Saltar al contenido

Como la vida misma (Life Itself) (*1/2)

6 enero 2019

La tragedia se sube a la noria

El amor nace, se desarrolla y concluye entre los rascacielos de Nueva York y también en una finca andaluza. Historias cruzadas a lo largo de tres generaciones marcadas casi siempre por la tragedia. La narración de unos hechos y el atropello de una mujer por un autobús son los nexos de unión.

Este es un filme que se podría haber divido en capítulos y ofrecerlos en una serie televisiva; sin embargo, consta de cinco partes que guardan entre ellas una relación. Se desarrolla a través de tres generaciones en escenarios que competen a Nueva York y Andalucía, con mayor o menor acierto y con el denominador común de circunstancias dramáticas de primer grado, de amores incondicionales que se rompen por reveses significativos.

Don Fogelman, creador de una serie televisiva sobre personajes nacidos el mismo día, vuelve a unir a sus caracteres principales por muy variados y variopintos que sean. Incluso el cartel anunciador de la película y el de las entregas televisivas muestran demasiados puntos en común. En el caso del largometraje busca la lágrima fácil, no le importa hacerse trampas a sí mismo, y por ende al espectador, para alcanzar la meta propuesta. Se desarrolla a base de latigazos salvajes que te azotan cuando crees que has encontrado una cierta estabilidad en la historia.

Carga contra los narradores, pero se abraza a ellos. El primero en Samuel L. Jackson. Busca en héroe y parece encontrarlo en Will Dempsey –Oscar Isaac-, aunque no parece lo bastante seguro por lo que enfoca hacia su terapeuta –Annette Bening-. El hombre acude a la consulta de forma obligada tras perder a su esposa Abby –Olivia Dempsey-, quien había preparado su tesis sobre el narrador, despreciando los que emergen en la literatura y el cine para llegar a la conclusión de que únicamente el de la vida resulta eficiente.

La pareja se deja llevar por la música de Bob Dylan, especialmente su álbum The Times They Are-a-Changin’-. Tanto es así que su hija, fruto de la tragedia y criada por su abuelo –Mandy Patinkin-, lleva el apellido artístico del premio Nobel. De mayor –Olivia Cooke- liderará una banda punk en uno de los guiños más desafortunados del guion. En las calles neoyorquinas, un niño es testigo de un accidente que marcará su vida. Se trata de Rodrigo González, interpretado por Alex Monner cuando es adulto, quien ha viajado a la Gran Manzana junto a sus padres, Isabel –Laia Costa- y Javier –Sergio Peris-Mencheta-.

Disfrutaban de unas vacaciones después de que el terrateniente de turno, Vincet Saccione –Antonio Banderas-, hubiera ascendido a Joaquín, lo que habría permitido a la pareja casarse, disponer de un hogar entrañable y darle ese capricho a su primogénito. El chaval regresa traumatizado, y el propietario de la finca, en la que destaca un inmenso olivar, costea los gastos terapéuticos acercándose cada vez más a Isabel y portándose con Rodrigo como si de un segundo padre se tratase.

Buena parte del interés de la película reside en las actuaciones. Todas ellas son perfectamente creíbles, especialmente por lo que se refiere a Oscar Isaac y Laia Costa, quien tiene la participación más sobresaliente en cuanto a su personaje se refiere. Les secunda un buen Antonio Banderas, que mantiene la intriga de un tipo que no necesitaba ser italiano, pero que pretende huir del recuerdo que posee de un padre al que él llego a considerar en las antípodas de lo que es una buena persona.

La historia juega demasiado con el espectador y llega a resultar molesta por distintas circunstancias. Cuando parece que se ha encontrado cierta estabilidad, un nuevo golpe se enseñorea del celuloide. Tienes que buscar un nuevo héroe, aunque nunca lo decides tú y sí el autor por mucho que te guste más o menos. Es como si la tragedia se instalara en una noria empeñada siempre en mostrarnos la cara más desventurada. A cualquier instante de relax le sigue una nueva desdicha. Tanto es así, que terminamos vacunados.

El autor pretende exhibirse en algunos flashbacks sobre los narradores casi interfieren en la acción. Desarrolla toda una tesis sobre la voz en off en el cine, la literatura y la vida, al estilo de lo propuesto por uno de sus personajes. En la ficción no fue respaldado por el éxito; en la propuesta fílmica corre el mismo camino. La película es tan autocomplaciente como artificiosa. Una telenovela condensada que nos azota y considera que al espectador hay que darle todo mascado, negando su inteligencia, e incluso repitiendo ideas con la intención de que cale mejor un mensaje poco disimulado que busca la lágrima fácil más que una opinión convincente.

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: