Saltar al contenido

Dora y la ciudad perdida (Dora and the Lost City of Gold) (**1/2)

1 septiembre 2019

El reclamo del oro

Los padres de Dora estiman que todavía es demasiado joven e inexperta como para que los acompañe a la selva para buscar Parapata, la ciudad de oro. Desde Los Ángeles, la joven tendrá que acudir en ayuda de sus progenitores acompañada de su primo, sus nuevos amigos y un viejo conocido de la familia.

La exploradora femenina más famosa de la pequeña pantalla ha dado su salto al cine y lo ha hecho con actores de carne y hueso, aunque en un determinado momento del filme dirigido por James Bobin rinde su particular homenaje a la procedencia televisiva cuando, los personajes principales, se convierten circunstancialmente en cartoons al atravesar un lugar poblado por una especie de flores encantadas que, en lugar de ser carnívoras, transportan a otra dimensión durante un corto período de tiempo.

Una buena idea de los guionistas, pero no la única ya que, a partir de un comienzo menos interesante y poco lúcido, terminan dando con la tecla para conseguir una historia entretenida, optimista y eficiente para el sector de público al que va dirigido. Ciertamente, los adultos pueden rechazar esta propuesta por considerarla de menor interés; sin embargo, nadie puede discutir que este trabajo no cumpla su objetivo, ni que la actriz protagonista, Isabela Moner, aporte su talento para complementarlo.

También habrá gente, sobre todo desde los adolescentes en adelante, que definan a Dora como un personaje cargante con su simpleza transportada a California desde la jungla, su perenne sonrisa y sus canciones pegadizas para que intentar convencernos de lo imposible: que la vida es maravillosa y que todo el mundo es bueno. En este caso, la mayoría de caracteres demuestra un corazón del mismo metal que la mítica ciudad que desencadena la acción y hasta los malos no parecen tan malos. Sobre todo, si tenemos en cuenta que el archi rival es un zorro.

Aunque la producción es estadounidense parece que está dirigida primordialmente al mercado latino, puesto que los padres de la protagonista, el arqueólogo Manolo Cole y la zoóloga Elena están encarnados respectivamente por Michael Peña y Eva Longoria. Además, Alejandro Gutiérrez, el explorador y profesor de la Universidad Mayor de San Marcos, teórico amigo de Manolo en sus años de estudiantes es asumido por Eugenio Derbez, el cómico mexicano que reparte su carrera entre Hollywood y su país natal.

Usualmente, la presentación de los personajes de historias transportadas desde el cómic o la pequeña pantalla suelen ser lo más atractivo hasta que lleguen los efectos visuales. En este caso es al revés. Dora crece en la jungla con la única compañía de sus padres, el mono Botas y una mochila y un mapa parlantes. Su deseo es encontrar la ciudad de oro de Parapata, pero no está preparada para acompañar a sus mayores en la aventura por lo que deciden mandarla a casa de sus tíos en Los Ángeles.

Cuando llega al instituto en compañía de su primo Diego -Jeffrey Wahlberg- se pone de manifiesto su anacronismo hasta el punto de que se relaciona con dos personajes tan desplazados como ella. Sammy -Madeline Madden- es la chica guapa, orgullosa y mandamás, aunque también el objeto amoroso de Diego. Randy -Nicholas Coombe- es el patito feo al que la mayoría denigra. Ellos acompañarán a Dora cuando sus padres han desaparecido en una aventura que asemeja la parte más infantil de Indiana Jones. Como se dice en el filme, el personaje central ya no es una niña, pero tampoco una mujer.

De esta forma se llega a la jungla, donde destaca el trabajo de Javier Aguirresarobe como director de fotografía. El español parece que está especializado en ambientes arbóreos donde la vegetación exuberante implica un grado máximo de atención y luminosidad. En esa situación importa menos que un grupo de depredadores pretendan hacerse con el oro de Parapata, donde hay más cantidad de ese mineral precioso que en todo el resto del mundo. Se referencia a los incas y a su civilización tan próspera como perdida.

La música de John Debney y Germaine Franco, así como las canciones, incrementan el optimismo que genera Dora. Los enfrentamientos pasan a un segundo plano, e incluso la aparición de la princesa indígena Kawillaka -Q’orianka Kilcher- no está desarrollada en un plano adulto. Todo se sublima en aras de contentar a los más pequeños y a los fans incondicionales del personaje de Nickelodeon. Igualmente, se destaca el papel de la amistad y de la familia, incrementada con la fugaz aparición de Adriana Barraza como la abuela de Dora.

From → Cine

Dejar un comentario

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: