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Abominable (**)

12 octubre 2019

Viaje al Everest

Una adolescente encuentra en la azotea del edificio donde vive a un joven yeti que se ha escapado de su cautiverio y es buscado con ahínco por toda la ciudad. Tras convertirse en amigos inician un viaje desde Shanghái al Everest, el lugar donde la criatura desea reunirse con los suyos.

La colaboración entre la compañía estadounidense Dreamworks y la china Pearl Studio ha dado como resultado una producción animada, de gráficos hechos por ordenador, que dista mucho de sus propuestas anteriores, Pingüinos de Madagascar, la tercera entrega de Kung Fu Panda, o la segunda de Como entrenar a tu dragón. Precisamente, sus responsables, Jill Culton y Todd Wildermann, proceden de estas dos últimas producciones. Con la pretensión de ser lo más políticamente correctos posible, el guion resulta mucho más plano e insulso que las anteriormente citadas.

Un joven yeti se escapa de donde está confinado en la ciudad de Shangái y se refugia en la azotea de un edificio en el que vive la heroína, una adolescente llamada Yi.  Se trata de una adolescente que toca el violín y se desempeña en diversos trabajos basura con la intención de hacer el viaje a través de toda China que había planeado con su padre recientemente fallecido. En un momento de melancolía en el que intenta aislarse consigo misma encuentra a la criatura, que está herida, y es buscada por todo un ejército, que incluye la utilización de helicópteros.

Tras restañar su herida, los dos personajes se hacen amigos, y la intención de Yi, ayudada por sus vecinos, el tierno Peng y el presumido Jin, por el que siente un interés amoroso, es devolver al peludo ser a su hábitat natural, en la montaña más alta del planeta. Por su ansia de regresar a él lo bautizan con el nombre de Everest y juntos inician un viaje de casi cinco mil kilómetros mientras son perseguidos por las fuerzas paramilitares de un coleccionista de animales llamado Burnish y una ambiciosa zoóloga, la doctora Zara.

El diseño de los personajes está bastante logrado. El pequeño y peludo yeti es un encanto, aunque la figura de Yi destaca sobre todos los demás. No muestra rasgos decididamente orientales, pero entre las cejas y su caída de ojos presenta un toque exótico capaz de agradar tanto a los espectadores occidentales como a los orientales. Los gráficos, especialmente los de la abigarrada ciudad, muestran un nivel alto de ilustración, pero descienden a un nivel muy inferior en bastantes ocasiones, cuando se opta por fondos prácticamente vacíos.

La aventura no lo es tanto. Apenas hay emoción si exceptuamos un pasaje no demasiado extenso en su parte final. Los diálogos son bastante sosos y hasta se echan de menos algunas líneas de humor que casi siempre acompañan este tipo de producciones. Se busaca más la ternura que el conflicto y de ello se resiente en líneas generales esta producción. Hay un par de momentos especialmente atractivos. En una secuencia entretenida unos arándanos gigantes persiguen a los protagonistas, quienes disfrutarán en otro momento de unos dientes de león de gran tamaño con los que se desplazan por el aire.

A cambio, parece que no se sabe cómo salir de ciertos atolladeros y por ello le conceden a Everest unas cualidades especiales que tienen que ver con su dominio de la naturaleza. De esta forma consigue modificarla a su antojo con unas intervenciones que asemejan a auroras boreales y les permiten, por ejemplo, montarse en unas nubes como si fueran delfines de algodón. Sin embargo, todo ello está inconexo. Da la sensación de que se han mezclado hallazgos y secuencias bastante sosas sin una mayor reflexión.

Encontramos más atractivo en la sensibilidad de Yi y la utilización de su violín a lo largo de toda la proyección. El cine de animación se ha convertido en los últimos años en un referente. Se presenta un número de elevado de películas cada año y las ideas parece que comienzan a escasear porque en Abominable encontramos una amalgama de títulos precedentes que en ningún momento los mejoran. Nuevamente aparecen dos referencias que acompañan indefectiblemente a este tipo de largometrajes. Por una parte, la exaltación de la amistad, que en este caso queda más diluida; y, por otro, el deseo de resaltar la importancia de la ecología entre los más pequeños. Esta es la vertiente más significativa y la mejor tratada. Se rubrica con imágenes muy sugerentes y tan bien estructuradas como las referidas a la ciudad. Pero el resultado final es mucho más aburrido de lo esperado.

From → Cine

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