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El hombre que inventó la Navidad -(The Man Who Invented Christmas) (**)

27 noviembre 2018

Sangre de hierro, corazón de hielo

En 1843, después de tres fracasos de ventas, los editores no se arriesgaban a publicar una nueva novela de Charles Dickens, por lo que el propio autor tuvo que sufragar la edición. Esta es la historia de un relato corto que figura entre los libros más vendidos de la historia y que da sentido a la época del año en que se desarrolla.

Insistir en la gran pantalla sobre una historia basada en Cuento de Navidad era volver a repicar sobre una misma idea. Sin embargo, vemos que siempre hay resquicios para que una gran obra literaria vuelva a sorprendernos. Claro que, en este caso, se trata de una novela sobre otra novela que el séptimo arte se ha encargado de convertir en mayoritaria. La fuente es el texto de Charles Dickens, al que Lis Standiford dio la vuelta como si se tratara de un calcetín.

Susan Coyne lo adaptó para el celuloide y Bharat Nalluri, que nos ha dejado mejores incursiones en la televisión que en el cine, lo ha dirigido con esa habitual factura de las recreaciones decimonónicas británicos. Cuidada tanto en el vestuario como en la forma, aunque con tendencia a una puesta en escena que no rehúye las modernidades, en especial cuando se trataba de aunar dos escenarios distintos aparentemente pero complementarios. Se apoya en un reparto llamativo, conformado por un elenco sólido tanto en lo individual como en lo colectivo.

Tres años después de su gran éxito con Oliver Twist, el afamado escritor Charles Dickens –Dan Stevens- pasa por dificultades económicas. De ahí que se proponga escribir un nuevo volumen que reflote su situación. Tiene solamente seis semanas por delante hasta la llegada de la Navidad y la negativa de los editores a publicarla después de tres fracasos consecutivos. Decide ser él mismo quien la financie, acudiendo al ilustrador John Leech –Simon Callow- para que se encargue de los grabados.

La acción se desarrolla en varios frentes. Por una parte, ante la atenta mirada de Kate –Morfydd Clark- la esposa del protagonista, vienen del campo su padre, John Dickens –Jonathan Price- y su madre. Aquel es un vividor, que terminó en la cárcel debido a sus deudas, lo que impactó decisivamente en el pequeño Charles, quien le visitaba los domingos en la prisión. Aunque el escritor le regaló una casa y le asignó un subsidio, sus ínfulas de grandeza le llevaron a revender manuscritos despreciados por su hijo. Sí le dejó una sentencia para el recuerdo: Sangre de hierro, corazón de fuego.

Acuciado por escribir el nuevo relato, los personajes interactúan con Charles conforme avanza en el texto. Especialmente Ebenezer Scrooge –Christopher Plummer-, adquiriendo protagonismo la figura del pequeño Tiny Tim, el niño que usa muletas y cuyos padres le verán morir irremediablemente salvo que alguien satisfaga los honorarios médicos. Probablemente, este personaje se inspire en su propio sobrino, al que ve de nuevo cuando su hermana y su cuñado les visitan en la capital.

Una tercera vía está representada por personajes cercanos que, de alguna forma, ocupan su lugar en la novela. El más significativo es su amigo John Forsters –Justin Edwards-, de quien obtendrá la imagen del segundo Fantasma de la Navidad, mientras que el anterior, correspondiente al pasado año es el de Tara –Anna Murphy-, una huérfana irlandesa que entró a servir en su domicilio y que le transmitió algunas ideas que luego pasaron al texto literario. Tanto ella, como Mrs. Fisk –Miriam Margolyes-, su ama de llaves, y los demás inquilinos, incluido su esposa e hijos, sufrieron la ira del autor obsesionado con su trabajo.

De esta forma fue tomando cuerpo el libro que instauró el espíritu navideño. Según la narración de Lis Standiford  fue acompañado de una absoluta catarsis. De alguna forma, Charles Dickens se enfrentó a sus demonios personales al igual que Mr Scrooge. Se le presenta igualmente como una persona tacaña, aunque fuera capaz de mirar para otro lado cuando se tratase de ostentación. De todas formas, hay que estar familiarizado con la biografía del responsable de Cuento de Navidad para entender algunos detalles de la puesta en escena. Aun así, se ofrecen detalles poco conocidos.

El cementerio, el hogar de Tiny Tim, el avaro personaje protagonista del relato inmortal y la Warren’s Boot Blacking son recurrentes. Aunque ofrece la impresión de un hospicio, la empresa que fabricaba betún y en la que Charles Dickens tuvo su primer empleo durante diez horas diarias, se menciona en el film como la factoría.  Esta especie de descenso a los infiernos discurre como una terapia temporal a lo largo de un biopic de buenas intenciones, irregular en su planteamiento y que se asemeja más a un espectáculo televisivo de los que Bharat Nalluri es un auténtico experto. Christopher Plummer se eleva, una vez más por encima de sus compañeros de reparto en una puesta en escena que cumple su compromiso con la Navidad y va más allá, aunque con algunos momentos tediosos, de la convencional historia con el clásico milagro final, que es tan apreciada en estas fechas.

From → Cine

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