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El silencio de otros (****)

14 noviembre 2018

No es fácil olvidar

Documental que narra la búsqueda de aquellas personas desaparecidas durante la dictadura de Franco. También extiende su manto sobre los niños robados que, en los últimos tiempos, han salido a la luz. Un trabajo que se extendió a lo largo de cinco años con más de 450 horas de filmación.

Después de la Guerra Civil, muchos españoles fueron asesinados a sangre fría y enterrados en fosas comunes. Sus parientes o descendientes próximos claman por conocer el paradero exacto de sus restos, pero eso sólo ha sido posible en los últimos años, cuando se ha generado una corriente política que lo ha permitido. Durante la Transición se llegó a un pacto político, el Pacto del Olvido, un acuerdo por convenio entre élites políticas legalizado por la Ley de Amnistía de 1977.

Algunos animosos, cada vez mayores en número, interesados en conocer el paradero de los resto de sus familiares y que se castigase a los culpables no cesaron en su empeño. Ante la imposibilidad de perseguir en España el caso de los desaparecidos, el juez Baltasar Garzón llevó la iniciativa a Sudamérica. En la Argentina, recurriendo a la Justicia Universal, la jueza María Servini se hizo cargo del caso. Consideró las desapariciones como crímenes de genocidio y de lesa humanidad. En Madrid se arguyó que los crímenes habrían prescrito, aparte de escudarse en la Ley de Amnistía.

Ascensión Mendieta alcanzó su mayor anhelo antes de morir. En 2017 recuperó los restos de su padre, Timoteo, un sindicalista de la UGT que fue fusilado pocos después de la conclusión de la contienda y al que se enterró en una fosa común en el cementerio de Guadalajara. Fue la única de las cuatro solicitadas por Servini a la que dio permiso el Gobierno español para ser exhumada. Otras personas no tuvieron tanta suerte, como el caso de María Martín, que falleció antes de recuperar los restos de su madre.

Vaya por delante que el documental, firmado por Almudena Carracedo y Robert Bahar, con el respaldo, entre otros, de Pedro Almodóvar, es magnífico. Después de cinco años de rodaje y más de 450 de metraje, la labor de montaje es más que destacable, convirtiendo esta producción en una especie de thriller que remite a obras más comprometidas de Costa Gavras. No es fácil olvidar, se afirma en una propuesta estremecedora, que te remueve las tripas y que está calculada al milímetro.

Muestra imágenes que se clavan en nuestra retina y llegan al cerebro, como el Mirador de la Memoria en el Torno, Valle del Jerte. Cuatro figuras, las de un anciano, una mujer y dos jóvenes, representan a los olvidados en la Guerra Civil. Inaugurada en 2009, un desalmado disparó contra ellas pocos días después de la inauguración. El escultor Francisco Cedenilla no quiso repararlas al considerar que proporcionaban más autenticidad a su trabajo. También nos queda el rostro de una anciana de Buenaventura, en Toledo, entre otros episodios.

El documental te obliga a clavarte en la butaca, aun a pesar de claros sesgos en su propuesta. Por ejemplo, el hecho de señalar a ministros de Franco que, posteriormente, formaron  parte de los Gabinetes durante la democracia, en especial Rodolfo Martín Villa. Se obvia, por ejemplo, que aparece Marcelino Camacho, fundador y primer Secretario General de Comisiones Obreras, en pie y ovacionando la proclamación de la Ley de Amnistía. Esta inclinación de la balanza puede permitir que en otras latitudes se puedan tener dudas de la calidad y consolidación de la democracia española.

Hay otro aspecto en este largometraje que no podemos pasar por alto, el de los niños robados. De máxima actualidad al haberse producido hace pocas fechas la primera sentencia condenatoria en España. Tiene tal interés que, muy posiblemente, hubiese merecido un trabajo aparte. La labor documental, como en el resto del trabajo, es impecable. Nos remite a los tiempos del doctor Antonio Vallejo-Nájera, el psiquiatra que después de incrementar sus estudios en la Alemania nazi llegó a la conclusión de que la degeneración de la raza española tiene sus males en la República, y principalmente en el marxismo.

En todo caso, El silencio de los otros es una película necesaria, de obligada visión. El drama humano está por encima de la política y todos tenemos derechos a un último adiós digno, algo que sin duda no tuvo lugar en un período de tiempo bastante significativo del siglo pasado. El documental no se retrotrae a la República ni a la Guerra Civil. Solamente, a los crímenes cometidos durante la dictadura franquista, desde El Valle de los Caídos a las cunetas o los propios cementerios. Un obra sobresaliente en lo referente al trabajo fílmico y de documentación, que debiera servir de ejemplo para muchos.

From → Cine

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