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High Life (*1/2)

9 febrero 2019

Condenados en el espacio

En el exoespacio un hombre y su hija viven en una nave espacial. Son los supervivientes de un grupo de convictos que esperaban su turno en el corredor de la muerte y que conmutaron su pena por un experimento espacial. Ser padre cambió la forma de un personaje individualista y con evidente disciplina personal.

Nos situamos en un futuro supuestamente lejano en el interior de una nave espacial etiquetada con el número 7. Una niña llamada Willow reclama a su padre, que lleva a cabo labores de mantenimiento fuera del ingenio interestelar. La pequeña ve en un monitor imágenes repetidas en blanco y negro de un western y algunas escenas de acontecimientos que han tenido lugar en nuestro planeta. De vuelta el hombre da de comer a la chiquilla y juega con ella de forma muy cariñosa.

Vamos conociendo detalles. En un ingenio espacial con forma de poliedro se puede encontrar casi de todo para la suervivencia. Desde una pequeña huerta regada con un sistema de irrigación programado hasta máquinas recicladoras de residuos. Monte -Robert Pattison- se muestra como un ser cercano y afectivo, aunque se desvelan detalles de su pasado que invitan a pensar en que su existencia ha dado un giro total. Previamente, lanza al espacio los cuerpos sin vida de otros cosmonautas.

En su día, la nave 7 fue lanzada a las proximidades de un agujero negro fuera de nuestro Sistema Solar hacia el que veremos dirigirse una piloto antes de perder la vida. La tripulación está formada por ex convictos. Todos ellos condenados a muerte o a reclusión de por vida. En el caso de Monte asesinó a una compañera por un perro. Los demás, según se desvela en constantes flashbacks hasta que Willow se convierte en una adolescente -Jessi Ross-, tienen motivos para arrepentirse por distintas cusas.

El miembro más destacado es la doctora Dibs -Juliette Binoche-, quien en una secuencia en la que da rienda suelta a sus necesidades con un juguetito sexual, le da pie a la directora, Claire Denis para dar rienda suelta a uno de sus temas favoritos: el deseo. Una pasión que demuestra también uno de los viajeros, que intenta propasarse con Boysse -Mia Goth-, quien no quiera tener con él relaciones sexuales y provoca la intervención del protagonista, así como de sus compañeros Tchemy -André Benjamin- y Chandra -Lars Eldinger-. Ellos completan el reparto junto a Ewan Mitchell, Claire Tran, Víctor Banerjee y Gloria Obianyo.

No hay más personajes. Sí conoceremos que existen otras naves espaciales. La que nos ocupa está a punto de colisionar con otra similar cuyos viajeros son perros de diferentes razas. Desconocemos los motivos de ese experimento, aunque sí tenemos la certeza de que los tripulantes están condenados a no regresar jamás. Al fin y al cabo, se trata de personas con un futuro poco halagüeño debido a sus actos criminales. La doctora, por ejemplo, asesinó a su marido y a su hijo y ahora busca la reproducción in vitro dentro de su entorno.

La cinta obtuvo el Premio FIPRESCI en el pasado Festival de San Sebastián, donde se presentó fuera de concurso, y su responsable es una reputada cineasta, a pesar de que ninguno de sus títulos es superlativo. Bastante críptica y opaca en sus propuestas, no elude la provocación. Tampoco la ahorra en este caso, que flirtea con el thriller, el gore y una sexualidad latente a lo lardo del metraje. Sin embargo, ni el hierático Pattison ni el buen hacer de la Binoche consiguen que la mayoría del público se entregue sin condiciones. A la postre, habrá seguidores acérrimos, pero serán muchos más los desencantados.

Veintiséis millones de dólares de presupuesto no justifican una película innecesaria. Aunque proyectada en la mente de su directora quince años atrás, se advierten influencias de 2001, de Marte e incluso de Alien y otros títulos de ciencia ficción. A favor, el intento de crear una atmósfera propia, si bien solo consigue sorprendernos en ciertos pasajes a cuentagotas. Se recrea en los fluidos corporales. De todo tipo, incluso los más oscuros. El resto puede considerarse convencional, e incluso poco creíble en las imágenes del mundo exterior. Su intención filosófica es lo más destacable, sobre todo en lo relativo a la transformación de su personaje central, que pasa de ser un tipo solitario y autodisciplinado a convertirse en un padre atento y cariñoso.

Aunque no llega a las dos horas, el metraje se antoja exagerado por ciertos planos descompensados y algunas notas redundantes. Tampoco se ofrece demasiada información de aspectos que se quedan suspendidos en el desarrollo. Desconocemos a ciencia cierta los motivos o las enseñanzas que puedan extraerse de este viaje cósmico. Existe una especie de cuaderno de bitácora que es probable que se quede en el limbo puesto que se han perdido las comunicaciones. Mientras, el agujero negro está enfrente. Parece un ojo de cocodrilo dispuesto a soltar alguna que otra lágrima cuando devore a sus víctimas. Willow se ha hecho mujer y, sin saber cómo, su cultura es vasta. A cambio, se recuerda a Einstein cuando se hace notar que los días transcurren más despacio allá arriba que en nuestro planeta.

From → Cine

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