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Los papales de Aspern (The Aspern Papers) (*)

17 marzo 2019

Poeta en Venecia.

En el siglo XIX un ambicioso editor viaja desde Estados Unidos a Venecia para visitar a la musa y amante de un poeta romántico, Jeffrey Aspern. Ella, una mujer de avanzada en edad, lo acoge en su casa, pero se muestra extremadamente celosa de la correspondencia mantenida con el literato.

Salvo error u omisión esta es la cuarta ocasión en que se adapta al cine la novela homónima de Henry James. La primera fue en Portugal, y es la más fiel al clásico literario. En España, Jordi Cadena sitúa en Mallorca los restos epistolares que enviaba a su amante el poeta romántico fallecido. La versión norteamericana nos conduce a la jungla, concretamente hasta Choroní, en Venezuela. Finalmente, la versión británica nos traslada hasta Venecia, siguiendo la propuesta del texto inicial, publicado por entregas en The Atlantic Monthly en 1888.

Parece ser que el argumento se basa en una historia real en la que un editor de Boston se interesó en Florencia por los textos inéditos que pudieran perdurar del poeta romántico Percy B. Shelley, de quien era un gran admirador. La adaptación cinematográfica ha corrido a cargo de un debutante, Julien Landais, quien ha firmado un producto bastante plano. La habitual buena factura de las producciones británicas de época también se pone de manifiesto en esta puesta en escena a la que, sin embargo, le falta nervio, y posiblemente alma para emocionar al espectador.

El distanciamiento y la frialdad son las notas predominantes de un producto que apenas saca partido de un buen reparto. Morton Vint -Jonathyan Rhys-Meyer- es el editor yanqui en cuestión.  Su actuación resulta absolutamente pusilánime, y no acertamos a comprender el interés en su persona de la dama en cuestión, Juliana Bordereau –Vannesa Redgrave-, ni por supuesto el de su sobrina, Miss Tina –Joely Richardson-. La presencia de estas dos actrices supone lo más relevante de un conjunto en el que hemos de anotar la presencia del actor y modelo bilbaíno Jon Kortajarena, que interpreta al poeta fallecido, Jeffrey Aspern, cuando se le rememora en los correspondientes flashbacks. A la vista de las relaciones entre los personajes centrales, si fuéramos la Borderau esas cartas nunca verían la luz. Al menos, en manos de un tipo tan poco interesante como Morton Vint.

El argumento está plagado de una palabrería insulsa, que dista mucha de las creaciones literarias de Henry James. Una adaptación así tampoco parece muy necesaria. Máxime cuando ni siquiera e pone como excusa a Venecia para que sus detalles arquitectónicos sirvan para interesar al espectador. La puesta en escena de Landais necesitaría ser menos asfixiante. Claro que tanta culpa tiene él como los dos otros guionistas que han intervenido en una versión cuyo peso específico no es el requerido con los mimbres que tenían a su alcance.

Se supone que el romanticismo y la buena selección de las frases deberían de proporcionar un arma única a este largometraje. Sin embargo, la pólvora parece haberse mojado antes del inicio del rodaje. Por el lado romántico apenas nos invita a disfrutarlo; respecto a la parte literaria da la sensación de que se ha escogido la parte más burda, si es que la tiene, del autor nacido en Nueva York y fallecido en Londres hace ahora poco más de un siglo.

From → Cine

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