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El sol también es una estrella (The Sun Also is a Star) (**)

15 junio 2019

Antes de la deportación

Una inmigrante jamaicana cuya familia está amenazada por una deportación inminente, se enamora de un joven perteneciente a una familia coreana asentada en Nueva York. Sobre la pareja gravitan varios condicionantes, desde el color de su piel hasta las tradiciones familiares y sus propias convicciones.

La clásica historia en la que chico encuentra a chica, o viceversa, tiene en la novela escrita por Nicola Yoon unas variantes que la distinguen. En este caso, la chica es negra y, como sus progenitores, es una inmigrante jamaicana. El chico nació en el seno de una familia coreana asentada en Estados Unidos, donde regentan unos grandes almacenes. Ambos son estudiantes y se encuentran en la ciudad de Nueva York, que conforma otro vértice del triángulo principal.

Natasha Kingsley –Yara Sahidi-, apasionada por la astronomía, tiene una cita importante en inmigración. Aunque ella está a punto de ingresar en la Universidad, una redada ha sido la causante de que hubieran descubierto que tanto su padre como el resto de la familia no tienen los papeles necesarios para acreditar su residencia. La deportación será efectiva en veinticuatro horas aunque un funcionario, Jeremy Martínez –John Leguizamo-, conseguirá finalmente que se dilate.

Daniel Bae –Charles Melton- es el muchacho en el que su familia tiene depositadas todas las confianzas. Es el primero de los suyos que llegará a la Universidad y tiene por delante una entrevista para conseguir la admisión en la prestigiosa Dartmouth. No está muy de acuerdo con la obligación impuesta por sus padres, ya que desea dedicarse a la poesía en vez de iniciar los estudios para graduarse como médico. En la Estación Central se fija en una chica. Se trata de Natasha, y va tras ella. Entablan conversación y él apuesta a que antes de que acabe el día ella se habrá enamorado.

No es difícil suponer cómo continúa la historia que, como todas las de su estilo, se ve salpicada de incidencias que juegan en su contra. En el caso de la chica, sufre por la deportación prevista. Por mucho que le atraiga Daniel y quiera entregarse a él sabe perfectamente que al día siguiente estará en su isla natal. El chico juega contra los designios de su familia, e incluso contra su hermano Charles –Jake Choi-, quien le ve con cierta envidia, a pesar de ser el mayor,  porque le considera más listo.

El romance crece en la ciudad de Nueva York. La cineasta Ry Russo-Young, con la ayuda del director de fotografía Autumn Durald, la eleva a la categoría de personaje. Es una urbe soleada, haciendo honor al título del filme, al tiempo que nos muestra lugares poco frecuentados por los turistas ocasionales. Aparece Central Park, pero no con sus clásicas postales. También el planetario, así como los barrios más conocidos. Se lleva la palma Roosevelt Island, una lengua de tierra entre Manhattan y Queens, a la que los protagonistas acceden en teleférico y que presenta unas vistas espectaculares. El Edificio Chrysler, y las calles vistas desde las alturas constituyen otros puntos de referencia.

Russo-Young también es la responsable de una serie televisiva, Sweetbitter, en la que Nueva York cobra un protagonista absoluto y de ello, probablemente, se ha aprovechado para ilustrar una historia de amor en la que sus protagonistas enseñan respectivamente al otro sus rincones preferidos. La puesta en escena está bastante por encima de la historia, que presenta algunos fragmentos no demasiado cuidados o que, aparentemente, entran en contradicción con otros pasajes. Tiende a que todos los personajes tengan buenos sentimientos. No se trata de presentar a buenos y malos sino que las adversidades vienen dadas por las circunstancias y no por otros seres humanos.

Se busca la originalidad en unas localizaciones diferentes, y también en el propio concepto de la metrópoli. Por ejemplo, se hace hincapié en la relación entre los coreanos y las pelucas de cabello moreno. Se ofrece más de una divulgación o lecciones didácticas aprovechándose de la voz en off para que podamos sorprendernos. En ocasiones ejerce el efecto contrario, y nos saca de situación al alejarnos del eje principal.

Cuando la relación entre Natasha y Daniel avanza es imposible que nuestra mente no traiga a primer plano Antes del amanecer. La propuesta de Richard Linklater planea extendiendo su sombra por encima de este filme. En ocasiones se puede encontrar un paralelismo, pero enseguida nos damos cuenta de que la conversación es más insustancial y que las situaciones se fuerzan por situaciones colaterales. Por eso, no hay mucho que descubrir en el interior de esta propuesta, edulcorada y hasta ciertamente facilona. Busca agradar, y lo consigue hasta el punto de que resulta difícil repudiarla. También es complicado amarla, aunque afortunadamente nos queda la Ciudad de Nueva York para perder el sentido.

From → Cine

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