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¡A ganar! (The Miracle Season) (1/2)

16 octubre 2018

Una temporada sorprendente

Historia real de un equipo de voleibol femenino de un instituto de Iowa. Eran las campeonas, pero al comienzo de la siguiente temporada pierden a su jugadora estrella. Después de una primera vuelta nefasta, se conjuraron en el nombre de su capitana fallecida y enderezaron el rumbo con una serie ininterrumpida de victorias.

Otra película de deportes y una nueva propuesta de superación; en este caso tanto personal como de equipo. El protagonista es un conjunto de voleibol femenino perteneciente  al West High School, ubicado en el estado de Iowa. Era el campeón estatal y afrontaba una nueva temporada con optimismo, pero la pérdida de su capitana y jugadora estrella antes del primer partido oficial, causó mella en su afán competitivo, lo que les llevó a perder prácticamente todos los compromisos de la primera vuelta.

Es cierto que cada individuo y cada colectivo tienen su propia historia con visos de trascender tanto al cine como a la literatura, pero hay que saber contarla aparte de elegir el fragmento temporal en que se circunscribe. Esta última premisa funciona en el caso de esta apuesta de Sean McNamara quien, si nuestra memoria no nos falla es la primera de sus cuatro películas estrenada en nuestro país. El otro condicionante, el de saber contarla, es el que falla en esta ecuación. Bien es verdad que la culpa no es tanto de él como de los guionistas implicados en el proyecto.

Mcnamara se aplica, consigue buenos planos de voleibol y saca todo el partido posible a unos protagonistas cuyos papeles con traicioneros, en el sentido de que apenas pueden obtener de ellos el más mínimo jugo. Y estamos hablando de intérpretes oscarizados, como William HurtEl beso de la mujer araña-, que da vida al padre de la deportista fallecida, y de Helen HuntMejor… imposible-, la entrenadora del equipo. También las dos jóvenes estrellas del equipo tienen una importante carrera a sus espaldas aunque no sea tan prolífica por razones obvias.

Caroline Line Found –Danika Yarosh- y Kelley Fliheler –Erin Moriarty- son amigas desde que eran pequeñas y ambas forman parte del equipo de voleibol de las Trojans, perteneciente al West High School. Antes de comenzar la temporada, Line se desplazó en moto a una fiesta sin el consentimiento paterno. Cuando regresaba a casa un accidente acabó con su vida y dejó muy tocados a quienes la rodeaban, incluidas sus compañeras de vestuario, la entrenadora Kathy Bresnahan y su ayudante Scott Sanders –Jason Gray-Stanford-. Un golpe especialmente duro para el padre de la chica, el doctor Found, con su esposa en fase terminal y que perdió a dos de sus seres más querido en un breve espacio de tiempo.

Desde ese momento asistimos al drama colectivo y también al personal, referido fundamentalmente al personaje de Williams Hurt y a la joven Kelley, quien echaba en falta una parte de sí y que ni siquiera podía rellenarlo el apuesto vecino recién llegado, Alex –Burkely Duffield-. El desarrollo del film  tiende a tocar la fibra sensible del espectador. No hay un solo momento inteligente en el guion y, si no fuera por la aportación de Sean Mcnamara, que se deja ver en la pantalla como un fan de Line, esta producción no pasaría de ser un producto para ser programado en una sobremesa lluviosa un domingo por la tarde en cualquier cadena televisiva.

Es cierto que la historia de las Trojans es interesante y que representa una superación muy a tener en cuenta, pero los personajes están trazados con tiralíneas, sin el más mínimo afán de buscar en ellos algo más que la inercia. Sucede algo semejante con las componentes del equipo, en el que destaca una novata y algunas veteranas próximas a Kelley. En ningún momento hay conflicto entre ellas y tienen un papel tan testimonial que termina la proyección y no sabes quién es quién ni como se llaman.

Flaco favor le han hecho a Hellen Hunt con este personaje. Todavía tenemos en nuestra retina el impacto que nos causó su trabajo en Las sesiones cuando nos encontramos con un personaje insustancial. Esa entrenadora, se supone que más o menos exitosa, no parece preparar a conciencia los partidos ni tener la sangre suficiente como para dirigir un equipo campeón.  El deporte en el cine, si no se trata de biopics referidos a figuras muy populares, hay que tratarlo con respeto y con talento. En este caso, ni el voleibol, ni el conjunto protagonista son atractivos, como tampoco consigue impactar lo suficiente la fórmula por la que pasan de perdedoras a disputar las finales estatales.

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