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Astérix: El secreto de la poción mágica (Astérix: Le secret de la potion magique) (**1/2)

14 enero 2019

La tradición debe continuar

El druida Panoramix se cae de un árbol y se tuerce un tobillo. Mal presagio, porque se anuncia el final para los de su clase cuando tiene lugar un percance de esas características. Ese es el motivo por el que pretende encontrar cuanto antes un sucesor al que pasarle el secreto de la poción mágica.

Ya van catorce títulos cinematográficos, entre producciones de animación y de personajes, las producciones cinematográficas basadas en las populares historietas creadas por René Goscinny y Albert Uderzo. En esta oportunidad, el guion es absolutamente original, aunque pueda encontrarse algún punto común en la sinopsis Astérix y los galos. El equipo creativo es el mismo que llevó a cabo la anterior aventura animada, Astérix: La residencia de los dioses, dirigida también por Alexandre Astier y Louis Clichy.

Con una entrada inicial, similar a un corto, vemos a Panoramix caer de un árbol. Una circunstancia de mal agüero para un druida, ya que significa que sus últimos días se acercan. Ese es el motivo por el que pretende encontrar un sucesor, un druida joven que reciba, según manda la tradición, a través de la transmisión oral, el secreto de la poción mágica. Para ello, partirá por toda la Galia en busca de la persona adecuada, acompañado por Astérix, Obélix y la joven y animosa Pectina.

Panoramix convoca al consejo de druidas, que se reúne en el Bosque de los Carnutos, y su propuesta hace que se desvelen algunas transgresiones de los sacerdotes galos y que aparezca en escena Malefix, un antiguo rival de Panoramix cuando eran aprendices y que más tarde se aproximó a la magia negra. Ahora quiere hacerse con la poción mágica para entregarle la receta a Julio César a cambio de las correspondientes prebendas. Para ello, no duda en utilizar malas artes y trucos que le pueden resultar eficientes.

Al ver que no puede conseguirla de forma directa, atrae a uno de los aspirantes que será examinado por los viajeros de la aldea irreductible para que se convierta en el discípulo buscado y tenga acceso a la fórmula. Se trata de Téléférix, un druida zurdo y de gran talento, pero rebelde y de escaso respeto a las tradiciones para contrariedad de su maestro. Por sus méritos, no obstante, parece el más adecuado para el puesto después de se hubieran descartado a oros congéneres y a algún que otro impostor.

Mientras tanto, y para mantener la esencia de los cómics, una legión romana sitia la aldea de los autóctonos bigotudos a la espera de que se les agote sus reservas de la poción mágica, toda vez que los tres protagonistas se encuentran lejos del lugar. A los invasores no les importa llevarse una buena ración de mamporros a sabiendas de que, en algún momento, los galos agotarán sus reservas del brebaje fortalecedor. Es cuestión de tiempo que caiga el último bastión para mayor gloria del emperador.

La animación está conseguida, aunque por momentos se nota la influencia de Pixar, empresa en la que trabajó uno de los responsables del filme, Louis Clichy. El juego con las luces y las sombras da buena muestra de ello. Los fondos están bien tratados y los personajes recuerdan en todo momento a los literarios. Realmente, las producciones animadas de Astérix y sus compañeros son muy superiores a las de personajes reales y, aunque se quede por debajo de la mayoría de las anteriores, especialmente de Astérix y las doce pruebas, termina rozando el notable.

Flojea en su desenlace, cuando todo se entremezcla. Surge el barullo y escasea la originalidad y la lucidez que se aprecia al inicio. El humor funciona y la propuesta en sí resulta atractiva. La ironía juega sus bazas con acierto y la cinta se convierte prácticamente en una propuesta coral. La aparición de Maléfix, y sus jueguecitos a imagen y semejanza del Dr. Strange, comienzan a debilitarla. Aun así, se trata de un producto coherente y válido para disfrute de los pequeños sin olvidar las añoranzas que puede causar entre los mayores. Astérix y los irreductibles galos gozan de buena salud cinematográfica. Al menos, en lo que respecta al cine de animación.

From → Cine

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