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Matar o morir (Peppermint) (1/2)

17 octubre 2018

Un lustro para vengarse

Una mujer ve como su marido y su hija son sido asesinados por miembros de un peligroso cártel. Una vez que tiene lugar el juicio y que los acusados salen indemnes, se toma cinco años para prepararse a fondo y regresar para tomarse la justicia por su mano.

El matrimonio compuesto por Chris y Riley tiene dificultades para llegar a fin de mes. Ella trabaja como empleada de banca y el taller mecánico del marido no todo lo bien que debiera pero rechaza a pesar de ello una operación propuesta por un amigo para que robe al capo del cártel de los García, lo que rechaza finalmente. El día que su hija Carly cumple diez años van por la noche al parque de atracciones, donde los hombres de Diego García les acribillan a balazos.

Pasado prácticamente un mes, cuando despierta del coma,le informan que su marido y su hija han muerto, pero que han detenido a tres sospechosos.  Riley North –Jennifer Garner-, se preocupa por identificar a los culpables ante la policía, representada por los detectives Stan Carmichael –John Gallagher Jr.- y Moisés Beltrán –John Ortiz-. El abogado de los encausados intenta sobornarla, pero ella no cede, aunque sí se pone en evidencia al descubrir el letrado que guarda medicamentos antisicóticos en su casa. Definitivamente, el juez Steven no ve elementos incriminatorios suficientes y Riley, tras la sentencia, intenta atacar a los acusados. Transportada a un centro psiquiátrico, consigue escaparse durante el trayecto.

Un lustro después, los tres tiradores que habían ido a juicio aparecen colgados de la noria a la que se habían subido los North antes del ataque. Las ejecuciones implican la presencia del FBI, y la agente Lisa Inman –Annie Llonzeh- informa a Carmichael y a Beltrán que la principal sospechosa es Riley quien, desde que desapareció hace cinco años tras robar la sucursal bancaria en la que trabajaba, se ha preparado a conciencia para tomarse la justicia por su mano después de robar en un almacén diversas armas y municiones.

El siguiente en la lista es el juez Steven, en la nómina del cártel, y en cuyo domicilio, después de una explosión, aparecen otros cuerpos vinculados con el caso, los abogados de la defensa. La policía solicita la colaboración ciudadana, aunque la singular biografía de la sospechosa permite que haya más gente a su favor que en contra. Ella está dispuesta a eliminar todos cuantos rivales se le pongan al paso hasta llegar al mismísimo Diego  García –Juan Pablo Raba-, el cabecilla de la mafiosa organización.

El francés Pierre Morel, cuyo mayor mérito ha sido haber iniciado la serie Taken, con Liam Neeson al frente del reparto, dirige esta propuesta convencional. No abundan las mujeres que se ponen el mundo por bandera para completar su particular venganza, si bien es cierto que son cada vez más frecuentes. Riley North aporta muy poco a ese mundo de heroínas que, ante la transigencia social o judicial, se aplica en el desagravio particular o requiere una compensación absoluta a sus reveses causados por terceros.

Jannifer Garner es quien se ocupa de dar vida al personaje central que, visto lo visto, puede tener más recorrido con alguna secuela. Hasta ahora, parece sentirse más a gusto en la comedia o en los dramas más recalcitrantes. Lo cierto es que el personaje que le ha tocado en suerte por culpa de este film resulta tan intrascendente que su figura prácticamente pasa desapercibida. La personalidad que emana de su presencia en la pantalla le hacen acreedores a roles más complejos o de mayor enjundia.

La cinta cumple con su objetivo dentro de un thriller sin complicaciones, pero se desmorona cuando se intenta un análisis serio. El argumento es muy trillado, la puesta en escena sobria y sin ningún aspecto llamativo. Las secuencias de acción son de lo más pobres, con Jennifer Garner repartiendo estopa porque los malos no se atreven con una estrategia de combate. Van desfilando uno a uno y cayendo de forma correspondiente. Tampoco es que haya excesiva abundancia de secuencias de acción. Destaca solamente un tiroteo en una tienda, y pare usted de contar. Morel cuenta con el habitualmente hieratismo de su rutilante estrella, para quien una sonrisa es poco menos que un milagro, aunque el director tampoco sale demasiado bien parad con los constante subrayados cada vez que impera alguna emoción en sus personajes más significativos.

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