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Verano del 84 (Summer of 84) (*)

31 enero 2019

Pandilla de investigación

A sus quince años, y en la década de los ochenta, Davey quiere experimentar. Cuando sospecha que uno de sus vecinos, un policía popular en el pueblo, puede ser un asesino en serie compromete a sus mejores amigos para cubrir la investigación. Los chavales quieren acumular evidencias para inculparle.

La década de los ochenta es recurrente. Fueron unos años efervescentes en los que se impuso la libertad en una serie de aspectos hasta esa época bastante reprimidos. Los jóvenes hablaban abiertamente de sexo, una amalgama de estilos musicales apoyaba las distintas inquietudes y únicamente la aparición del sida, de la que no se tenían demasiadas nociones, representaba una preocupación importante-

En una pequeña localidad de New Jersey viven los Armstrong cuyo cabeza de familia es Randall -Jason Gray-Stanord-, un periodista. De tal palo, tal astilla, porque su hijo de quince años Davey -Graham Verchere- es el protagonista de una historia en la que ejercerá de investigador particular en su intento de descubrir un asesino en serie. Un criminal que, desde la década anterior, ha cometido distintos asesinatos, principalmente de chicos jóvenes, en los alrededores de la localidad costera de Cape May.

Tanto Davey como sus mejores amigos y compañeros de clase, Tommy Eats Eaton -Judah Lewis-, Dale Woody Woodworth -Caleb Emery- y Curtis Faraday -Cory Gruter-Andrew-, disfrutan del verano y también, posiblemente, de sus últimos días en una casa del árbol que Randall Armstrong pretende derribar. Su amor platónico es Nikki Kaszuba – Tiera Skovbye-, una muchacha atractiva que trabaja en una bolera próxima y pretende iniciar estudios universitarios. Es vecina del personaje central de la historia, quien la espía a través de la ventana de su habitación con los mismos prismáticos que usa para vigilar a su sospechoso.

En los ochenta también era normal la preocupación de los jóvenes por la ufología y las noticias extravagantes. El protagonista tiene prácticamente empapelado su cuarto con recortes de periódico referidos a extraños sucesos, preferentemente acerca de un asesino en serie que merodea por la zona. Piensa que puede apuntarse un gran tanto si descubre al autor de los diversos asesinatos y ya tiene un sospechoso. Se trata de Wayne Mackey -Rich Sommer-, un reputado policía local, amigo desde hace tiempo de su familia y muy popular en el vecindario.

Los indicios permiten que los tres amigos del protagonista le apoyen en sus averiguaciones. Van acumulando datos y observando las rutinas del agente. Por ejemplo, comprueban que compra tierra de forma indiscriminada, que tiene un automóvil del que nadie sabe de su existencia y que guarda en un garaje apartado de su vivienda unifamiliar, así como otros actos de dudoso carácter. Los chavales llevan a cabo una minuciosa investigación y cada vez están más concienciados de que sus recelos tienen una base sólida.

Aunque no figura en los títulos de crédito, existe un cierto paralelismo inicial con Stand by me, la novela escrita por Stephen King y llevada al cine en 1986 por Rob Reiner –Cuenta conmigo-, con un reparto en el que figuraban River Phoenix, Will Wheaton, Kiefer Sutherland y Corey Feldman. Cuatro colegas se lanzan a la aventura de buscar a un muchacho desaparecido en Oregón. En este caso, la producción es canadiense y de ella se han responsabilizado tres directores: Anouk Whissell, François Simard y Yoann-Karl Whisell, responsables conjuntamente de Turbo Kid -2015- y de media docena de cortometraje.

Lejos de la magia del filme referido, este relato de la adolescencia terminal es demasiado monocorde hasta que llega a su desenlace, cuando se desata la acción y la aventura alcanza su máximo. Precisamente, en el momento que decididamente coquetea con el terror, aunque la nota predominante en el thriller. Hasta entonces se contabilizan un par de sustos forzados en momentos que cualquier espectador puede esperar. En este sentido, la puesta en escena no hace olvidar la fragilidad de un texto que se queda a media asta.

La interpretación también es mucho más plana que la cinta de Reiner y el conjunto cuesta digerirlo porque, realmente, pasan menos cosas de las que debiera hasta que todo se desata en la parte final. Como aventura adolescente, pierde siempre con las referencias que han quedado en nuestro recuerdo. No hay mapas del tesoro, como sucedía en Los Goonies -1985-, y la propuesta de dejar atrás la adolescencia se refleja más en las referencias sexuales de los diálogos que en un guion bastante romo.

From → Cine

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