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El increíble finde menguante (**1/2)

6 mayo 2019

Otro día de la marmota

Alba acaba de cumplir treinta años y se dispone a pasar con unos amigos un fin de semana en una casa rural. De inmediato, se encuentra atrapada en un bucle temporal en el que los acontecimientos se repiten cada vez con una hora de antelación. No obstante, en cada reproducción sucede algo diferente.

Tres parejas descienden de un vehículo dispuestas a pasar un fin de semana en una casa rural propiedad de la familia de una de las chicas. Se instalan y comienzan a beber entre juegos y conversaciones distendidas que se van haciendo cada vez más profundas en lo que se refiere a una sociedad actual que contempla jóvenes mileuristas con escasas posibilidades de trabajo. El hecho de que algunos personajes no se conozcan entre sí da pie a que sepamos algo más de sus vidas y sus quehaceres desde el comienzo.

Alba –Iria del Río-, de cuya familia es la casa en cuestión, está acompañada por su novio Pablo –Adam Quintero-. Se produce una llamada telefónica de su padre que ella rechaza y,  cuando llega la hora del descanso, quedan bien definidas las composiciones de cada pareja. Mancha –Adrián Expósito- y Sira –Nadia de Santiago- se van por su lado, mientras que hacen lo propio la interracial formada por Mark –Jimmy Castro- y Claudia –Irene Ruiz.

La pareja principal inicia unos juegos amorosos antes de que Pablo le eche en cara a su novia que no es capaz de sorprenderla, que su existencia conjunta es monótona y necesita un tiempo de reflexión. Por la mañana salen por los alrededores buscando tesoros que Alba había escondido siendo niña, como muñecos troll y objetos por el estilo. Sabemos que la casa está ubicada cerca de una antigua fábrica de armas y los jóvenes visitan parajes atractivos.

De repente, el mundo se detiene en torno a Alba, cuyos compañeros le reprochaban que seguía viviendo con su padre. Cuidándolo, responde. Ella es la única que puede moverse hasta que se repite la llegada del grupo a la vivienda deshabitada. Se renuevan los hechos, incluso la llamada del progenitor –Luis Tosar-, de quien solo se escuchará su voz a los largo de la media hora de metraje.

Otra vez ha de su sufrir el hastío de Pablo y su decisión de darse un tiempo. Se producen algunos infortunios, como la rotura de un jarrón y la consiguiente herida en una de las manos de Alba. Nuevamente se detiene el tiempo y todo vuelve a comenzar. En ese día de la marmota para jóvenes desencantados con la sociedad actual la protagonista llega a la conclusión de que los hechos se repiten una hora antes cada vez. Lo que desconoce es que sucederá cuando ese bucle llegue a su fin.

Después de dos cortos, Jon Mikel Caballero dirige su primer largometraje y su propuesta, cuando menos, resulta interesante. La escenografía es más que aceptable y su trabajo tras la cámara es eficaz. Consigue hallazgos, ya que en su puesta en escena se inscribe una idea brillante para presentar cada una de las repeticiones temporales y que es aconsejable que el espectador descubra por sí mismo. Quiere abarcar demasiado y ser políticamente correcto aunque no lo exija el guion. Por eso se incluyen besos lésbicos e infidelidades leves.

Los mayores reparos que se pueden poner a esta producción independiente, cuyo responsable demuestra talento para sobreponerse a la falta de medios económicos, es la dicción de los actores. Cuesta trabajo entenderlos, lo que es un mal endémico de la mayoría de los profesionales jóvenes que no han tenido una experiencia constante en la pequeña pantalla. La banda sonora presenta altibajo. La escore funciona a impulsos, mientras que Caballero ha tenido la feliz idea de incluir temas de grupos que ahora mismo presumen de éxito entre los de su generación, como Novedades Carminha, Historias de una Lagartija y Oblique & Carlos Bayona.

El conjunto posee interés. Queda en inferioridad respecto a otras apuestas similares con mayor respaldo económico, pero ofrece el aliciente de ahondar en los problemas de la juventud actual. Otro de los ingredientes innovadores es que la protagonista sigue conservando tras cada bucle las secuelas físicas y psíquicas de los anteriores. Una herida, se mantiene; un jarrón roto parece no afectar al personaje central quien espera que con el background obtenido en las repeticiones pueda llegar a una conclusión personal satisfactoria.

From → Cine

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