un trabajo asaz curioso, nada menos que lanzarse cada mañana por medio de una especie de tirachinas gigante hacia un gong que golpea fuertemente con su cabeza. Esa acción permite que salga el sol cada mañana. Migo, siguiendo la estela familiar, se prepara para sucederle, aunque usa casco y todavía no tiene la cabeza aplanada en la parte superior, como sucediera con todos sus antepasados que se entregaron a esa tarea. Naturalmente, también existe la chica de sus sueños. Se trata des Meechee, una joven pizpireta, segura de sí misma y a la que podríamos considerar como una feminista a ultranza dentro de su mundo.

Un día, Migo se aparta accidentalmente de la aldea y se encuentra con una avioneta que se estrella en la nieve. De ella surge un ser humano. Ambos han escuchado leyendas del otro, y ahora que se encuentran cara a cara están atemorizados y nerviosos. Cuando el joven yeti cuenta a los suyos el descubrimiento le dicen de todo menos bonito puesto que carece de pruebas fehacientes. El padre de Mechee es el stonekeeper –guardián de las piedras- y quien toma la voz cantante. En esas runas residen los mandamientos y la sabiduría del colectivo. Todo lo que no estuviere grabado en ellas no existe. Aun a pesar de algunas atribuciones más bien extrañas, como que un palo de esquí sea un cuerno.

El caso es que no creen a Migo porque no encuentran una base firme para ello y, ante su insistencia, terminan expulsándole de la aldea. Cuando cae de las nubes arranca una aventura que lleva a entremezclar a yetis y humanos, si bien las autoridades quieren por todos los medios hacerse con un ejemplar de los seres míticos que habitan teóricamente en la cordillera más alta del planeta. En la historia juega un papel importante Percy Patterson, un ex cineasta documentalista que intenta recuperar su privilegiada posición partiendo de un engaño. Afirma que ha visto un yeti, e incluso se disfrazará como tal para refrendar su afirmación.

En su concepto, el film se muestra transgresor. Hay una propuesta evidente de saltarse las reglas cuando uno está convencido de que están obsoletas o son erróneas. Este aspecto debería satisfacer a un público general, pero el conjunto está destinado a los más pequeños de la familia. Es muy interesante lo que planea, e incluso invita a la discusión, pero esas ideas quedan relegadas por un desarrollo demasiado infantil y una puesta en escena que aporta poco. Más bien, recupera de otros filmes del género, lo que genera una evidente insatisfacción.

La propia naturaleza de los yetis, según los creadores del film, desemboca en un color azulado, que se combina con el púrpura en algunos pasajes, favorecido tal vez por la presencia de una enorme bestia llamada Dwangi a la que, por cierto, presta su voz en el original el baloncestista LeBron James. Los números musicales ralentizan la acción, así como las insistentes coreografías. Tampoco las canciones de Heitor Pereira son tan pegadizas como las de otras producciones en las que se fija sin demasiado decoro este trabajo.

 

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