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Donde caen las sombras (Dove cadono le ombre)

21 marzo 2019

Barbarie contra el nomadismo

Una enfermera y su ayudante, que desempeñan su trabajo en una clínica geriátrica, se encuentran con una nueva huésped. Se trata de una mujer aparentemente inofensiva pero que hasta hace poco tiempo, en su condición de doctora, sometía a todo tipo de experiencias indignantes a niños yeniches.

No se puede hablar de esta película, basada en hechos reales, sin hablar de la escritora suiza Mariela Meher y de la comunidad de los yeniches. Se trata de la tercera etnia nómada en importancia que se puede encontrar en Europa, mientras que la literata es una de las personalidades más conocidas de esa comunidad. Su conexión con la cineasta y documentalista italiana Valentina Pedicini dio como resultado este filme que, entre otras virtudes, nos trae a primer plano el sufrimiento y escarnio casi desconocido de todo un pueblo.

Desde 1926, y durante sesenta años, las autoridades suizas arrebataron a sus familias entre setecientos y dos mil niños yeniches para internarlo en orfanatos o clínicas psiquiátricas. En ellas fueron sometidos a experimentos científicos crueles, esterilizados para eliminar su rastro o, en el mejor de los casos, dados en adopción para ser educados como auténticos ciudadanos suizos tradicionales. Este pueblo, a cuyos habitantes también se les llama gitanos blancos, se encuentran establecidos en Europa Central, principalmente en Alemania, Suiza, Francia y los Países Bajos. Las brutalidades cometidas con ellos son comparables a las actividades llevadas cabo por el nazismo bajo las instrucciones de Joseph Mengele o Aribert Heim.

En una de esas clínicas conocemos a Anna –Federica Rossellini-. Se trata de una enfermera aplicada en sus quehaceres, aunque tremendamente adusta. Su cara muestra amargura, un hieratismo que se supone viene propiciado por algún  hecho del pasado. Tiene un ayudante, Hans –Josafat Vagni-, hombre de pocas luces, pero siempre servicial. Imbuidos en el día a día, se llevan una gran sorpresa cuando aparece una nueva interna, Gerturde –Elena Cotta-, aparentemente una anciana entrañable e inofensiva. No es eso lo que piensan de ellas los otros dos personajes.

Surgen los flashbacks y encontramos a Gertrude como médica, responsable de un conjunto de niños. Se trata de unos jóvenes yeniches internos a los que se aplicarán cualquier tipo de terapia, incluidos  electroshocks. Hans lo sufrió en sus propias carnes y Anna tuvo bastante más suerte al convertirse en la favorita de la doctora, lo que no excluyó situaciones de extremada violencia corporal. El tiempo ha cambiado los papeles y ahora nos toca a nosotros discernir quien es el verdugo y quien la víctima a tenor del relato propuesto por Valentina Pedicini.

El largometraje es formalmente muy ortodoxo. Muestra una rigidez en ese sentido que se emparenta con su personaje protagonista. Ana es una mujer solemne y afectada. Se da por seguro que hay algún hecho en su pasado que la ha convertido en una persona fría y de sentimientos muy ocultos. Tarda en desarrollar un enfrentamiento que no por advertirse deja de sorprendernos. Esa reacción quizás llegue demasiado tarde y aunque el conjunto vaya in crescendo cuesta llegar al momento en que gira definitivamente en busca de un desarrollo mucho más atractivo.

El ambiente es opresivo, cerrado. Da la sensación de que las ventanas permanecen siempre atrancadas y la ventilación es un lujo desconocido. El jardín, al otro lado de los cristales puede significar su única distensión, como el juego de cartas durante la noche. Contrasta con la blancura de sus paredes, aunque no hay que llevarse a engaño porque ellas encierran los experimentos más atroces. Una cárcel sin barrotes y una relación de amor-odio que deambula siempre por el filo de la navaja, proponiendo un enfrentamiento físico que se intuye a cada paso.

La identidad parece borrada, al menos para unos niños que deambulan más que se entretienen por los pasillos, mientras flota en el aire espeso la posibilidad del perdón. O tal vez únicamente una calculada remisión para dejar atrás un cruento y execrable pasado. En todo caso, la propuesta sirve para conocer unos hechos ocultos, ignorados desde pocos kilómetros más allá de su epicentro. Otro episodio más de escarnio para nuestra vergüenza como europeos. Tan oscuro como desconocido.

From → Cine

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