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Una íntima convicción (Une intime conviction) (***1/2)

23 agosto 2019

Obsesionada con la inocencia

Una mujer que ha formado parte del jurado contra un hombre acusado de asesinato convence a un prestigioso letrado para que lo defienda después de que la fiscalía haya reabierto el caso. Ella se implica tanto que su actitud se convierte en obsesiva, dejando de lado su trabajo y su vida personal.

Los hechos que se relatan en este filme, a excepción del personaje central femenino, son rigurosamente históricos. Uno de los miles de casos de desapariciones que se acumulan en dependencias policiales sin que se haya descubierto la verdad de lo sucedido. En esta ocasión se trata de una mujer cuyo cuerpo nunca fue encontrado. Ninguna hipótesis es descartable, pero su marido fue acusado de asesinato. En un primer juicio salió en libertad, y la fiscalía ha reabierto el caso por lo que nuevamente deberá enfrentarse al veredicto de un tribunal.

Jacques Viguier Laurent Lucas- y su esposa no mantenían una relación marital. Dormían en cuartos separados y ella tenía un amante, Olivier Durandet -Philippe Uchan-. Cuando la mujer desaparece la policía sospecha del marido, que días después de denunciar el hecho, se deshizo de un colchón. Además, una canguro de sus tres hijos, Séverine Lacoste -India Hair-, declaró haber visto rastros de sangre en la bañera de la vivienda que compartían los Viguier.

Contra todo pronóstico, la fiscalía optó por reabrir el caso, pasando a depender de un tribunal de Burdeos dirigido por el juez Jacques Richiardi -François Fehner-. Ante esa situación, una mujer que formó parte del jurado en la primera causa decide intervenir. Se trata de una madre soltera que trabaja como chef en un restaurante codo con codo con su amante ocasional, Bruno -Steve Tientcheu-. Su hijo recibe clases de refuerzo de matemáticas por parte de Clémence -Armande Boulanger-, hija de los Viguier. Un argumento más para implicarse en favor del acusado y reforzar esa íntima convicción que mantiene.

Nora -Marina Foïs- contacta con un abogado de prestigio, Éric Dupont Moretti -Olivier Gourmet. Ante la negativa inicial de éste, le adjunta un completo dossier que decanta la balanza del letrado a favor de se encargue de la defensa. Aunque en ese momento desconoce que Nora fue parte del jurado la vez anterior, le pasa cientos de horas de grabaciones en poder del juzgado con el propósito de que haga una criba y seleccione las conversaciones más determinantes.

A lo largo de la vista se producen declaraciones contradictorias. Diez años después de los sucesos algunas de ellas son incluso modificadas y Nora comienza a establecer diversas teorías. Acusa al amante, e incluso llega a sospechar de un complot de éste con el marido en aras de montar un negocio juntos. Tanta es su obsesión que deja de lado a su hijo, pierde su trabajo y coloca en posición de riesgo a Bruno. Es el propio Dupont Moretti quien tiene que pararle los pies. Valora su entrega, aunque intenta convencerla de que se trata de un juicio contra Viguier y no de resolver el caso o montar pleitos paralelos que pueden llegar a intoxicar el caso. Respecto a su imaginación sobre los hechos, le recomienda que escriba novela negra.

En su debut tras las cámaras, Antoine Rimbault firma un relato consistente, siempre favorecido por la intriga que supone una propuesta centrada en una causa judicial. Lo más atractivo es que no necesita giros inesperados o testigos de última hora. Simplemente hay que estar pendientes del veredicto. Las sorpresas se producen al comparar las cintas de audio con las declaraciones de los testigos. En otros casos, es la palabra del comisario Robert Saby -Laurent Schilling- contra el padre del acusado -Roger Souza-, quien afirma que la policía le pidió que interviniera para que su hijo se declarase culpable porque, de otra forma, la pequeña Clémence terminaría siendo una prostituta y sus hermanos unos drogadictos.

En su puesta en escena, Rimbault alterna con buen sentido los escenarios para huir de la sensación de agobio. No evita cierto eclecticismo, apostando en algunas ocasiones por concentrarse en las miradas, especialmente en los ojos de una sólida Marina Foix, aunque no mantiene una línea coherente en este sentido a lo largo de la película. Procura filmar con pulcritud y tonos fríos más que atreverse con planos más arriesgados. El guion, coescrito por Isabelle Lazard está bien estructurado y se aplica en mostrarnos a los personajes centrales en toda su desnudez. Probablemente, el alegato final de la defensa sea demasiado largo. A esas alturas, después de una hora y tres cuartos, las reiteraciones parecen estar de más.

From → Cine

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