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El blues de Beale Street (If Beale Street Could Speak) (***1/2)

24 enero 2019

El amor separado por un cristal

Una joven de diecinueve años está embarazada de su novio, que se encuentra en espera de juicio por una violación que no cometió. Se repasa la historia de ambos, desde que eran unos niños hasta que encontraron como adultos. Un amor incuestionable que se ha visto interrumpido de forma abrupta.

Espero que nadie haya tenido que mirar a una persona que ame a través de un cristal. Esta es una de las frases más sugestivas de la novela escrita en 1974 por James Baldwin, un autor afroamericano que centró principalmente en el racismo y la sexualidad.Se refiere a la separación entre un reo y quien le visita en el penal. El cineasta Barry Jenkins, triunfador en 1986 con Moonlight, recupera el texto literario para obsequiarnos con una puesta en escena abrumadora, hipnótica, llena de sentimiento y milimétricamente calculada.

La historia de amor de Trish Rivers, encarnada por la debutante Kiki Layne, y Alonzo Fonny Hunt -Stephan James- conforma un relato introvertido y minucioso, resaltado por la excelente partitura de Nicholas Britell, que se haciendo más imprescindible a medida que avanza el relato. Otra cosa distinta es la historia, por la que ha pasado el tiempo, aunque se resalta el hecho de que un hombre negro pueda ser acusado sin motivo por un blanco y que aquel sea condenado por el simple hecho de pertenecer a una determinada raza.

Aprovecha Jenkins para insistir en que las cosas apenas han cambiado. Casi parece acercarse a la idea de un holocausto negrero apenas sangriento. Las injusticias, quizás mejor llamarlas tropelías, cometidas sobre los afroamericanos en Estados Unidos han sido motivo suficiente para que todo el país se avergüence, pero parece ser que no ha llegado el momento. El cine también ha recurrido a ellas de forma generosa, remitiéndonos a casos tan sangrantes como el del boxeador Rubin Hurricane Carter, quien se pasó casi dos décadas entre rejas acusado por un asesinato que no cometió.

Por eso hay que distinguir entre la trama y la calidad visual que muestra un talentoso cineasta, que además sabe extraer un buen partido a sus actores. En este sentido, es magnífica la aportación de Regina King, que interpreta a Sharon, la madre de Trish. También se luce Jenkins en un guion que resalta las virtudes de la novela. Mantiene la voz en off del texto y consigue dos momentos álgidos. El primero es la reunión que mantienen los padres de los protagonistas para advertirles de que la muchacha va a tener un hijo de Fonny. Su padre, Joseph Rivers  -Colman Domino- y Frank Hunt -Michael Beach- se lo toman de la mejor manera posible, aunque la reacción de las mujeres es totalmente distinta.

Sharon expresa con tan solo una frase el amor y el conocimiento, respaldada por su hija mayor, Ernestine -Teyonah Parris- frente a la intransigencia retrógrada de Mrs. Hunt -Aunjanue Ellis- y de sus dos chicas, Adrienne -Ebony Obsidian- y Sheila -Dominique Thorne-. Otro de los grandes momentos tiene lugar cuando Sharon Rivers viaja a Puerto Rico en busca de Victoria Rogers -Emily Rios-, la mujer que comprometió al padre de su nieto. Se prepara en la habitación del hotel eligiendo vestido y peluca antes de encontrarse con Pietro Alvarez -Pedro Pascal-, el hombre que conoce el paradero de la acusadora.

Al inicio del film, que ofrece saltos constantes en el tiempo, y tal como se cita en la novela, se advierte que Beale Street es una calle efervescente de Nueva Orleáns. El jazz, Louis Armstrong y cualquier americano que se precie, ha nacido o afirma haber venido al mundo en esa travesía. Cada espectador debe buscar el ritmo de los tambores en las imágenes. Una metáfora, puesto que la percusión es inexistente, lo que no excluye que cada cual se sumerja en busca de su propio son.

La película se entrega masticada. Probablemente, en el único aspecto que pasa de puntillas es en el personaje de Pedrocito -Diego Luna-, propietario de un restaurante de comida mexicana y amigo de Fonny.  También choca un poco la aportación de Dave Franco. Se aprecian también algunas irregularidades poco explicitas en el texto pese a que el conjunto es parsimonioso y detallista. Construido a base de fragmentos catalizados por el amor de la pareja protagonista. Juntos, consiguen secuencias para el recuerdo en una historia triste, como un blues. Aunque en algunos pasajes haya licencias para la distensión, siempre flota en el ambiente la aflicción, el trance amargo que nos recuerda el lamento de un estilo musical que nada tiene que ver con la algarabía y el estruendo de Beale Street.

From → Cine

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