Saltar al contenido

Peret, yo soy la rumba (**)

23 marzo 2019

La guitarra de El Raval

El gitano Pedro Pubill Calafat, más conocido por Peret, popularizó una variante de la rumba y le convirtió en uno de los músicos más populares del panorama español. Se repasa su vida centrándose en la figura de sus descendientes y de quienes le acompañaron en sus actuaciones que todavía siguen con vida.

En 2014, bajo la dirección de Carles Prats, llegó a nuestras pantallas un documental sobre Peret. Se centraba fundamentalmente en la historia de la rumba catalana, según el propio músico. En su segundo trabajo tras las cámaras, Paloma Zapata expone una biografía de ese gitano carismático cuyas canciones nos invitan a bailar hoy en día ¿Quién no recuerda Borriquito, Una lágrima y tantos otros éxitos que perduran en el tiempo?

El propósito es una aproximación a las vivencias del músico desde que llega con su familia al barrio de El Raval en Barcelona. Desde ese momento, se repasa su biografía, con fragmentos de algunas de sus actuaciones más relevantes, una confesión ante el micrófono, y las conversaciones de sus familiares y amigos. De una parte, su hija y sus nietos, que glosan su figura y su manera de ser gracias a conversaciones aparentemente informales que, suponemos, fueron programadas de antemano y seleccionadas después para conceder más verosimilitud y agilidad a esta propuesta. Además, también se cuenta con personas que estuvieron muy próximas a él, como el único de sus palmeros que sigue vivo, su amiga La Chana, o el productor Rafael Moll.

Sorprenden los inicios de Pedro Bofill Calafat y el concurso que gana junto a una prima suya cuando apenas contaba con ocho años. Emergía como un buen guitarrista, pero su padre le introdujo en el negocio de la venta de telas, que era con lo que se ganaba la vida, pero él amaba la música, y especialmente su guitarra. Resulta emotiva la explicación del tema Mig amic, dedicada a su progenitor puesto que ese era el mote por el que se conocía, medio amigo, ya que era capaz de ayudar a cualquiera de forma altruista salvo cuando se trataba de hacer negocio con sus tejidos. Entonces, intentaba sacar el mayor beneficio posible.

A partir de ese momento apenas se ofrecen novedades respecto a lo que podemos encontrar en Internet. Sabemos que compuso cerca de trescientas canciones, pero que también hizo versiones, aunque la autora no diferencia entre ellas. Por ejemplo, Una lágrima es adaptación de un vals del maestro Monreal. No excluye que haya declaraciones significativas del artista, como la boda con Fuensanta, su esposa de toda la vida, después de abandonar su relación con una paya por imperativo familiar. A ella le dedicó uno de sus éxitos más importantes, Mi santa.

Llega luego su paso por Eurovisión y su adhesión, en 1982, a la Iglesia Evangélica de Filadelfia para, posteriormente, regresar a su actividad artística sin renunciar a sus creencias. Todo ello se pasa de soslayo porque la biografía de Peret es muy rica en detalles y el documental se entretiene demasiado al principio para avanzar muy rápidamente en su parte final. Por ejemplo, se obvia su participación en los Juegos de Barcelona o la composición que su sobrino Joel interpretó en el Festival de la OTI cuando él había creado su propia productora.

Paloma Zapata defiende la tesis, a través de la hija y la nieta del músico, de que volvió a los escenarios debido al clamor popular, especialmente por la petición de los taxistas. Da pie para mencionar dos largometrajes en los que el artista de Mataró interpretó a dos conductores en la gran pantalla. Se quedan en el limbo otros cuatro trabajos, aunque ninguno de ellos destacase por su calidad. Entre ellos cabe recordar a Si fulano fuese mengano, que contaba con un reparto espectacular para le época, con figuras como José Luis López Vázquez, Antonio Ozores, Florinda Chico, Gracita Morales y José Rubio, entre otros.

Entre olvidos y detalles más conocidos, hay que poner en valor el nacimiento de sus gestos más característicos con la guitarra. Unos movimientos que habían vibrar a sus fans y encantaba al resto del público. Surgió en París, cuando una afonía no le permitía cantar adecuadamente y cuando tuvo que salir al escenario después de Manitas de Plata, un virtuoso autodidacta avalado por Salvador Dalí, que introdujo a Peet en la pintura. Fue uno de los muchos personajes con quien se codeó, y que van desde Tom Jones a Elvis Presley. No quiso moverse de España, pero hubiera sido un referente de haberse asentado en Miami.

Lástima que no se aprovechen más a fondo sus actuaciones de archivos ahora recuperadas. Quizá, la parte más valiosa de esta propuesta, se queda en a medio camino porque su autora no ha penetrado de lleno en ella. Por una parte, las características propias de la variante rumbera de Peret, que utilizaba las palmas y los coros para sustituir los metales y las respuestas a la melodía principal de las composiciones y arreglos de Pérez Prado así como por los elementos más tradicionales del rock. Aparte queda la nomenclatura de rumba catalana. Se discute la paternidad de este estilo entre Peret y Antonio González, El Pescadilla, quien fuera marido de Lola Flores. Laura Zapata no se moja lo suficiente ni expone otras opiniones aparte de la familia de su protagonista.

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: