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Día de lluvia en Nueva York (A Rainy Day in New York) (***1/2)

11 octubre 2019

Viaje en clase turista

Dos universitarios llegan a Nueva York dispuestos a pasar un fin de semana por todo lo alto. El acaba de ganar veinte mil dólares jugando al póker y ella va a entrevistar para el periódico del campus a un director de cine de gran prestigio. A lo largo de una jornada caótica se verán envueltos en diversos incidentes.

La última película filmada por Woody Allen antes del rodaje que llevó a cabo en San Sebastián ve por fin la luz. Primero fue en Polonia, y ahora le toca el turno a Italia y a España después de que Amazon hubiera roto unilateralmente el contrato de producción de cuatro largometrajes por la acusación de acoso sexual hace un cuarto de siglo por parte de Dyla, la hija de Mia Farrow, cuando contaba siete años. La Gran Manzana vuelve a ser el epicentro de su trabajo, que esta vez se abraza a la comedia romántica.

Gatsby Welles –Timothée Chalamet- y Ashleigh Enright- estudian en una Universidad al norte de Nueva York. Son novios y se les presenta la ocasión de pasar un fin de semana en Nueva york porque ella tiene una entrevista con un afamado director cinematográfico Rolan Pollard –Lieb Schreiver- para el periódico del campus. La chica procede de Tucson, Arizona, donde su padre es propietario de varios bancos. Estuvo en la isla cuando tenía dos y doce años, por lo que está ilusionada por su trabajo y porque su enamorado le enseñe la ciudad.

El chico no sabe qué hacer con su vida. Tiene un coeficiente intelectual alto, pero le gusta el submundo. Sus padres gozan de una posición económica privilegiada y no quiere acudir esa noche en la que llegan a Manhattan a la fiesta anual que convoca su madre –Cherry Jones-, quien le inculcó su interés por el arte, que considera sofisticada y poco estimulante. Acaba de ganar veinte mil dólares jugando el póker y ha reservado una suite en un hotel exclusivo, así como el almuerzo y la cena en restaurantes de lujo. A él le interesa el piano, especialmente los clásicos norteamericanos del siglo XX y una serie de artistas poco habituales entre las preferencias de sus congéneres.

Los dos enamorados se separan momentáneamente para que ella se encargue de la entrevista. Pollard le revelará secretos que no quiere compartir con la prensa del corazón, aunque toda prensa no eluda el amarillismo, conocerá al guionista Ted Davidoff –Jude Law- en una jornada en la que advierte que su esposa –Rebecca Hall- le engaña con su mejor amigo- y también al galán Francisco Vega –Diego Luna-. El primero la quiere por su espíritu, el segundo la desea para su inspiración y el tercero únicamente ansía su cuerpo.

En el caso de Gatsby, encontrándose solo, se encontrará con antiguos compañeros, visitará a su hermano y se relacionará con Shannon –Selena Gomez-, hermana pequeña de un antiguo amor. Ella también tiene interés en el arte y el universitario cambiará el MOMA por el MET antes de presentarse en su casa paterna acompañado de una prostituta de lujo –Annaliegh Ashford-, a quien hace pasar por Ashleigh.

Las nubes grises sobre la ciudad arrancan en lluvia para poner de manifiesto las diferencias entre unos u otros personajes. Hay quien prefiere los días soleados y el estatus quo, mientras otros son felices con la lluvia y el trajín de la gran urbe. Woody Allen sigue mostrándonos rincones escondidos de Nueva York, como el reloj con los elefantes que se encuentra en Central Park y que le ayuda a evocar los filmes clásicos que flotan en el ambiente durante toda la proyección. Aprovecha para mostrar su particular acidez entre diálogos chispeantes. El Soho era lugar de encuentro de artistas, intelectuales y bohemios. Con el incremento de precios, se fueron a Tribeca. Al ocurrir lo mismo, se trasladaron a Brooklyn. En cuanto a Manhattan, sigue manteniendo la cima.

El tiempo vuela, y lo hace en clase turista, sostiene el autor, que han encontrado en la sensibilidad resquebrajada de Thimothée Chalamet el intérprete ideal para su discurso. No es tan gracioso como en sus comedias más destacadas, aunque mantiene su genialidad como director y su habilidad para contar en hora y media una historia que a otros le llevaría el doble. Condensa como pocos, aunque esta vez muestra algunos clichés, como la periodista novata, rubia y que se deja deslumbrar a la más mínima ocasión.

Su protagonista masculino es un canalla en ciernes. Necesita ir al psicoanalista por su indefinición ante el futuro, pero en el presente es acorde con su juventud y tiene las ideas muy claras a pocas horas vista. También Allen viaja en turista en esta ocasión con respecto a su filmografía, lo que significa que nos presenta una buena película, pero no un trabajo magnífico o deslumbrante. A cambio, sus personajes están dibujados con esmero, especialmente en sus dudas, lo que suele ser habitual en él. Su largometraje es nostálgico y autocomplaciente. Se centra en su gusto artístico y hace que todo gire en torno a él y a Nueva York, especialmente Manhattan, a la que considera como ombligo del mundo.

From → Cine

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