Saltar al contenido

El amor menos pensado (**1/2)

1 diciembre 2018

La crisis matrimonial de los cincuenta

Marcos y Ana llevan un cuarto de siglo felizmente casados, pero cuando su único hijo se va a estudiar fuera de su país se encontrarán con el síndrome del nido vacío. Poco tiempo después deciden divorciarse, lo que con anterioridad habían hecho sus mejores amigos por diferentes razones.

Nos encontramos con una comedia romántica que nos trae un debutante, Juan Vera, quien después de fabricar guiones como Dos más dos, o producir títulos como Me casé con un boludo, arranca en el campo de la dirección con una comedia romántica que reúne a una pareja de actores de altos vuelos, Roberto Darín y Mercedes Morán. Dan vida a la pareja protagonista, Marcos y Ana.

Viven en Buenos Aires y llevan casados un cuarto de siglo cuando asisten con la inquietud lógica de quienes solo han tenido un hijo a la marcha de Luciano, su vástago, a estudiar a Madrid. La primera noche es la de unos enamorados, aunque rápidamente regresan a sus quehaceres, él como profesor de humanidades y ella en la rama empresarial. Paulatinamente, tienen la sensación del síndrome del nido vacío y a pesar de que su relación es buena se nota cierta dejadez en sus decisiones en común.

Sus mejores amigos componen una pareja a la que cada cual confía sus interioridades. También acaban de celebrar sus Bodas de Plata y el confidente de Marcos -Luis Rubio- tiene una amante desde hace casi nueve años. Puro sexo, dice, y se proclama fervientemente enamorado de su esposa, quien a su vez comparte ratos de asueto con Ana. Un tercer amigo desde hace mucho tiempo ha vuelto a casarse con una mujer mucho más joven y es padre de un bebé. Y eso que deseaba viajar y conocer mundo. La vida te marca con sus circunstancias. El autor maneja de esta forma distintas posibilidad de la ruptura de una existencia en común.

Llega un momento en el que la pareja protagonista se plantea su situación como tal. Es el propio Marcos quien lo saca a colación cuando le pregunta a su esposa ¿qué soy para ti? Tras una conversación sensata, sin aspavientos, llegan a la conclusión de que ninguno está enamorado del otro. Por eso deciden divorciarse toda vez que su hijo, quien compartía piso en la capital de España con una vietnamita ha decidido irse de mochilero por Asia.

Marcos y Ana intentan restañar heridas y acomodar su vida por separado. Ella parece soltarse primero, ya sea con amigos de antaño o con nuevas amistades. Se topa casi siempre con intelectuales o artistas. Su exmarido, un tipo bastante ordenado recurre primero a una web de citas para encontrarse con una ortodontista ninfómana y dominadora -Andrea Politti-, que arranca las carcajadas del público. Le siguen otras mujeres, desde cantantes a compañeras de claustro. Cada uno por separado consigue rellenar una buena parte de su vida, pero tienen la suficiente experiencia y son tan maduros para discernir lo que les satisface y lo que les resulta insuficiente.

Juan Vera ha escrito un guion positivo y se muestra suelto detrás de la cámara. Una comedia dramática dirigida, preferentemente, a quienes han llegado al medio siglo de vida. Ellos mejor que nadie saben de lo que se habla. Asentirán cuando oigan a los dos protagonistas hablar sobre la educación de su hijo. Han estado siempre a su lado y cubriendo sus necesidades. En este momento no pueden hacer otra cosa que acatar su decisión. Lo mismo sucede con su vida en pareja. El amor, después de dos décadas y media no es el mismo que cuando se comienza una relación. Hay menos fuego, todo resulta sosegado y parece que se saborean mucho mejor los placeres de la vida.

Es posible que entre Marcos y Ana no haya amor, pero sí que como pareja no pueden reprocharse nada. Luciano le llega a preguntar a su padre por qué se ha divorciado y éste no acierta a ofrecerle una respuesta concreta. En esa relación no hubo terceras personas, ni falta de respeto, ni vejaciones. Únicamente, la soledad de una casa que, como acierta a explicar ella, hay que ver lo que se nota el silencio cuando alguien se ha marchado. El cariño se mantiene, aunque transformado.

Los dos protagonistas están rodeados de unos secundarios que cumplen con creces. Incluso, la madre de Ana y el padre de Marcos juegan un papel importante. Ella, propietaria de una floristería y ya octogenaria. Que pensaba en que su vida sería mustia tras quedar viuda, ha encontrado en un hombre de su edad el compañero perfecto con quien superar los últimos años. Norman Briski encarna al padre de Marcos. Vive solo y su movilidad es reducida. Parecen un fiel reflejo de los años venideros para los personajes centrales

From → General

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: