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Rambo: Last Blood (-)

26 septiembre 2019

Si no fuera por John…

John Rambo está retirado en un rancho de Arizona donde cuida caballos. Cuando se entera de que la nieta de una amiga ha desaparecido tras haber cruzado la frontera de México decide ir en su busca, por lo que tendrá que enfrentarse a un peligroso cártel que domina la trata de blancas en la región.

Hay cosas que es mejor no removerlas. Y todos sabemos que algunas de ellas huelen demasiado mal. Rambo nació en el cine gracias a un personaje creado por David Morrell cuyo título original era First Blood y que en España se conoció por El acorralado. Una buena película acerca de un desarraigado a su regreso de la Guerra de Vietnam. Luego, en plena era Reagan, el personaje creció por otros derroteros, aunque idealizando al guerrero patrio sobre los enemigos extranjeros. Siempre he pensado cómo es posible que los estadunidenses tuvieran que irse de Extremo Oriente con el rabo entre las piernas teniendo en sus filas tipos así, o como los encarnados con Chuck Norris en Desaparecido en combate.

El personaje en cuestión nos legó una buena película y dos secuelas en las que primaba la acción y el modo de vida americano. Funcionaron más que satisfactoriamente en taquilla y cerraron un capítulo en 2008 con una cuarta entrega en la que John Rambo parecía reírse de si mismo, aunque sin caer en el esperpento degradante. Once años después regresa y lo hace con una historia que parece entresacada de un western de serie B en el que las únicas coincidencias con el protagonista de Acorralado son su nombre, el actor que lo encarna y el estrés postraumático que sufre y que le obliga a atiborrarse a pastillas.

Lo encontramos en Arizona, en el rancho heredado de su padre, donde cuida caballos y colabora como voluntario en actos sociales. Da pie a que intervenga en una monumental riada y comprobemos su deseo de ayudar a los demás. Vive con su familia adoptiva, María -Adriana Barraza- y su nieta Gabrielle -Yvette Monreal-. Cuando una amiga de ésta, llamada Jezel -Fanessa Pineda-, le informa de que ha localizado a su padre en México, le falta tiempo para ir a buscarlo. Nada más cruzar la frontera es secuestrada por dos miembros de un cártel, los hermanos Hugo y Víctor Martínez, encarnados respectivamente por los españoles Sergio Peris-Mencheta y Óscar Jaenada.

Al enterarse de la desaparición de la chica, John Rambo pone rumbo a México donde, tras verse con Jezel y con Miguel -Marco de la O-, el padre de Gabrielle, quien nunca se interesó por ella ni por su madre, ya conoce los enemigos a los que deberá enfrentarse. Primero, al otro lado de la frontera, luego en su propio rancho. Antes de la apoteosis, una paliza, de la que se recupera gracias a la aparición de Carmen Delgado -Paz Vega-, que se define a sí misma como una periodista independiente. En Arizona, donde ya había excavado una serie de túneles con anterioridad, prepara una serie de trampas y se aprovisiona de todo tipo de armas, desde fusiles recortados a machetes y arcos y flechas. Incluso con el Five to One de The Doors, que se incluye como un elemento de tortura.

Esta película no es una despedida confortable. Rambo no existiría en ella si no es porque Sylvester Styallone, coguionista en este caso, aporta su nombre y sus arrugas de septuagenario. Pretende hacernos creer que quien tuvo retuvo, lo que también se pone en entredicho. Para ese fin contó detrás de las cámaras con Adrian Grunberg, que ya había hecho sus pinitos en el tema con Vacaciones en el infierno. Daba igual que ese nuevo largometraje lo hubiera interpretado Mel Gibson, o incluso Arnold Schwarzenegger, Steven Seagal, Dolph Lundgren o cualquier cachas con el cuerpo castigado por los años.

En ningún caso se le hace honor a Rambo. Solo la última parte, llena de acción y cadáveres, puede estar a la altura. Y también de varias decenas de largometrajes similares. Stallone defiende su personaje, su creador lo ataca, pero le basta su nombre para atraer a una legión de espectadores que se extrañarán de inicio y se congratularán con la última media hora. De todas maneras, este no es mi Rambo, que me lo han cambiado.

El aire de western flota en el ambiente. También en la secuencia incluida en los títulos finales, que la podrían haber hecho suya John Wayne, Henry Fonda, o cualquier otro a las órdenes de John Ford. Si la taquilla responde y Sylvester Stallone aguanta, puede que haya otra entrega. En este caso, esperamos que se trate de una despedida con honores. El personaje, debido a su aureola, así lo merece

From → Cine

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