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El niño que pudo ser rey (The Kid Who Would Be King) (***)

14 marzo 2019

El regreso de Excalibur

Un chaval londinense de doce años encuentra una espada misteriosa en época actual. Se trata de Excalibur, la tizona del Rey Arturo. Respaldado por el mago Merlín, tendrá que enfrentarse con Morgana, que regresa del averno con una cohorte de demonios dispuesta a esclavizar a la humanidad.

Si tenemos que tirar de anacronismos, hay más ejemplos de advenedizos entre los Caballeros de la Tabla Redonda que viceversa. No suele ser frecuente que los hechos narrados en el ciclo artúrico se extrapolen a época actual. Eso es lo que sucede con esta propuesta del londinense Joe Cornish, autor de Attack the Block -2011-. La historia del que también es autor, no se puede decir que verse sobre un niño en la corte del Rey Arturo. Más bien al revés, ya que es el entorno medieval el que se traslada a nuestros días, aunque nadie busque el Grial ni aparezcan caballeros con sus respectivas armaduras a lomos de rus respectivos rocinantes.

El argumento nos retrotrae al patito feo del cole, al alumno que tiene un amigo que se lleva todos los golpes y que ambos son objeto del escarnio de otros estudiantes. Una propuesta recurrente, como también lo es la malvada hechicera que sale de los infiernos para esclavizar el mundo una noche de eclipse. No lo es tanto si en ese entorno surge la figura del mago Merlín, que trae a primer plano la espada Excalibur y con ello, los códigos más representativos de los libros de caballería.

Alex Elliot -Louis Serkis- tiene doce años e intenta adaptarse al entorno escolar. Cuando se entera de que su único amigo, Bedders -Dean Chaumoo-, sufre abusos por parte de otros escolares, acude en su ayuda. Allí se encuentra con Lance -Tom Taylor- y Kaye -Rhianna Dorris- a quienes no duda en enfrentarse, aunque se trate de un duelo desigual. Días después, cuando es perseguido por ellos, llega a una especie de patio ruinoso en el que se encuentra con una espada insertada en una piedra. La extrae sin esfuerzo y cuando la revisa en compañía de Bedders llega a la conclusión de que se trata de la mítica Excalibur.

Paralelamente, tienen lugar otros dos acontecimientos. La maga Morgana Le Fay -Rebecca Ferguson- se despierta en el inframundo y envía a sus esbirros para hacerse con la mítica arma. En Stonehenge, surge de la tierra la figura de un adolescente. Se trata del mago Merlín -Angus Imrie de joven y Patrick Stewart de adulto-, hermanastro de la hechicera y que, en su cualidad de crecer hacia atrás, como si se tratase de un Benjamin Button cualquiera. Será quien advierta a Alex del peligro que les acecha y el refrendo del protagonista para luchar contra Morgana. Para entonces, Bedders, Lance y Kaye ya han sido armados caballeros por el protagonista, antes de ser entrenados en el manejo de las armas por el recién llegado.

Naturalmente, hay un libro, que proporciona ciertas pistas. Según parece, fue escrito por el padre de Alex, lo que hace pensar a éste de que desciende del Rey Arturo por parte de su progenitor. Por ello acude a Tintagel, donde le vio por última vez ya que hace años que no convive con su familia. Con el paso del tiempo, Merlín le convencerá de que Excalibur no se recibe por méritos de cuna y sí por merecimiento personal. Las referencias al universo del Rey Arturo y sus caballeros no se detienen ahí. También está invitada a la fiesta La Dama del Lago, que incluso desempeñará un cometido importante cuando tenga que restañar la espada.

Con la licencia de que únicamente Alex y sus amigos pueden ver a los demonios que envía Morgana, el autor consigue centrar su historia de una forma más convincente y fiable. En realidad, se podría esperar de una propuesta como la que nos ocupa, donde las incoherencias parecen adueñarse de la pantalla, que se abrazase a lo absurdo. Sin embargo, se convierte en una aventura ciertamente interesante, con reminiscencias de la cultura pop y con un desarrollo que apenas da tregua.

Los más pequeños de la familia pasarán un buen rato, pero los mayores no se quedarán rezagados en este sentido. Un buen montaje que se entretiene en una serie de secuencias brillantes, que lucen con luz propia y abundan más que las proponen alguna sombra en su concepción. No faltan elementos quijotescos, como el enfrentamiento con árboles inteligentes. En realidad, el desarrollo es un homenaje a los libros de caballerías, pero también un ejemplo para el cine de aventuras protagonizados por jóvenes. Hay giros, algunos inesperados, que desembocan en una obra intemporal digna de codearse con los clásicos.

From → Cine

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