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La importancia de llamarse Oscar Wilde (The Happy Prince) (**)

28 abril 2019

Encuentro de pasiones

Se recogen los tres últimos años de vida del escritor, poeta y dramaturgo Oscar Wilde. Exiliado en Francia y recluido en un hotel junto a varios amigos, toma la decisión contradictoria de emprender un largo viaje para visitar tanto a su esposa como su amante más reconocible, Sir Alfred Douglas.

Este biopic sobre los tres últimos años de vida de Oscar Wilde, los trascurridos entre 1897 y 1990, está marcado por las pasiones. Las del propio protagonista, que decide visitar a su esposa y al hombre que fuera su principal amante. También la de su responsable, Rupert Everett, director, guionista e intérprete principal de una propuesta a la que bien se puede calificar como la película de su vida. Ha puesto en ella todo el interés posible, fue sometido a duras sesiones de maquillaje para destacar el mentón prominente del literato y tuvo su recompensa con diversas nominaciones a premios importantes y la consideración de mejor ópera prima para los Satellite Awards.

El título original, The Happy Prince, hace referencia a uno de los relatos escritos por Wilde. Uno de los que leía a sus dos hijos, Cyril y Vyvyan, cuando eran pequeños y que eran el fruto de su matrimonio con Constance -Emily Watson-, la misma que años después pediría el divorcio y desearía que sus hijos cambiasen su apellido por Hollland. Andando el tiempo se enamoró de un caballeros joven y bien parecido, Sir Alfred Bosie Douglas -Colin Morgan-, con el que se inició su descenso a los infiernos hasta morir en la miseria una vez que el aristócrata le dejara en la ruina.

Cuando ambos iniciaron sus amoríos, el padre de Bosie, el Marqués de Queensberry, le acusó de sodomita. Wilde le denunció por difamación, pero la vista se tornó en su contra y finalmente fue condenado a dos años de cárcel. El autor británico nacido en Dublín se refugió Bernaval, Francia, cuando abandonó la prisión de Reading. Posteriormente lo encontramos en París bajo el pseudónimo de Sebastián Melmoth. Por entonces contaba con la amistad de Reggie Turner -Colin Firth- y Robbie Ross -Edwin Thomas-.

La visión que se nos ofrece de Oscar Wilde es muy distinta a la protagonizada por Stephen Fry en 1997. Este protagonista es mucho más humano y vicioso porque canta, bebe y coquetea con las drogas. Es bastante más altivo y menos bonachón que el de la cinta de Brian Gilbert. Se trata de un personaje mucho más oscuro y más ácido en una apuesta por la comedia dramática que deja en el tintero la mayoría de las frases más célebres del autor.

Evidentemente, es el papel de su vida para un Rupert Everett desfigurado para parecerse lo más posible a su personaje. Con él se ha tenido un mimo extraordinario, pero no sucede lo mismo con el resto de caracteres. En cuanto a la puesta en escena, también presenta claroscuros. Un vestuario espléndido se alterna con una fotografía de Martin Fuhrer que pretende impresionarnos y que, aunque lo consiga en algunos momentos, se pone de manifiesto una iluminación que deja mucho que desear.

Con un reparto sólido, que incluye a Tom Wilkinson y Miranda Richardson, el apartado técnico es la parte más irregular de este film, que combina las habituales eficientes producciones británicas con ciertos defectos importantes. El principal es un guion escrito por Everett para él y para los incondicionales de Oscar Wilde, Casi hay que ser un experto en el literato británico para entender muchos de sus guiños. A pesar de que el texto muestre un ingenio evidente la película peca de escasa emoción. Un producto pulcro que no consigue agitarnos, lo que sí representa un problema.

Everett rinde un importante homenaje a Wilde. Se nota su admiración por él. Otra cosa muy distinta es que haya preparado una función para gustarse a él mismo y sentir que había reparado una deuda contraída años atrás. No implica que pueda gustar a un público amplio porque no consigue impresionarnos. Se nota igualmente el escaso oficio del autor. Quiere sorprendernos y, en ocasiones, hace un uso no del todo adecuado de las posibilidades técnicas, como la utilización indiscriminada de la cámara lenta.

Encuentro de pasiones

Se recogen los tres últimos años de vida del escritor, poeta y dramaturgo Oscar Wilde. Exiliado en Francia y recluido en un hotel junto a varios amigos, toma la decisión contradictoria de emprender un largo viaje para visitar tanto a su esposa como su amante más reconocible, Sir Alfred Douglas

Este biopic sobre los tres últimos años de vida de Oscar Wilde, los trascurridos entre 1897 y 1990, está marcado por las pasiones. Las del propio protagonista, que decide visitar a su esposa y al hombre que fuera su principal amante. También la de su responsable, Rupert Everett, director, guionista e intérprete principal de una propuesta a la que bien se puede calificar como la película de su vida. Ha puesto en ella todo el interés posible, fue sometido a duras sesiones de maquillaje para destacar el mentón prominente del literato y tuvo su recompensa con diversas nominaciones a premios importantes y la consideración de mejor ópera prima para los Satellite Awards.

El título original, The Happy Prince, hace referencia a uno de los relatos escritos por Wilde. Uno de los que leía a sus dos hijos, Cyril y Vyvyan, cuando eran pequeños y que eran el fruto de su matrimonio con Constance -Emily Watson-, la misma que años después pediría el divorcio y desearía que sus hijos cambiasen su apellido por Hollland. Andando el tiempo se enamoró de un caballeros joven y bien parecido, Sir Alfred Bosie Douglas -Colin Morgan-, con el que se inició su descenso a los infiernos hasta morir en la miseria una vez que el aristócrata le dejara en la ruina.

Cuando ambos iniciaron sus amoríos, el padre de Bosie, el Marqués de Queensberry, le acusó de sodomita. Wilde le denunció por difamación, pero la vista se tornó en su contra y finalmente fue condenado a dos años de cárcel. El autor británico nacido en Dublín se refugió Bernaval, Francia, cuando abandonó la prisión de Reading. Posteriormente lo encontramos en París bajo el pseudónimo de Sebastián Melmoth. Por entonces contaba con la amistad de Reggie Turner -Colin Firth- y Robbie Ross -Edwin Thomas-.

La visión que se nos ofrece de Oscar Wilde es muy distinta a la protagonizada por Stephen Fry en 1997. Este protagonista es mucho más humano y vicioso porque canta, bebe y coquetea con las drogas. Es bastante más altivo y menos bonachón que el de la cinta de Brian Gilbert. Se trata de un personaje mucho más oscuro y más ácido en una apuesta por la comedia dramática que deja en el tintero la mayoría de las frases más célebres del autor.

Evidentemente, es el papel de su vida para un Rupert Everett desfigurado para parecerse lo más posible a su personaje. Con él se ha tenido un mimo extraordinario, pero no sucede lo mismo con el resto de caracteres. En cuanto a la puesta en escena, también presenta claroscuros. Un vestuario espléndido se alterna con una fotografía de Martin Fuhrer que pretende impresionarnos y que, aunque lo consiga en algunos momentos, se pone de manifiesto una iluminación que deja mucho que desear.

El apartado técnico es la parte más irregular de este film, que combina las habituales eficientes producciones británicas con ciertos defectos importantes. El principal es un guion escrito por Everett para él y para los incondicionales de Oscar Wilde, Casi hay que ser un experto en el literato británico para entender muchos de sus guiños. A pesar de que el texto muestre un ingenio evidente la película peca de escasa emoción. Un producto pulcro que no consigue agitarnos, lo que sí representa un problema.

Everett rinde un importante homenaje a Wilde. Se nota su admiración por él. Otra cosa muy distinta es que haya preparado una función para gustarse a él mismo y sentir que había reparado una deuda contraída años atrás. No implica que pueda gustar a un público amplio porque no consigue impresionarnos. Se nota igualmente el escaso oficio del autor. Quiere sorprendernos y, en ocasiones, hace un uso no del todo adecuado de las posibilidades técnicas, como la utilización indiscriminada de la cámara lenta.

From → Cine

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