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Mejor que nunca (Poms) (*1/2)

4 junio 2019

Más allá de La Macarena

Una mujer llega a una residencia de lujo para mayores con el objeto de pasar allí sus últimos días de vida. Animada por una vecina decide crear un club de animadoras pese a las reticencias de quienes tienen el control del lugar. Parece una broma hasta que, sin anunciarlo, se presentan a una competición.

En una calle neoyorquina una mujer entrada en años vende en la puerta de su casa todas sus pertinencias. Se llama Martha -Diane Keaton- y se muestra especialmente irónica. Viaja en su automóvil hasta algún lugar del estado de Georgia con la intención de instalarse en un resort de lujo para personas de la tercera edad. Dispone de tres campos de golf, boleras, piscinas cubiertas y exteriores, canchas para deportes de raqueta… Los huéspedes se desplazan en una especie de buggies de golf.

Tres mujeres encabezadas por Vicki -Celia Weston- conforman el comité de bienvenida y le advierten que todas personas allí instaladas deben de pertenecer por lo menos a un club, y si ninguno de los existentes le convence puede crear el suyo propio. Conoce al encargado de seguridad, el jefe Carl -Bruce McGill- y mientras se instala aparece su vecina, Sheril -Jackie Weaver-. Se trata de un personaje bastante entrometido y dicharachero que, cuando le pregunta a Martha por qué está allí, la protagonista le responde: he venido para morirme.

En realidad, se trata de una persona sin descendencia y con cáncer terminal de ovario que ha huido de la quimioterapia. Su sueño de juventud fue ser animadora y cuando le llegó su oportunidad lo dejó para cuidar a su madre moribunda. Al enterarse Sheril le alienta a fundar un club para esos menesteres y muy pronto encuentra el respaldo de otras seis mujeres, entre las que se incluyen Olive -Pam Grier-, cuyo marido está encantado de tener a su lado una cheerleader, y Alice -Rhea Perlman-, que comienza a ser ella cuando fallece su marido.

El debut de las chicas es catastrófico, pero Martha sabe como obligar a una de las animadoras del colegio local, Chloe -Alisha Boe- para que se implique como coreógrafa. Del sonido y las mezclas se encargará Ben -Charlie Tahan-, un muchacho tímido, nieto de Sheril, que vive oculto en su casa puesto que el lugar no puede albergar a menores de sesenta años. El equipo está al completo, aunque las dificultades son evidentes.

Estamos ante una nueva historia de superación personal que roza las aspiraciones deportivas, si es que podemos tratar como tal al grupo de animadoras cuyos bailes y cánticos dan moral a los equipos. Es una historia previsible. Tanto, que en cada secuencia adivinamos sin temor a equivocarnos lo que a suceder en la siguiente. El guion apenas ofrece novedades aparte de la ironía del personaje central, que sucumbe ante la amistad y el desenlace inevitable que le acecha. La responsable de este film británico, aunque desarrollado en Estados Unidos es Zara Hayes, que debuta en el mundo del largometraje proveniente del documentalismo.

Su trabajo es eficiente y consigue hacernos olvidar que esta historia la hemos visto decenas de veces, incluso con sus ribetes. Están las que dominan el lugar, encabezadas en este caso por Vicki, que se empeñan en que cualquier díscolo no asome la cabeza. También el romance de juventud, representado por Chloe y Ben. La lucha por desprenderse de los férreos deseos familiares también se incluye en el desarrollo, así como las mujeres que se liberan al verse libre de ataduras. Todo el conjunto se ve con agrado y, sin grandes alardes, no cae en la desidia.

Los personajes más representativos son mujeres que han pasado con amplitud los sesenta y que se muestran jóvenes en su interior. Este tipo de trabajos suele empeñarse en la moraleja de que nunca es tarde para perseguir nuestros sueños. Lo hace con optimismo, cayendo en contadas ocasiones en la debilidad de la desdicha. Temíamos la coreografía final, y afortunadamente se salva con decoro, subrayada por la partitura de Pedro Bromfman, y con un porcentaje elevado en el que, al menos, son las propias actrices quienes la ejecutan.

Hay que destacar el buen trabajo de los actores. Diane Keaton solventa con mucha profesionalidad este tipo de papeles y abarca en este caso una interesante gama de matices. Va desde la socarronería hasta la tragedia, pasando por un amplio abanico de tonos. Lástima que la hayan vestido con pantalones demasiado anchos para figura, lo que le proporciona un aspecto desgarbado. Ya no son los tiempos de Annie Hall. Jackie Weaver se lleva los aplausos con su acierto cómico y hay un último aspecto que no se puede pasar alto. Uno de los pasos, relativamente cómodo, que exhiben en la coreografía se hace viral. Ya tenemos un sustituto para La Macarena en las fiestas multitudinarias. Otra cosa es que la película tenga el respaldo popular suficiente como para que se haga popular.

From → Cine

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