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Un héroe singular (Petit paysan) (**1/2)

14 octubre 2018

Entre vacas

Pierre es treintañero, ha heredado una granja de sus padres y se ha convertido en un excelente ganadero. Cuando una epidemia procedente del norte ataca a sus vacas, a pesar de que su hermana es una veterinaria, emplea métodos poco ortodoxos con la intención de salvar en lo posible su ganado.

Para escribir y dirigir su ópera prima el francés Hubert Charuel ha escogido un tema que conoce a la perfección: las vicisitudes en una granja. Creció en la de sus padres, cerca de Reims, y en ella se han rodado buena parte de las secuencias de este film, en la que también han participado como actores varios de sus vecinos y buena parte de su familia. La posibilidad de una epidemia es una espada de Damocles que pesa siempre sobre la cabeza de los propietarios y, aunque el caso que se relata no está basado en hechos reales, la narración tiene un aire documental que subyace bajo la ficción.

Las vicisitudes de la campiña han sido tratados con profusión en el cine. Los viñedos han sido particularmente recurrentes y ahora le toca el turno a la ganadería, concretamente a las vacas lecheras. Pierre Chavanges -Swann Arlaud- es el propietario de una explotación que le ha sido legada por sus padres -Isabelle Chandelier y Jean-Paul Charuel-. No es el mayor empresario pero, según los estudios de la zona, es el que mejor producto presenta. Cuida su ganado desde la mañana a la noche hasta el punto de que apenas piensa en la diversión. Su madre vería con buenos ojos una relación más estrecha con Angélique -India Hair-, una panadera que no desdeñaría casarse con un vaquero si es como Pierre.

De todas formas, el protagonista está más pendiente de sus reses que de ninguna otra cosa. Especialmente, cuando se entera de que una epidemia procedente de Bélgica se extiende hacia el sur. Un colega afectado -Bouli Lanners– se queja de que los representantes de Sanidad sacrificaron a todas sus vacas, incluidas las sanas, para que no se propagara una enfermedad caracterizada por manchas, protuberancias y hemorragias indiscriminadas.

Cuando uno de sus bóvidos amanece mustio llama a su hermana Emma -Géraldine Martineau-, que ejerce como veterinaria, quien descarta la enfermedad. Sin embargo, pocos días después, el propio Pierre confirma la infección. Sabe que si llega a oídos de las autoridades se quedará sin ganadería por lo que lleva a cabo acciones desesperadas para salvar su fuente de ingresos. Eso implica que se vuelva más taciturno que de costumbre, y también más irascible, lo que pone de manifiesto en sus reuniones con amigos y colegas de la zona que pertenecen a su misma generación, como Jean-Denis -Valentin Lespinasse-, Fabrice -Clément Bresson- o Raymond -Jean Charuel-.

La película parece una obra mucho más madura que la correspondiente a un debutante. El autor demuestra que conoce a la perfección el asunto que tiene entre manos, lo que aproxima la obra al documental. Vemos, entre otras cosas, la estabulación, la salida al exterior de las vacas y el ordeño. El nacimiento de un ternero es uno de los mejores momentos y la planificación es muy coherente y más que ajustada para el relato. Nada que objetar a un film compacto, serio y estudiado a fondo para sacarle el mayor partido posible por parte de Hubert Charuel.

Pese a todo ello, he de afirmar que se trata de una película que me tiene confundido. Durante su desarrollo esperaba algo diferente, si acaso alguna pequeña revolución que hiciera justicia el título en español, pero Pierre resulta lo más antagónico a un héroe. Realmente es un pequeño ganadero, como mejor refiere el título original en francés. El drama más austero planea sobre toda la producción y es como esos días nublados de invierno, que esperas que abra de una vez y se mantiene con su manto gris hasta que llega la noche.

Aprovecha el autor para reivindicar ciertos aspectos sociales. Sabe de lo que habla y critica, aunque se pierda en el relato, la política de subvenciones estatales, que siempre llegan tarde, la falta de investigación, o el corte por lo sano que supone sacrificar a todo el establo por el solo hecho de que uno de los ejemplares presente una infección. Queda también la constatación de las reglas que deben de seguir los propietarios de un establo con sus reses y las posibles crías. Al mismo tiempo, pone en entredicho las actitudes de los veterinarios.

La línea elegida está abocada a la tragedia. No hay concesiones y que nadie espere ni un posible detalle laxo que invite a la relajación. Ese punto le acerca más al documental que a la ficción, pero también a dejar con mal sabor de boca al espectador que concluye el visionado pensando que el héroe no es tal y su singularidad tampoco es tan epatante. Eso es lo que realmente nos confunde.

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From → Cine

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