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Hellboy (**)

16 mayo 2019

Dios salve al rey

El hombretón de piel roja, cuernos y cola recibe el encargo de derrotar a unos gigantes que asolan una parte de Inglaterra. No es la peor pesadilla, puesto que pronto se encuentra con que una nigromante de gran poder que regresa de su tumba y quiere utilizarlo para destruir el mundo.

Hellboy saltó a la pantalla grande de la mano de Guillermo del Toro y nos dejó dos entregas de este personaje establecido por Mike Mignola en 1993 para la editorial estadounidense Dark Horse. Su autor nos legó varias historias escritas y dibujadas por él, mientras que otras se deben a Christopher Golden, responsable de varios libros sobre el personaje y coguionista del filme, en el que se hace notar el humor característico de su creador.

Esta propuesta no es una entrega más, sino que se trata de lo que se conoce como un reboot o un regreso a los orígenes del mito. Aunque ya encontramos al personaje principal al servicio de la Agencia de Investigación y Defensa Paranormal (AIDP), se ofrecen las claves de su nacimiento, que se produjo durante un experimento nazi que no tuvo éxito. Hellboy, cuyo nombre real es Anung-Un –Rama, es hijo de una mortal y de un diablo, de ahí su cuerpo de color rojo, sus cuernos que se afeita a diario y su cola. Posee una fuerza extra natural, el brazo derecho es de piedra y puede cicatrizar sus heridas casi de inmediato.

Su madre, como se podrá comprobar en el film, desciende directamente del rey Arturo, y fue precisamente este monarca quien, muchos siglos atrás, derrotó con la ayuda del mago Merlín a una bruja llamada Nimue, la Reina de Sangre –Milla Jojovich-, cuyo deseo era destruir la Humanidad. Después de abatirla cortó su cuerpo en varios pedazos que fueron distribuidos por los confines del país. Ahora aguarda paciente el momento de su venganza.

Tras una acción en Tijuana y regresa a Colorado, donde Trevor Buttenholm –Ian McShane-, el padre adoptivo de Hellboy, le envía a Inglaterra para colaborar con una sociedad secreta llamada Osiris y abatir a tres gigantes ávidos de médula humana. Después de caer en una trampa consigue recuperarse gracias a Alice Monaghan –Sasha Lane-, una chica con poderes extrasensoriales a la que rescató tiempo al ser secuestrada por unas hadas. Sin embargo, el mal estaba desencadenado y Nimue ya empieza a hacer de las suyas aprovechándose de una profecía según la cual el protagonista sería la causa del fin del mundo.

Por primera vez en la pantalla, Hellboy no está interpretado por Ron Perlman. Ahora le toca el turno a Neil Marshall. Salvo que aquel tiene la voz más profunda no hay demasiada diferencia debido a los kilos de maquillajes y a la aportación de las imágenes generadas por ordenador. En su aventura estará acompañado por otros dos personajes: Ganeida –Penelope Mitchel, una bruja anciana que quiere poner coto a los deseos de la Reina de Sangre; y Ben Daimio –Daniel Dae Kim-, un agente del MI11 que puede convertirse en Jaguar cuando siente dolor.

Sin duda, esta propuesta se acerca mucho más al original literario que las de Guillermo del Toro. Este Hellboy es mucho abierto, vive en el mundo actual y no se esconde. Es irónico, de chiste fácil, aunque los vicios esbozados al principio, especialmente el que le señala como bebedor, se queda en la secuencia de entrada. Lo que pasa en Tijuana parece quedarse en Tijuana. Este chico del infierno tiene también dudas existenciales acerca de su ser y de su relación con los humanos. El desarrollo de estas vacilaciones aporta un mínimo de profundidad a un personaje que se nos antoja demasiado plano.

Incluido dentro de la categoría de súper hombres, el mundo de Hellboy es mucho más oscuro y hasta diríamos que repugnante, en relación a los personajes de Marvel o DC Comics. En lo tenebroso va mucho más allá porque el cineasta Neil Marshall ha apostado por dar un paso más allá en este sentido. Responsable de títulos de escaso calado, como Centurion, el británico ha llevado a su terreno esta producción estadounidense. Brilla más que en sus anteriores películas porque las imágenes CGI le permiten más alegrías, incluso destruir el Puente de Londres y no dejar títere con la cabeza en la catedral de San Pablo. Ofrece mucha acción, y a veces descontrolada.

No todos los efectos especiales resultan brillantes, con demasiado cartón piedra, todo lo contrario que el buen ramillete de canciones que conforman su banda sonora, incluida la aportación de la española Rosalía. Refuerzan la partitura menos interesante de Benjamin Wallfish y en su CD podemos encontrar una versión en español de Rock Me Like a Hurricane-, de los Scorpions. La secuencia final y la que se incluye tras los créditos anuncian una nueva entrega con la posible presencia de Baba Yaga, la bruja de la mitología rusa que en las novelas gráficas tiende a quedarse al margen.

From → Cine

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