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Jefa por accidente (Second Act) (**)

6 febrero 2019

El que vale, vale

Una mujer con gran sentido comercial ve como su interés por promocionar en su empresa se ve limitada debido a su falta de estudios universitarios. Su sobrino le falsea el currículo y es contratada como asesora de una importante firma de cosmética en la que tendrá que encontrar un nuevo y rentable producto.

Nueva York, desde Queens a la zona financiera, pasando por Central Park, es el entorno donde se desarrolla esta comedia protagonizada por una mujer decidida que no encuentra posibilidades de ascender más en su empresa debido a su falta de estudios universitarios. Un diploma de Harvard o Duke abre muchas más puertas que su valía profesional, acreditada después de una docena de años en la misma sucursal de una cadena de supermercados. Ha conseguido incrementar exponencialmente las ventas gracias a su sabiduría de la vida, pero no le ha servido cuando aspiraba a responsabilizarse de la sucursal.

Peter Segal, un cineasta especializado en el género, aunque sus películas no son muy destacables, se ha responsabilizado de poner en marcha un guion que permite el lucimiento total de su estrella, Jennifer López, quien además es la productora. Ella se hace llamar Maya Vargas para ocultar su ascendencia vive en Queens y disfruta de la compañía frecuente de tres compañeras de trabajo. La principal es Joan, interpretada por Leah Remini, quien también es su mejor amiga en la vida real. Trey -Milo Ventimiglia-, un entrenador deportivo, ejerce de novio, aunque las relaciones entre ambos se tensan porque ella es reacia a tener familia.

Maya, recién cumplidos los cuarenta años, no quiere ser como esas mujeres que ponen a sus hijos nombres de frutas y ascienden el Kilimanjaro. Lo que no esperaba es que su ahijado falsease su currículo, incluyendo un título universitario, el dominio de varios idiomas, una foto con los Obama en su cuenta de Instagram y, por supuesto, el ascenso a la mayor cumbre de África, amén de otras cualidades. Por eso recibe una llamada de Anderson Clarke -Treat Williams-, máximo ejecutivo de una compañía de cosméticos para que ejerza de asesora. Le concede un apartamento en Manhattan y, como quiera que sus consejos funcionan, le ofrece un puesto ejecutivo en la empresa.

El desembarco de Maya no está bien visto por Zoe -Vanessa Hudgens-, la hija de Anderson. Como quiera que al empresario le gustan los desafíos, reta a que ambas mujeres culminen una línea de producto en un espacio corto de tiempo. Zoe cuenta con la ayuda de Ron Ebsen -Freddie Stroma-, estereotipo de ejecutivo pelota con los de arriba y desairado con los de abajo. También con Felix Herman -Dave Foley-, el jefe de investigación de la compañía, y con Hildy Ostrander -Annaleigh Ashford-, que en principio estaba destinada a ser la asistente de Maya.

La protagonista únicamente recibe el respaldo de dos perdedores. Ariana -Charlyne Yi- es una meritoria con miedo a las alturas, y Chase -Alan Aisenberg- representa un investigador denostado por Felix Herman y que busca la oportunidad de vengarse tras su menosprecio. Lo que nadie sabe es que Anderson Clarke, el propietario de la compañía, tiene un motivo suficientemente fuerte para acercarse a Maya, un secreto que provoca un giro importante en el desarrollo del texto. El paso de empleada de lujo a ejecutiva le permite a Jennifer López lucirse con el vestuario y mostrar una silueta en la que sus curvas aparecen cada vez más pronunciadas. Probablemente, merezca guiones más importantes para demostrar que su valía como actriz está por encima de estos personajes poco complicados.

La cinta se inscribe dentro de un subgénero que tiene como referencia principal el puesto de trabajo. En su día, Armas de mujerWorking Girl. 1988- resultó un exponente principal de este tipo de apuestas. El personaje por el que Melanie Griffith ganó el Oscar era mucho más sibilino y preparado profesionalmente que el de Maya. En este siglo, El diablo viste de Prada es otro buen ejemplo de este tipo de producciones. Se acercan ambas por los paisajes neoyorquinos, si bien los papeles de Meryl Streep y Anne Hathaway eran mucho más redondos, complicados y resultones.

De todas formas, esta línea de largometrajes se ven con agrado salvo que se cometan muchas barbaridades. En este caso, la más importante es que su pueda conseguir un producto cosmético de primera línea en un espacio reducido de tiempo, cuando sabemos que se necesitan años para conseguir algo similar. La puesta en escena de Peter Segal es tan poco destacable como el resto de los componentes del filme, incluida la interpretación o la música de Michael Andrews. Después de un inicio prometedor, ninguna de las partes logra mantener el nivel y el conjunto se derrumba hasta unos cimientos que poco a poco se convierten en previsibles y poco atractivos.

From → Cine

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