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Infiltrado en el KKKlan (BlacKkKlansman) (***)

31 octubre 2018

Un afroamericano en la boca del lobo

Ron Stallworth se convirtió en el primer afroamericano que formó parte del cuerpo de policía de Colorado Springs. Decidido a llevar a cabo una labor importante para su comunidad, decide infiltrarse en el Ku Klux Klan, aunque por razones obvias tuvo que ser otro compañero quien diera la cara.

Cuando te dicen que un agente de la ley de color se infiltra en el Ku Klux Klan piensa que es una broma, o que la propuesta se basa en una historia alocada que roza el absurdo. Sin embargo, la película está basada en una historia real. Parte de un relato literario escrito por Ron Stallworth, protagonista de los hechos. Quiso formar parte del cuerpo de policía y se presentó en el departamento correspondiente de Colorado Springs demostrando buena educación, formación intelectual y lealtad a su país.

La biografía de este personaje la aprovechó Spike Lee para firmar una comedia dramática que se alzó con el Gran Premio del Jurado en el Festival de Cannes. El cineasta de Georgia, que irrumpió a finales de los ochenta para ir lanzado hacia el firmamento, fue perdiendo fuelle hasta el punto de que destacaba más por su presencia como espectador en los partidos de baloncesto del Madison Square Garden que por sus películas. Por el contrario, gracias a esta producción, vuele por sus fueros. No es su mejor película, pero si que mantiene un pulso fuerte y consigue que el resultado final supere con creces a la media mostrada en las últimas décadas.

Con su pelo afro y su vestimenta típica de comienzos de los setenta, Ron Stallworth -John David Washington- se presenta en la comisaría buscando un puesto de trabajo que finalmente consigue. Se convierte en el primer afroamericano que ingresa en el cuerpo en Colorado Springs. Su cometido inicial fue el archivo, aunque su ilusión era pertenecer al grupo de agentes infiltrados. La oportunidad le llega cuando se acerca a  la ciudad un líder de masas, Stokley Carmichael -Corey Hawkins-, también conocido como Kwame Ture, un político nacido en Trinidad y Tobago.

La misión de Ron era formar parte de la audiencia y, con un micrófono oculto, conseguir que se grabara la intervención del conferenciante. En el acto conoció a Patrice -Laura Harrier-, la presidenta del sindicato de estudiantes que había organizado la convocatoria. Ocultando inicialmente su trabajo, intentaría demostrar después que se podía ser afroamericano y leal a su país al mismo tiempo. Esa situación es uno de los debes del film, ya que favorece el alegato militante al que están proclive su director.

Mucho más cuando emerge el núcleo central del film. Con la pretensión de ser útil a la comunidad, Ron contacta con los miembros del Ku, Klux Klan, que ellos mismos llaman La Organización. Por teléfono se muestra convincente, como un blanco reaccionario contra los negros, los judíos y, en general, contra todo aquello que no se la raza aria. Cuando le invitan para conocerle, está claro que él no puede presentarse, por lo que compromete a un compañero, Flip Zimmerman -Adam Driver-, un policía judío, para que le suplante.

Los extremistas blancos de Colorado Springs van apareciendo. Los hay más radicalizados, como Felix Kendrickson -Jasper Paakkonen- y su esposa -Ashlie Atkinson-, y otros más racionales, representados por Walter Breachway -Ryan Eggold-. Paulatinamente, el protagonista se va ganando la confianza de los miembros de la Organización y su fama llega hasta David Duke -Topher Grace-, un político extremista, con aspiraciones a llegar a la Casa Blanca. Apodado El Gran Mago, es mundialmente conocido por sus declaraciones y libros polémicos en los que defiende la preservación de la raza aria.

El dramatismo y la comicidad se dan la mano. La violencia se percibe más que se aprecia en las imágenes. Spike Lee se luce casi siempre en la dirección, aunque alarga demasiado ciertos planos que a él le resultan muy cercanos pero que al espectador normal quizá le pesen un poco. Nos referimos, por ejemplo, al discurso de Ture o la secuencia del baile en la discoteca. La defensa de su raza y lo mal que se comportan los blancos con los afroamericanos suele ser un denominador común en el cine del director. Un mal endémico en su cinematografía cuando no se centra únicamente en personajes de su raza. También aprovecha de inicio una parrafada radical a cargo del ficticio doctor Kennebrew Beauregard -Alec Baldwin-

Una vez más, utiliza el argumento como caballo de Troya, para adoctrinarnos en favor de sus puntos de vista. El sumun llega en la parta final, con dos codas que sirven para satisfacción del espectador y para reconfortarse a sí mismo. Sobre todo, cuando recurre a imágenes de los disturbios que tuvieron lugar en Charlottesville, Virginia, en 2017. Su historia transcurre cuarenta años antes, y su carácter de comedia dramática poco o nada tiene que ver con lo que se muestra antes de los títulos de crédito.

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