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Dumbo (**)

3 abril 2019

La venganza de Tim Burton

El dueño de un circo no demasiado importante readmite al que fue su estrella antes de que se alistara en el ejército. Ahora debe cuidar de un bebé elefante cuyas orejas son enormes. Al descubrir que el animal puede volar la rentabilidad exponencialmente hasta que entra en escena un magnate del entretenimiento.

El anuncio de que Disney produciría una versión de Dumbo con personajes reales alimentó expectativas ilusionantes. Máxime, cuando se había pensado en que el gracioso animal fuese incorporado por CGI y que Tim Burton se responsabilizaría de la propuesta. El cineasta californiano vio como la multinacional le daba de lado porque sus puestas en escena resultaban demasiado oscuras y no tan familiares como las deseadas por la compañía. Una vez visto el largometraje llegó la decepción.

Esta vez no se ha intentado calcar en la pantalla el original. Ni las elefantas se mofan de Mamá Jumbo ni el tren en que viaja la troupe hace esfuerzos por ascender elevaciones. Max Medici -Danny DeVito-, propietario de un circo de medio pelo cuyo nombre parece emular a los Hermanos Ringling, readmite a quien fuera estrella de la pista, Holt Farriel -Colin Farlell-, quien ha regresado del frente sin un brazo. Debe olvidar sus acrobacias de cowboy y ahora, junto a sus dos hijos, deberá cuidar a los elefantes, en especial a una nueva adquisición que está a punto de ser madre.

Mamá Jumbo alumbra un bebé que se nos antoja raquítico a excepción de sus enormes orejas, que se las pisa al caminar. Inicialmente, colabora en el número de los payasos, pero cuando la pequeña Milly Farrell -Nico Parker- comprueba que puede volar, el circo adquiere una popularidad inesperada. El éxito llega a oídos de V.A. Vandevere -Michael Keaton-, un poderoso empresario que sueña con una enorme zona de recreo en la que el elefantito volador, llamado Dumbo, sea su gran estrella en compañía de su actual amante, la trapecista francesa Colette Marchant -Eva Green-.

Para cumplir su sueño, aparte de sus esbirros, cuenta con la posible colaboración de un financiero, J. Griffin Remington -Alan Arkin-, quien espera poder respaldar cualquier iniciativa siempre y cuando Dumbo cumpla con las exigencias requeridas. Un paquidermo volador asegura cualquier éxito comercial. El lleno diario bajo la carpa estaría asegurado y ejercería de locomotora a todo un gran universo recreativo que se levantaría alrededor.

Desconocemos la participación de Tim Burfton en el desarrollo de la historia, aparte del guionista oficial, Ehren Kruger. El responsable de tres entregas de Transformers no se ha caracterizado a lo largo de su carrera por construir historias apasionantes ni por escribir diálogos valiosos. Sin embargo, a Disney le han metido un gol por la escuadra. Es muy posible que el texto final de Kruger estuviese avalado por los ejecutivos del estudio y que, posteriormente, el director pusiera bastante más que su firma. Luego, cuando presentó el conjunto ya sería demasiado tarde para hacer cambios.

El caso es que la propuesta contempla diversos aspectos económicos que, o son casuales, o atentan directamente contra los pilares de la multinacional. El primero, la absorción del circo de Medici por Vandevere. El pez grande se come al chico, la gran corporación devora al pequeño que apenas puede rechistar. La propia historia de Disney en las dos últimas décadas. Después llega la reducción de personal, que afecta a los absorbidos, excepto a Farriel y a sus dos hijos, Milly y Joe -Finley Hobbins-. Medici va aparte, puesto que ha sido nombrado vicepresidente ejecutivo sin tarea alguna que llevar a cabo.

Esa ha sido la política de la factoría con todas aquellas empresas que han pasado a su dominio, como Marvel, Miramax, o Pixar, y más recientemente Fox. Incluso, el macrocentro de ocio levantado por Vandevere, recuerda a Disneylandia, y hasta queda un hueco para un pabellón en el que se muestran adelantos científicos y una provisión de inventos aun por desarrollar. Todos pensamos de inmediato en Future World. Esa es la venganza de Tim Burton. Critica a la empresa madre y señala sus defectos más acusados hasta que al fin decide que, por ambición mal controlada, todo salte por los aires. Denuncia las primas de los empresarios sin escrúpulos que quieren dinero fácil y lo más rápido posible.

Dicho esto, ni los personajes ni los actores llaman la atención, sin olvidar algunos errores groseros del guion y los efectos visuales. Tampoco la labor técnica de Burton, que se limita a filmar con mucho oficio y recrea en la parte final una pequeña muestra de lo que es su verdadero mundo, churrigueresco, tenebroso y perturbador. De todas formas, a menor nivel del esperado por mucho que se atreva a homenajear a Busby Berkeley.

Para los nostálgicos añadiremos que hay ciertos guiños al filme original de 1941. Por ejemplo, la cigüeña que llega al vagón en el que dará a luz Mamá Jumbo, los elefantes rosas, aunque esta vez sin borrachera y sí con pompas de jabón, y los muñecos de fieltro del Dumbo animado que se venden en el complejo de ocio. Peor suerte han corrido las canciones. No se ha rescatado ni una sola de la antigua producción por lo que el tema estrella es una balada que en la versión española interpreta Nawja. No es que Danny Elfman sea mal compositor, pero echamos de menos la que fuera galardonada con el Oscar a la mejor banda sonora.

From → Cine

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