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Un corazón extraordinario (Dieses bescheuerte Herz) (**1/2)

22 abril 2019

A vivir, que son dos días

Un treintañero que solo piensa en divertirse es obligado por su padre, un acreditado médico, para que acompañe a uno de sus pacientes. Se trata de un adolescente con el corazón dañado y sin posibilidades de curación. Muy a su pesar, los dos personajes descubren que existen otros tipos de vivencias.

Dos mundos antagónicos representados por otros tantos caracteres. Se trata de un tema recurrente en la literatura y en el cine. Significan personalidades opuestas que, a consecuencia del trato, terminan acercándose de manera impensable puesto que inicialmente parecían tan incompatibles como el agua y el aceite. Green Book es el último ejemplo demostrativo, aunque debido al asunto que trata este filme se aproxima más a Intocable.

Se basa en una historia real sucedida en época reciente y que fue relatada en un libro por sus propios protagonistas, Daniel Meyer y Lars Amend. En el celuloide están representados por Lenny Reinhard – Elyas M’Barek -, un treintañero irresponsable, y David Müller -Philip Noah Schwarz-, un adolescente con el corazón dañado, aparte de otras enfermedades, con una esperanza de vida muy escasa. En el texto literario existe un componente racial, puesto que el primero es un alemán de segunda generación con antepasados inmigrantes.

El responsable de la versión cinematográfica es Marc Rothemund, nominado al Oscar la pasada década por Sophie Scholl: Lo últimos días. Su último trabajo estrenado en nuestro país fue Cita a ciegas con la vida. Su labor es destacable, superando la propuesta de un guion con lagunas y decantándose por la comedia para narrar una historia realmente dramática. Ha solucionado con talento algunos reveses, si bien el montaje ofrece algún que otro plano innecesario.

Evidentemente, por abrazar el género arriba indicado y estar protagonizado por dos personajes antagónicos, suponemos desde el principio que David y Lenny están condenados a entenderse. El segundo es el hijo de un acreditado médico que está hasta el gorro de invertir dinero en su hijo sin obtener recompensa. Ha dilatado sine die sus estudios de medicina y únicamente está atento a divertirse en citas nocturnas con sus amigos que terminan casi siempre en una cama con distinta compañía hasta que su coche de lujo termina en la piscina de su domicilio en una madrugada de juerga.

El doctor Reinhard -Uwe Preuss- no aguanta más y le ordena que se encargue de uno de sus pacientes. Ha de acompañar a David, un chico de salud muy limitada cuya madre, Betty Müller -Nadine Wrietz-, intenta sobreprotegerle. El chaval es consciente de esa situación y aunque ella emerge como la mala de la historia, su hijo también está pendiente de su felicidad. El riesgo vital de David le obliga a transportar siempre con él una botella de oxígeno, que ahora portará Lenny. Viaja siempre en una ambulancia medicalizada que pone de los nervios a su nuevo amigo por la mínima velocidad de crucero en que se desplaza.

Los primeros desencuentros desembocan en juna primera acción conjunta destinada a un vecino que deja abierto siempre el ascensor en el quinto piso, lo que obliga al enfermo a subir andando. Su delicada salud no se lo permite y Lenny sufre de primera mano la experiencia de cargarlo a hombros y no olvidarse de la botella de oxígeno. A partir de ese momento, y de manera casi imperceptible, cada uno de los protagonistas comienza a descubrir sensaciones insospechadas en el mundo en el que se mueve el otro.

El adolescente conoce algún que otro lujo e, incluso, algo que le parecía vedado: salir y enamorarse de una chica. Por su parte, Lenny advierte que no todos pueden vivir la vida de manera tan intrascendente. Hay muchas personas aquejadas de distintos males que les tienen postrados en sillas de ruedas, o muestran diversos impedimentos físicos o psíquicos. También se relaciona de otra manera con el mundo de la medicina, especialmente cuando conoce a la doctora Julia Mann -Lisa Bitter-.

La propuesta se nos antoja inferior a las referidas anteriormente, pero el resultado es muy digno, a lo que colabora la complacencia general a la que Marc Rothemund saca buen partido. Los personajes, a excepción del personaje de David distan bastante de apasionarnos. Ninguno de los actores posee un carisma relevante por mucho que Elyas M’Barek goce de gran popularidad en Alemania debido a una serie de comedias en las que encarna a un ladrón convicto que se instala como profesor para hacerse con un botín oculto. También fue el protagonista de una versión germana de Las aventuras de los cinco.

From → Cine

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