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La buena esposa (The Wife) (**1/2)

19 octubre 2018

Su vida es de ella

Ella es la mujer perfecta. Lleva cuatro décadas al lado de su marido y ha sacrificado sus sueños y sus ambiciones para que él triunfara como escritor. La vida les ha llevado a Estocolmo, donde recibirá el Nobel de Literatura, justo cuando un fraude y un secreto bien guardado durante muchos años pongan en duda su relación.

Ellos son Joe y Joan. Llevan alrededor de cuarenta años juntos y han llegado a un punto en el que se compenetran perfectamente. Cada uno sabe todo del otro y hasta cuál será su comportamiento  a cada paso. Joe Castleman –Jonathan Pryce- recibe una llamada de la Academia Sueca. Pide que Joan –Glenn Close- escuche en un supletorio. Al celebrado autor le han concedido el Premio Nobel.

En la pantalla, algunos personajes se han alzado con el Nobel, pero estos galardones han sido protagonistas en contadas ocasiones, como en el caso de El premio, en el que el personaje de Paul Newman debía recoger igualmente el galardón que destacaba al mejor literato. Sí que hemos pasado por los Oscar, por cómo se sienten los nominados cuando se dirigen a la gala. En esta oportunidad, el máximo honor que puede recibir un escritor nos aporta las jornadas previas a la entrega, la gala en sí y un secreto importante mantenido por cuatro décadas.

La novela de Meg Wolitzer ha sido llevada al cine por Björn Runge, ganador del Oso de Plata en la Berlinale con Al final del día/Daybreak -2003-. El matrimonio Castleman está feliz. Ella es pausada, le gusta estar en un segundo plano y está dedicada en cuerpo y alma a su marido, un tipo egocéntrico al que le gusta ser el centro de atención y sabe cómo conseguirlo. Aunque de corazón delicado, aprecia los dulces, especialmente el chocolate.  Tienen dos hijos, David –Max Irons- y Susannah –Alix Wilton Rigan-. La muchacha está embarazada y su hermano quiere ser escritor. Su madre aplaude su primera novela y su padre esquiva cualquier comentario.

En el vuelo a Estocolmo aparece un autor, Nathaniel Bone –Christian Slater-, al que le han encargado escribir la biografía de Jose Castleman, pero éste se lo quita de encima durante el viaje. Posteriormente, en una recepción, tendrá la primera de las dos conversaciones con Joan. Un flashback nos remite a la forma en que se consolidó la pareja protagonista. Joe era profesor de literatura, casado y padre de un hijo, y se encuentra con una alumna aventajada  que se enamora de él. Se inicia una relación que termina en boda, pero también se fragua una simbiosis inesperada, absolutamente profesional. Joe tiene las ideas y Joan da forma a sus historias y a sus personajes.

David comienza a sospechar cuando su padre desconoce a no se acuerda de uno de sus protagonistas más aclamados. Posteriormente, durante una charla con Nathaniel Bone tiene sospechas fundadas de la verdadera naturaleza de las obras de su padre, por cuanto éste no le permitía entrar nunca en su despacho cuando se encerraba para escribir junto a su madre. Elementos exógenos a la pareja, por mucho que se tratara de su primogénito. Ellos tenían muy clara la fórmula que les condujo al éxito.

Joan estimaba que, por ella sola, nunca llegaría a la meta; sin embargo, su esposo sí que tenía cosas que decir, aunque fuese finalmente ella quien les diese forma y creara unos personajes llenos de vida. Ella nunca quiso sobresalir ni que Joe la nombrase en sus discursos. Podría perdonar las infidelidades, e incluso los escarceos de su hombre con la fotógrafa asignada por la editorial durante el acto, Linnea –Karin Franz Körlof-. Sin embargo, un detalle podría sacarla de sus casillas, que su propio marido dijera que su esposa no escribía.

El film gusta, como se demostró en la clausura del Festival de San Sebastián el pasado año. Al espectador le interesa su acercamiento a la comedia negra y se siente complacido con una intriga que se mantiene viva durante la proyección. Es una de esas películas resultonas a pesar de que su director no arriesga nada y lleva a cabo un trabajo convencional. Pero hay un aspecto que brilla y que eleva el conjunto a una categoría insospechada: la interpretación de Glenn Close y la buena réplica que recibe por parte de su principal compañero de reparto.

La actriz de Connecticut demuestra con creces por qué es una de las mejores intérpretes de su generación. Su trabajo en este film es absorbente. Tanto, que no puedes aparatar la mirada de la pantalla cuando está en escena, y afortunadamente lo está casi siempre. Su trabajo es hipnótico, hasta el punto de que oculta muchos de los defectos del largometraje, como el largo y tedioso encuentro con Nathaniel en el bar delo hotel o el cañón de luz innecesario durante el discurso de su marido en la Academia Sueca.

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