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Háblame de ti (Un homme pressé) (**)

4 marzo 2019

El hombre que nunca ha dado las gracias

El CEO de una compañía automovilística se dispone a presentar un coche eléctrico de lujo en el próximo Salón de Ginebra. Pocas semanas antes del evento sufre un ictus del que se recupera parcialmente, puesto que tiene dificultades para pronunciar de forma correcta palabras de uno cotidiano.

Padecer un ictus representa generalmente un grave problema. Aunque la mayoría de las personas se recuperan, en los primeros meses suele dejar secuelas importantes que afectan a la memoria y al habla, aparte del sistema locomotriz. Para un alto ejecutivo puede suponer el final de su carrera, como le sucedió a quien fuera CEO de Airbus y de PSA Peugeot Citroën, Christian Streiff, en cuya biografía está basado este largometraje, y más concretamente en el libro donde relata su experiencia.

Hervé Mimran se encargó de su adaptación a la pantalla grande para la que ha recurrido a su actriz de cabecera, Leïla Bekhti, quien interpreta a la ortofonista que se encarga de recuperar en lo posible al personaje central. Alain Wapler -Fabrice Luchini- es un tipo especialmente ocupado. Da clase, forma parte del jurado de ciertas actividades y es el CEO de una empresa automovilística que presentará en el próximo Salón de Ginebra su último prototipo, una berlina de lujo con motor eléctrico. Portada de revistas económicas y del sector, su pujanza es tal que si presentará su dimisión en la ciudad suiza se hablaría más de ello que del prototipo.

Vive con su hija Julia -Rebecca Marder-, quien prefirió llevar el apellido de su madre fallecida, al tiempo que Violette -Clémence Massarat-Weit- se encarga de la cocina y un chófer de la empresa le lleva a cualquier destino a la hora que sea necesario. Está acostumbrado a constituir en sí mismo una vorágine, sin apenas tiempo para nada. Puede desairar a cualquiera y, sobre todo, mirarlos por encima del hombro. Lo sabe su secretaria, Aurore -Frédérique Timont-. Tanto ella como Eric -Yves Jacques-, el máximo accionista de la empresa, saben que se trata de un hombre que jamás da las gracias.

Pocas semanas antes de la cita de Ginebra, Alain sufre un ictus que le deja con problemas de memoria y de dicción. Sigue sin dar las gracias, porque habla con una evidente dislexia que le obliga a pronunciar cimer en lugar de merci. Esa circunstancia ha obligado a que los traductores lleven a cabo un trabajo exhaustivo, acertando en muchas ocasiones y no siendo tan certeros en otras. El caso es que aquí entra en juego una logopeda, Jeanne -Leïla Behti-, quien asume la tarea de preparar a su paciente para que se enfrente al público en la convención. Aparentemente, todo está en su contra para regocijo de Igor -Micha Lescot-, el hombre que quiere ocupar su puesto en la compañía.

Probablemente, la situación de Alain Wapler hubiera bastado, pero se ha reforzado el carácter de la ortofonista con una madre desconocida que la abandonó al nacer, y el interés amoroso de un enfermero, Vincent Houbloup -Igor Gotesman-. No se les puede echar la culpa de que ralenticen la historia. En realidad, complementan una comedia dramática que destaca por su exagerada benevolencia. No se aprecia demasiado esfuerzo en la propuesta de Hervé Mimran. Más bien, quienes sí se aplican son los dos actores principales. La actriz de origen argelino se muestra muy natural ante las cámaras y Fabrice Luchini salva en la medida de los posible su personaje.

En cierto que el veterano intérprete no puede pronunciar bien por exigencias del guion, pero en todo momento se muestra creíble hasta conseguir que su personaje no se precipite en la caricatura ni en un arquetipo convencional que pretende arrancar la risa por sus palabras confusas que remiten, casi siempre, a frases de doble significado. En todo caso, está muy por encima de la puesta en escena y, especialmente, de una banda sonora en la que se recurre a temas de éxito, probablemente poco acertados, que chirrían cuando no se trata de versiones originales.

El protagonista es un fan de Casablanca, película que ve en repetidas ocasiones durante su convalecencia. A tenor de lo visto, casi diríamos que es As Time Goes By lo que verdaderamente le interesa. Coloca con dulzura el single en su tocadiscos sin que haya un paralelismo evidente entre los sucesos de la película y los que a él le afectan. Sí que se pone de manifiesto una buena promoción del Camino de Santiago en su parte final, aunque el itinerario no se ajuste geográficamente. Una constante en una propuesta inocua que no irrita, aunque tampoco deja huella.

From → Cine

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