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Mi último trabajo (-)

3 noviembre 2018

El problema de estrenar una película

Julio Medina quiere ser director de cine. Empeña su casa, suma sus ahorros y lo que puede conseguir prestado para filmar su primera película. Nada sucede como él esperaba y las dificultades para estrenarla, que es lo único que puede permitirle salir a flote, son muy superiores a las previstas.

A veces, la realidad y la ficción se dan la mano, como sucede con este film, el segundo y último en la filmografía de Antonio Aguilar Vicente. Rodado en 1990, estaba pensado inicialmente para una mini serie de seis capítulos, pero la idea no prosperó. Dieciocho años después se estrena este largometraje, que apenas consigue tener material para más allá de un corto y que no nos explicamos cómo podría estirarse tanto para llegar a seis entregas para la pequeña pantalla manteniendo el interés.

La propuesta habla de las dificultades que un director primerizo tiene para estrenar su primera película. Lo cuentan ante su tumba dos amigos del animoso emprendedor, José Vicente –Fernando Folgado- y Juan Carlos, encarnado por Juan Carlos Plá-, que se interpreta a sí mismo como músico y que, a su vez, es el responsable de la banda sonora. No sin sorna, recuerdan como se produjo la transformación del protagonista, Julio Medina –Juli Mira-, un proyeccionista de cabina que, tras comprarse un libro de cien páginas en el que se describían las labores de un director de cine, se animó a ponerse tras la cámara.

Una vez concluido el film, hay que escalar otra montaña, la de su exhibición. Las salas convencionales consideran que el proyecto tiene escasa calidad y, al no contar con actores de renombre, no se atreven a estrenarla. El siguiente paso, mientras se solicita una subvención del Ministerio que será finalmente denegada, es recurrir a las distribuidoras. Para ello, Julio se traslada en repetidas ocasiones desde Valencia a la capital de España pero sus desvelos resultan inútiles.

En el hogar, su esposa Lola –Anabel Sol-, le apoya decididamente, aun a pesar de las objeciones y reparos de su madre –Clara Esmeralda-, que no deja de criticar a su yerno en cada una de las visitas a su hija. Finalmente, al protagonista le queda el recurso de las salas de arte y ensayo. Cuando parecía que su animosidad tendría recompensa, aparece un crítico, Lloréns –Aurelio Delgado-, quien avanza un suspenso en caso de que se estrene el film, lo que definitivamente echa para atrás al propietario de la sala.

Lo que podía ser una comedia disparada o un drama con pinceladas de road movie se queda en un producto muy de andar por casa. Los diálogos resultan insustanciales, hay secuencias alargadas de forma innecesaria, y el trabajo de los actores, en general, deja mucho que desear. Están doblados casi todos, y esta técnica se ha llevado a cabo con voces asépticas y una entonación mínima. Si hubiera algún que otro gemido, podríamos decir, sin ver las imágenes, que nos hallamos ante una película porno.

Se pretende efectuar más de una crítica social, aunque a la postre se queda en clichés consabidos. Como el caso del crítico de cine que quiere dirigir sus propios proyectos, o el Ministro de bragueta floja. Todo en esta producción resulta obsoleto, y el paso del tiempo ha menguado incluso sus posibilidades. Sucede lo mismo con la música. Cuando Juan Carlos Plá toca el piano, se eleva, pero hay demasiado teclado electrónico y esa aportación tampoco refuerza las dos canciones indiferentes que interpreta.

La emoción es inexistente, y eso que el drama abierto por las dificultades económicas, y la obsesión por estrenar la película, podría haberle proporcionado un interés mucho mayor. Los diálogos son paupérrimos, como si se produjeran en una charla de bar sin buscar profundidades. Se nota que, en su día, no se dispuso de mucho presupuesto. Ya se explica en su desarrollo que se atraviesa por horas bajas en cuanto a lo que al cine español se refiere. Eso no da derecho a que todo sea muy elemental y cutre.

Los responsables demuestran que tampoco tienen mucha idea de los intríngulis del séptimo arte, especialmente cuando el guion habla de que, para hacer un tráiler, se corten fragmentos de la película y se empalmen para trasladarlos a su lugar antes de la primera proyección oficial. Eso quiere decir que todas tomas se han rodado de tirón y que no tienen otros negativos con pruebas falsas, a excepción de los que componen la película en sí.

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