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Slenderman (*)

25 octubre 2018

El hombre del saco de la era digital

Cuatro adolescentes se sienten atraídas por un extraño personaje sin rostro, altísimo, enfundado en un traje negro y con seis tentáculos que parten de su espalda. Es el responsable de una serie de desapariciones de niños y se mete en tu cerebro como si de un virus se tratase, atrayéndote y convirtiéndote en su servidor.

Todo arranca en 2009 con motivo de una especie de concurso de imágenes retocadas por medio de Photoshop. Entre las obras presentadas figura la de un usuario llamado Victor Knudsen, que había utilizado Victor Surge como nick. Ese es el arranque del primer ser sobrenatural de terror surgido en las redes sociales, Slenderman, también conocido como El Hombre Delgado, es una criatura de entre dos y cuatro metros de altura, vestido de negro, sin rostro, y de cuya espalda parten seis larguísimos tentáculos.

Desde ese momento, la bola se fue agigantando, creándose toda una cosmogonía en torno al personaje. Se fue modelando su personalidad, e incluso una localización para su hábitat. También tiene su propio emblema, el de una equis tachando un círculo. Se supone que las desapariciones de niños en los últimos los se deben exclusivamente a él, lo que le emparenta con el Hombre del Saco. El propio Slenderman escoge a sus víctimas o, en caso de jóvenes de mayor edad, a sus servidores, quienes tienen que llevar a cabo el trabajo sucio. Si te lo encuentras y le miras, está perdido. A veces, cuando alguien no le gusta, pasa de largo, pero esa persona se volverá loca y lo más probable es que acabe suicidándose.

Slenderman consiguió una fama macabra cuando el 31 de mayo de 2004 dos jóvenes de doce años residentes en el estado de Wisconsin se llevan a una compañera a la zona más profunda del bosque para asesinarla y rendirle tributo. Tras convertirse en un referente de los creepypasta, semejantes a las leyendas urbanas, con relatos que hablan de personas hipnotizadas o atemorizadas por tan curioso ser, llega a la pantalla grande bajo la tutela de Sylvain White, quien ya había hecho sus pinitos en el cine de terror en 2006 gracias a la tercera parte de Sé lo que hicisteis el último verano.

Cuatro jóvenes estudiantes reparten su ocio entre sus diversiones conjuntas y sus posibles romances. Esa noche, los chicos se reúnen por separado y ellas se ven obligadas a hacer lo mismo. Una de ellas sabe lo que están haciendo sus compañeros de instituto, nada menos que hablar de Slenderman, y posiblemente, relacionarse con él. El siguiente paso de las amigas es acceder a la página web donde se puede reproducir el vídeo que lo invoca. Naturalmente, le dan al play.

Una de las creencias más extendidas es que ese personaje se introduce como un virus en tu cabeza, apareciendo desde entonces en los seres humanos unas claras tendencias suicidas si es que previamente no te ha llevado con él. Los resultados de su acción se ponen enseguida de manifiesto con la desaparición de Katte -Annalise Basso-. Decididas a conocer su paradero, las otras tres deciden ponerse en contacto con Slenderman -Javier Botet-. Las consecuencias no pueden ser más perjudiciales. Chloe -Jazz Sinclair- entra en pánico y abre los ojos ante la presencia del invocado. Error fatal. Aunque recluida en su casa, recibirá la visita de la criatura y se volverá loca.

Las dos protagonistas, Wren -Joey King- y Hallie -Julia Goldani Telles-, que sufren serias alucinaciones, intentan llegar al fondo de la cuestión para recuperar a sus amigas, pero se encuentran con que todavía no se conoce al antídoto para Slenderman. No hay un método supuestamente válido, como pudiera ser una bala de plata, una estaca de madera en el corazón o el agua bendita, por ejemplo. La historia se complica cuando Lizzie -Taylor Richardson-, la hermana pequeña de Hallie, cae misteriosamente enferma.

A pesar de la fama de la criatura central de este film, el argumento y la inversión de diez millones de dólares no le hacen justicia. La propuesta es absolutamente peregrina en cuanto a los personajes se refiere. Las personalidades de las cuatro chicas son absolutamente lineales, sin apenas interés. En cuanto a Slederman, parece aglutinar una serie de clichés acuñados anteriormente por el género de terror. Desde el vídeo que da paso a la maldición hasta la propagación de una especie de virus por el cerebro humano. Verle la cara es catastrófico, casi tanto que dormirse con Freddy Krueger acechando.

La acción se desarrolla casi siempre en un escenario nocturno con la intención de que provoque algo más de miedo lo que, en general, es una emoción de la que esta película anda escasa. Apenas un par de secuencias reforzadas con la partitura de Ramin Djawadi y, sobre todo, la buena labor del director de fotografía Luca del Puppo. Aparte de un personaje que ofrece muchas más posibilidades de las mostradas en este film, el conjunto es demasiado convencional.

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