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Quiero comerme tu páncreas (Kimi no suizô wo tabetai) (***)

8 abril 2019

Amores valientes

Al encontrar el diario de una compañera de instituto, el protagonista se entera de que ella padece una enfermedad pancreática y le queda poco tiempo de vida. Es la muchacha quien se acerca al protagonista y lo atrae. Incluso, llega a plantearle si quiere ser su novio para el disgusto de su mejor amiga.

Un estudiante de instituto lleva a cabo un escueto compendio de los últimos meses. En la sala de espera de un hospital encontró el diario de una compañera llamada Sakura Yamauchi. A raíz de lo escrito, a su autora le quedan pocos meses de vida. Pasaron mucho tiempo juntos, probablemente más de lo que hubiera imaginado en sus sueños más generosos, pero ella ahora ha muerto y él no ha ido al funeral.

El protagonista masculino, que hasta el final no dice su nombre, es un muchacho introvertido, auténtico ratón de biblioteca. No tiene amigos y le cuesta relacionarse. Por el contrario, Sakura es una jovenzuela efervescente que pone al mal tiempo buena cara. Sabe que su final está demasiado próximo para sus 17 años y está decidida a cumplir una serie de objetivos antes de que la enfermedad se la lleve. Cuando advierte que su compañero de clase ha ojeado su diario, titulado Convivencia con la enfermedad, decide contarle una verdad que solamente conocen sus familiares más allegados.

Conforman una pareja con pocos puntos en común. Mejor dicho, son antagonistas. Se les ve juntos buena parte del tiempo y Kyoko, la impetuosa mejor amiga de Sakura, se lo recrimina. Puede tener al chico que quiera del instituto, incluso al habitual capitán del equipo, pero ha elegido a un tipo insulso con el que, incluso, se ha ido de viaje en tren un fin de semana y ha dormido con él en la misma habitación.

Es evidente que, aunque pertenecen a mundos muy distintos, existe un atractivo a la vista impulsado, en buena parte, por la jovialidad y optimismo de Sakura. A su amigo le cuesta abrirse, aunque se sentirá encantado de tener finalmente alguien con quien compartir aunque solo sea una reunión en un restaurante. Juegan a verdad o reto y mientras ella se muestra insinuante, él persigue verdades más comprometidas desde el punto de vista humano.

El relato surge de un manga publicado por capítulos, original de Yoru Sumino que luego dio paso a un libro, a un cómic y, finalmente, a dos largometrajes. Uno de acción real y este dirigido por Shô Tsukikawa. El título da pie a pensar en un film de terror, incluso nos viene a la mente una historia de antropofagia o de zombis. Nada más lejos de la realidad puesto que se trata de un drama romántico en el que impera la amistad y el optimismo pese a que la tragedia extienda su cruel manto sobre los protagonistas.

El guion atrapa y la puesta en escena resulta atractiva. Se apoya en una buena fotografía de Hiro’o Yanagida y se completa con el subrayado de una música más que aceptable de Suguru Matsutani que incluye dos cantables. A pesar del título y contra lo que se podría pensar debido a la enfermedad de Sakura, la cinta es una auténtica delicia en general que si no llega al estadio de obra de arte es debido a ciertas características menos originales en el trabajo de Shô Tsukikawa.

Las siluetas de los dos personajes centrales, especialmente el de la chica, resultan demasiado convencionales. Esa minifalda tableada y la blusa que baja desde su cuello a la cintura son muy recurrentes en las producciones japonesas. Seguramente, el público de su país estará encantado porque se trata de una exposición muy clásica. Echamos en falta un poco más de atrevimiento, o quizás de imaginación.

El color rosa domina la escena, facilitando el optimismo de su principal personaje femenino. A Silent Voice emerge como un referente, y también Fireworks, porque parece que no puede haber una historia juvenil de animación inspirada en el manga sin la inclusión de fuegos artificiales. En este caso, lo exige el guion en uno de los puntos más álgidos de la producción. La justificación del título la ofrece Sakura al inicio. Ha leído que años atrás se pensaba que si fallaba una parte de tu cuerpo debías comer esa víscera. Hígado si tenías problemas de hígado, corazón en caso de que se debilitase ese músculo vital y páncreas, por supuesto.

Desde ese punto de vista, quiero comerme tu páncreas tiene mucho sentido. Una frase que intercambiarán en palabras y en mensajes de texto a través del teléfono móvil. En esa historia de redención, la chica tendrá motivos para disfrutar, aunque una mínima bajada de defensas le devuelva a la realidad más desesperanzadora. Haruka Shiga, nombre real que desvela finalmente el protagonista masculino, debe perder su halo de proscrito por decisión propia. Aceptará finalmente el chicle que le ofrece continuamente Takahiro, quien fuera novio de Sakura, y se encamina a disfrutar de la amistad de otros congéneres.

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