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Mientras dure la guerra (***)

27 septiembre 2019

Vencer no es convencer

En 1936 el escritor Miguel de Unamuno decide apoyar públicamente la sublevación militar que debiera de traer orden a un país muy agitado. Mientras, Francisco Franco vuela desde África con la intención secreta de hacerse con los mandos del poder, aunque para ello debe imponerse a la Junta Militar de Burgos.

Dos figuras históricas, el escritor y filósofo Miguel de Unamuno y el general Francisco Franco. El intelectual propuesto para el premio Nobel en mayor número de ocasiones se mostraba como un pensador claro, con ideas bien asentadas, pero que en el transcurso de unos meses cambió sus apoyos de la república a la dictadura. Por el contrario, el militar tenía como principal objetivo ascender a lo más alto. La trágica muerte del General Sanjurjo le allanó el camino.

En Salamanca, un día después del golpe militar, el ejército tomó la Plaza Mayor de Salamanca y, por extensión, toda la ciudad. Miguel de Unamuno -Karra Elejalde-, como cada mañana, salía a tomar café con un catedrático de izquierdas y un pastor protestante y masón -Luis Zahera-, quienes le recriminaban su abandono por la causa republicana. El escritor, que había sido despuesto con rector vitalicio de la Universidad se mostraba contundente: Yo no he traicionado a la República, la República me ha engañado a mí.

Paralelamente, Francisco Franco -Santi Prego-, Franquito el cuquito, había llegado desde África con la intención de ponerse al frente de la cúpula militar. Para ello, contaba con el asesoramiento de su hermano Nicolás -Luis Bermejo- y el impulso del histriónico general Millán Astray. Encarnado por un más que solvente Eduard Fernández. El escollo era la Juna Militar instaurada en Burgos encabezada por el general Luis Valdés Cavanilles -Tito Valverde-, pero la pertenencia de éste a la masonería no le permitiría sobresalir en primer plano. De alguna manera, Alejandro Amenábar expone de forma paralela dos mentes con distintas ambiciones ejerciendo Millán Astray como una especie de catalizador y verbo suelto a la vez.

De poco valía que las hijas de Unamuno, María y Felisa -Patricia López Arnáiz e Inma Cuevas- quisieran advertirle de los excesos de la dictadura en ciernes. Entendía, y así se ponía en evidencia, que desmanes se producían en los dos bandos y esperaba que los militares apaciguarían la deriva del país. Por eso, cuando le mencionaban el asesinato de García Lorca lo relacionaba con cazadores furtivos. Se interesó ante Franco por la suerte de sus dos amigos después de que la Junta Militar lo repusiera en su cargo. Era admirado, incluso por Carmen Polo -Mireia Rey-, la esposa del futuro dictador, quien le mostraba un profundo respeto.

A medida que se desarrollaban loas acontecimientos, con los disparos que se escuchaban en la lejanía y suponían el asesinato a sangre fría de cualquier opositor, así como la restauración de la bandera monárquica, Unamuno fue desengañándose el nuevo régimen. Por eso, en su último discurso como Rector, unos meses antes de su fallecimiento, sentenció ante los mandos militares: Venceréis, pero no convenceréis. Convencer es persuadir.

Alejandro Amenábar plantea un relato complejo y arriesgado que muestra luces y sombras. Con una gran producción, que incluyen imágenes del ataque y la defensa del Alcázar de Toledo y otras secuencias recreadas en la ficción y propuestas en blanco y negro, no se puede poner ni un solo pero a este apartado. Tampoco en el de la interpretación, donde Karra Elejalde se muestra a gran altura, soportando un maquillaje diario de cuatro horas, al igual que el resto del reparto. El cineasta nacido en Santiago de Chile propone detalles en muchos de los pasajes. Algunos prácticamente imperceptibles, que requieren un segundo visionado porque, además, la película es más trascendente de lo que en principio manifiesta.

Los personajes aparecen como caricaturizados, si bien hay que poner en el haber de Amenábar su eclecticismo. Aunque sus últimas declaraciones no parecen ayudar mucho a la publicidad de la película, el guion no carga las tintas ni tampoco se recrea en la violencia. Un par de cadáveres en una cuneta y las armas de fuego que se escuchan en la lejanía son las referencias a un horror que se multiplica con la desaparición de los opositores. Primero, el alcalde de Salamanca y a continuación los dos amigos de Unamuno.

Más que un período histórico, trata de dos personajes, tres con la inclusión de Millán Astray. Humaniza a un Miguel de Unamuno dubitativo, cascarrabias, apasionado de la papiroflexia y exigente en el lenguaje. Está mucho mejor retratado que Franco, aunque el general mostraba unas ideas mucho más firmes y ambiciosas en cuanto a su devenir. Anticipa cuestiones y conflictos actuales, ofreciendo pasajes que no deben pasarse por alto, como la alusión a los dos Españas, primero recordando a Antonio Machado y después observando un paisaje bastante yermo dividido por una pequeña corriente acuífera.

From → Cine

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