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Colette (***)

24 marzo 2019

La artista rebelde

Sidonie-Gabrielle Collette se casó con un escritor llamado Willy, quien le animó a que pasara a papel sus historias. Así nació el personaje de Claudine, referente en el París de principios del siglo XX. La protagonista, aparte de autora, fue también actriz y tan provocadora en cada faceta como el carácter autobiográfico de sus novelas

Colette fue una intelectual francesa reconocida por su liberalismo, su provocación y también por sus creaciones literarias. Adquirió gran fama gracias a Gigi, la obra que fue llevada a la pantalla por Vincente Minelli en 1958, cuatro años después de que falleciera en París. Sin embargo, esta propuesta, filmada en Gran Bretaña por Wash Westmoreland, hace hincapié en el aspecto más sórdido de la intelectual. Nació en la localidad de Saint-Sauveur y fue la cuarta hija de Jules-Joseph Colette –Robert Pugh-, mutilado por herida de guerra, y Sidonie Landoy, más conocida por Sido –Fiona Shaw-.

Cuando su familia vivía en la pequeña villa de Borgoña se casó con Henry Gauthier-Villars, más conocido por Willy –Dominic West-, y acreditado en la capital por sus novelas populares. Quince años mayor que ella, se trataba de un individuo mundano y vividor. En París frecuentaban los salones, aunque ella parecía quedar siempre en un segundo plano mientras su marido se pavoneaba y le era permanente infiel. Willy se aprovechaba de autores fantasmas, o llamados negro, que le pasaban sus obras y él las firmaba.

El esposo acumulaba deudas de juego que llegaron a reducir sensiblemente sus pertenencias hasta que le propuso a Sidonie-Gabrielle Colette escribir sus propias historias que él matizaba y firmada. El éxito fue apoteósico desde el primer momento y la serie de novelas protagonizada por Claudine, en las que la escritora relataba sus propias vivencias, bien fueran juveniles o ya de adulta en París, les convirtieron en personajes populares y reclamados en grandes citas. Los textos, siempre autobiográficos aunque con nombres ficticios, no ahorraban situaciones escabrosas.

Paulatinamente, Colette se sentía cada vez más insatisfecha porque Willy acumulaba todos los parabienes, y perseveraba sin decoro en sus aventuras extramatrimoniales. Animada por un amigo de la pareja –Al Weaver-, se inició en el music-hall y el cabaret, aparte de descubrir su bisexualidad. Incluso, llegó a tener sus escarceos con una de las amantes de su esposo, Georgie Raoul-Duval –Eleanor Tomlinson-. Como trío asistieron a más de un acontecimiento público, y es que a Willy no le importaban las relaciones lésbicas de su esposa. Sucedía todo lo contrario en caso de que se entregara en brazos de un hombre.

En el guion de Wash Westmoreland, coescrito por Richard Glatzer, con quien ha firmado películas como Siempre Alice el punto de inflexión se produce cuando se lleva al teatro la primera de las novelas de la saga. Willy encuentra una amante estable en la persona de Meg –Shannon Tarbet-, que aspiraba a protagonizar la obra, y Colette había descubierto a Mathilde de Morny, conocida popularmente por Missy -Denise Gough-, una mujer travestida con el atuendo de su título, Marqués de Belbeuf. Juntos estrenaron una obra en el Moulin Rouge con resultado catastrófico. En Rêve d’Egypte el público no aceptaba el beso en público de dos mujeres. Missy, bastante apocada, decidió retirarse de las tablas, aunque mantuvieron una relación estable durante cinco años. La protagonista, por el contrario, continuó insistiendo en su actitud liberal, e incluso protagonizaba desnudos en escena.

Keira Knightley se entrega sin reservas a su papel, mostrando la dulzura inherente a la juventud, la sorpresa de una parisina en París y la desazón cuando su marido se aprovechaba de su talento y seguía desperdiciando sus ingresos en las apuestas. Más tarde, era la mujer enamorada, o simplemente sensual. La historia de Colette fue llevada a la pantalla grande con anterioridad en Alemania -1991-, protagonizada por Klaus Maria Brandauer y una Mathilda May que no alcanzó entonces la versatilidad y el nivel interpretativo de su colega británica. Ya en este siglo se produjo una miniserie en Francia con Marie Trintignant como protagonista, cuyo parecido físico es la que más se acercó a la verdadera Colette.

En este film hay que destacar una vez más la precisión con la que la cinematografía británica retrata las historias de época. Ni el vestuario ni la dirección artística pueden ponerse en tela de juicio. Mucho menos la música. Thomas Adès ha compuesto una partitura bastante significativa en la que destaca un vals recurrente y adictivo. Tampoco se queda atrás el guion. Era complicado reflejar la vida de un personaje tan peculiar y tan adelantado a su tiempo. Se aprovecha la historia de los años más conflictivos de su protagonista, desde su compromiso matrimonial hasta que vuela definitivamente en solitario. La apuesta no decepciona.

From → Cine

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