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Hasta siempre, hijo mío (So Long, My Son – Di jiu tian chang) (****)

30 septiembre 2019

China y su historia reciente

Un matrimonio sufre la muerte de su hijo cuando todavía era un crío. Creen haberlo perdido todo, pero se reconfortan con una adopción. Siendo adolescente, este desaparece y la desolación de la pareja les obliga a sumergirse en sus recuerdos. Esperan que en su vejez el dolor se convierta en algo del pasado.

En el Festival de Berlín esta película se alzó con el Oso de Plata a la mejor interpretación, tanto por parte de la coautora del guion, Mei Yong -Wang Liyun-, como de Jingchun Wang -Liu Yaojun-. Ambos representan las vivencias un matrimonio que, durante el transcurso de tres décadas, discurre paralelo a una parte de la historia reciente de China, al menos en lo que se refiere al aspecto social. Sin duda, este trabajo de Wang Xiaoshuai merecía incluso una mayor recompensa. No solo es el mejor de su carrera, sino que, por derecho propio, es uno de los filmes más apasionantes del año.

Dos niños están en la orilla de un pantano. Uno de ellos quiere ir a jugar con otros chavales de su edad. El otro no, porque no sabe nadar. Han nacido el mismo día en el seno de dos matrimonios amigos. En una secuencia posterior vemos a los padres del primero, Xingxing en otra ciudad. Se nota el paso del tiempo y su hijo, al que no se refieren como tal, reniega de ellos. Poco después, regresamos al pantano inicial en el momento en que un grupo de muchachos ad vierten que Xingxing está tendido en el agua. Lo llevan al hospital, pero no pueden reanimarle.

Los saltos en el tiempo son constantes. La película abarca un período de treinta años que relata la historia social de China, desde el control de natalidad hasta el consumismo descontrolado que representan por los padres de Haohao, el otro chico del comienzo, futuro médico, que han hecho un buen capital comerciando con bienes raíces. La propuesta, que dura tantas horas como decenios transcurren en la pantalla, podría haberse convertido en una telenovela de largo recorrido con sus abortos, amoríos y embarazos extraconyugales -Ai Liya-, así como situaciones melodramáticas. El magnífico guion y la templada puesta en escena, que huye de colores crudos, unido a la magnífica interpretación, hacen de esta propuesta un placer para los sentidos.

Wang Lyun y Liu Yaojun sufren, aparte de la pérdida de su hijo, el cierre de la fábrica en la que trabajaban porque ya no es operativa. De poco sirve que hayan sido nombrados ciudadanos excepcionales. Irán con su dolor a un nuevo destino y luego a otro. Se asientan donde no conocen a nadie y nadie los conoce. Ni siquiera hablan el dialecto local. Como bien dice el hombre, hace mucho que el tiempo se paró para nosotros. Ahora solo nos queda envejecer. Después de los reveses de la vida esperan hacerse lo suficientemente viejos como para que sus recuerdos más dolorosos se pierdan en la nebulosa del pasado.

Las secuencias saltan hacia adelante y hacia atrás en el tiempo. En cada una de ellas se ofrece un nuevo dato con el que el espectador compone en su mente un perfecto rompecabezas. El matrimonio perdió a Xingxing, pero lejos de quedarse solos, la adopción era una salida. Xing Liu -Wang Roy- pasa a formar parte del núcleo familiar. Se trata de un chico difícil, introvertido, que termina renegando de ellos y marchándose de casa.

¿Podrán reconfortarse cuando regresen a su ciudad natal al enterarse de que su viejo amigo, Yingming Shen -Cheng Xu-, el padre de Haohao, se está muriendo? Allí se reencontrarán con Moli Shen -Qi Xi- y con el controvertido y represaliado Xinjian Zhang -Zhao-Yan Guo-Zhang. Lo harán en una localidad que desconocen, y en la que se notan las huellas del progreso en sus calles y rascacielos. Los colores grisáceos ayudan a entender que los protagonistas afirmen que hacía tiempo que no pasaban tanto frío.  También existe un fragmento del pasado que deben conocer y que afecta a su hijo Xiangxiang y por ende a propia vida.

Los secretos, los temores y el dolor se describen de forma magistral. Escena por escena se van desgranado y nos atrapan. Entendemos perfectamente las diferentes etapas por las que atraviesas los miembros de un matrimonio cuyo único consuelo es el paso del tiempo. En apariencia, un galimatías narrativo que es perfectamente coherente. Un efecto mariposa que cobra toda su lógica en el entendimiento del espectador quien, al final, como los protagonistas, ven un resquicio de luz. ¿No es raro que aún tengamos miedo de morir?

From → Cine

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