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La decisión (The Joruney – Al rahal) (***)

28 diciembre 2018

Por mi madre, lo que sea

Una mujer llega a la estación de Bagdad con la intención de perpetrar un atentado suicida. Coincide con el primer día de una de las festividades más sagradas del Islam. En los andenes se encuentra con un hombre locuaz que trata de seducirla. Al darse cuenta de su misión intenta convencerla de que desista.

Irak, la guerra y las consecuencias de la misma representan el núcleo central de esta propuesta de Mohamed Al Darafji, uno de los cineastas más interesantes del país, responsable en 2009 de Son of Babylon. Para ello se centra en una mujer bomba que llega a Bagdad en la fecha de reapertura de su estación de ferrocarril coincidiendo con el 30 de diciembre, primer día del Eid Al-Adha, o Celebración del Sacrificio, una de las fechas más sagradas del calendario musulmán.

Las medidas de seguridad son extremas, tanto por parte de las fuerzas locales como por los militares estadounidenses. En el andén principal, Sara –Zahraa Ghandour- lleva la cabeza descubierta y una gabardina que oculta los explosivos adheridos a su cuerpo, ofreciendo una imagen similar a la de un a embarazada. Una orquestina toca música popular mientras una mujer la observa. Es la esposa del principal ejecutante, que lleva más de veinte años esperándole. Una joven vestida de novia hace oídos sordos a su madre. No quiere asistir a sus esponsales y se ha desprendido de los zapatos.

También hay un hombre mayor, sentado en un banco. La tristeza se refleja en su rostro. Probablemente, sabe que va a perder a su hijo. Junto a ellos, un tipo locuaz, que dice representar artículos de ortopedia, habla por teléfono con su madre. Se llama Salam –Ameer Jabarah-, es hijo único y afirma que por ella haría cualquier cosa, incluso, integrarse en Al Qaeda. Posteriormente, intenta seducir a Sara que, en un determinado momento, está a punto de apretar el detonador.

Al conocer las intenciones de la mujer, intenta disuadirla. El momento culminante, cuando le hará reconsiderar nuevamente una acción de la que no se siente muy segura, es cuando Salam le pregunta que si haría estallar los explosivos si su madre estuviera en la estación. Sara hablará con ella por teléfono después de haberle asegurado que no ría a cenar esa noche. Entre las idas y venidas por la estación, una mujer les deja una bolsa. En su interior hay un bebé. Ser madre soltera en Iraq se paga muy caro y quiere huir del país.

La figura materna está presente en toda la película. Aparecerán chiquillos que intentan subsistir como pueden. Un limpiabotas ligeramente tartamudo y su hermana pequeña, vendedora de flores. Al cruzarse con los soldados les pide que cambien sus armas por flores. Quiere recibir dinero para comprar chocolate y poder disponer de una casa para sus padres, pero la guerra los ha convertido en huérfanos. Se agigantan las figuras de los dos protagonistas. El semblante adusto de ella, siempre indecisa, y la vivacidad de un charlatán que, son obstante, parece de ideas más fijas y razonamientos lógicos.

Mohamed Al Darafji toca muchos palos y ofrece diferentes retazos del Iraq lastimosamente golpeado por la guerra. Muestra la estación, donde tendrá lugar la ceremonia de su reapertura, así como sus aledaños, aunque probablemente su propuesta sea más esquemática de lo deseado. La radiografía del país desde el punto de vista social es interesante y, sin embargo, parece que el desarrollo se efectúa a impulsos. Juega con los personajes, que van y vienen sin que parezca que los más importantes tengan un destino fijo. Los andenes tanto aparecen llenos de gente como solitarias se muestran las vías en sus proximidades. Incluso, la niña de las flores llega a decir que no hay gente porque se trata de un de un día festivo.

Su responsable se muestra sólido a la hora de mostrarnos todos los aspectos integrados en su guion, que a pesar de ello muestra cierta endeblez derivada de su minimalismo. La línea principal, la que afecta sobre todo a Sara y Salam es la que sale más fortalecida y la intriga que mantiene resulta hábil. Muchos de los males de este largometraje se diluyen gracias al rostro de su protagonista. Esa persona que no ríe, como sostiene la pequeña mientras señala sus ramos. En su cara muestra las dudas y también sus resoluciones. Es la antítesis de Salam, un tipo dado a la chalanería que termina confesando que engaña a sus clientes con productos defectuosos. De ahí a matar a frente media un abismo, supone.

From → Cine

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