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Una pequeña mentira (Fourmi) (**1/2)

1 octubre 2019

Todo por el fútbol

Théo juega muy bien al fútbol y un ojeador inglés acude para verle en vivo. Es la ocasión para que su padre salga del bache en el que lleva inmerso desde dos años atrás. El británico considera que es demasiado bajito, pero él se las apaña para hacer creer a todos que le ficharán en las próximas semanas.

El fútbol y el cine no casan demasiado bien, aunque hay excepciones que confirman la regla. Esta producción se centra en un muchacho llamado Théo -Mañeaume Pquin- y apodado Fourmi -hormiga-, por su mejor amiga, Romane -Cassiopée Matance-. En una pequeña localidad de provincias destaca su irascible padre, Laurent -François Damiens-, que ve en su hijo a un campeón. Él no puede decir lo mismo. Divorciado, sin trabajo, vive en casa de su tía abuela y está ahogado en alcohol, preferentemente en el bar de su amigo Banal -Didier Brice-.

El técnico del equipo, Claude -André Dussollier- siente lástima por Laurent y un día le confiesa que en el próximo partido habrá un ojeador del Arsenal londinense para ver en acción a su hijo. Es un punto de optimismo para el adulto. Sabe que su ex esposa, Chloé -Ludivine Sagnier- acaba de encontrar trabajo y vive desde hace unos meses con su nueva pareja, por lo que él sería el indicado para acompañar a su hijo a Inglaterra. Para ello, debería que convencer al juez de que está rehabilitado y tendría que contar con el informe favorable de la asistenta social, Sarah -Laetitia Dosch.

Desde que dos años atrás se divorciara, Théo no había visto a su padre tan ilusionado, por lo que urde una pequeña mentira que se va transformando en una gran bola de nieve. Afirma que los ingleses le han seleccionado y pronto tendrá que ir a la escuela de los gunners. Con la ayuda de sus amigos, Karim -Ismaël Dramé- y Max -Pierre Gommé-, un experto hacker que padece agorafobia se preocupa de que no haya cabos sueltos en su patraña. Con la perspectiva de que se hijo pueda triunfar como futbolista, Laurent deja la bebida, encuentra trabajo gracias a la ayuda de la asistente social, quien cada día se le muestra más cercana, y dispone de su propio apartamento.

En el pueblo, la noticia causa una inusual efervescencia. Banal decora su establecimiento con predominancia del color rojo y al presidente del club le llegan propuestas de nuevos patrocinadores. Todos los convecinos hablan de Théo como una futura estrella del balompié y están felices de que su pequeña ciudad haya dado una figura de esas características. Llega un momento en que la mentira ha adquirido unas dimensiones demasiado considerables. Te van a pillar, le dicen al protagonista sus amigos, pero Max piratea correos e incluso cuentas bancarias para que su único colega sigua alimentando la ilusión.

La historia está entresacada de un cómic de autoría española, Dream Team, original del artista gráfico Mario Torrecilla y de Artur Laperla, seudónimo de Artur Díaz Martínez. La adaptación cinematográfica corrió a cargo de Julien Rappeneau en un trabajo que consigue mantener a flote por mucho que en ocasiones parezca que puede derrumbarse. Más que comedia dramática es un drama familiar, que trata sobre las consecuencias de un divorcio o de como el fútbol es un aliciente principal de la sociedad actual. El almibarado desenlace no le concede más puntos por mucho que deje más satisfechos a los espectadores.

Lo que se cuenta es agradable y el director mueve la cámara de la forma más ortodoxa posible, sobresaliendo la habitación en la que a veces se dan cita Théo y su amiga Romane. Las secuencias de fútbol, escasas y obligadas, no ofrecen ningún detalle especial y hasta podría decirse que, dentro de una línea general próxima al notable, aprueban por los pelos. Destacan las buenas interpretaciones, en especial la de un convincente André Dussollier y de la reafirmación del pequeño Meleaume Paquin.

Nos gusta menos el intento de dotar a cada personaje de una característica especial. Théo y sus mentiras piadosas sufre porque su padre es alcohólico, Banal se apoda así por sus sentencias vulgares, Max sufre cuando se enfrenta a los espacios abiertos… La palma se la lleva Antoine -Sébastien Chassagne-, el personaje más inconexo. El entrenador Laurent lo incorpora como segundo sin que tenga ni idea de fútbol y pese a que únicamente se interesa por la repostería. A cambio, su jefe se hace notar por recurrir a célebres frases de ex futbolistas que le ayudan a que sus jugadores entiendan mejor sus propuestas. De esa forma recuerda a Pelé, John Cruyff y Éric Cantona.

From → Cine

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