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Secretos de estado (Official Secrets) (***)

23 octubre 2019

Todo por la guerra

Mientras los altos dignatarios de Estados Unidos e Inglaterra maniobran para iniciar la guerra de Irak, una traductora de una oficina de alto secreto de Londres filtra un mensaje codificado que deja en mal lugar a la Casa blanca. Cuando los hechos salen a la luz es acusada de romper el Acta de Secretos Oficiales.

La guerra de Irak sigue proporcionando historias para la gran pantalla y ahora le toca el turno a un guion basado en hechos reales que relata como una traductora de un departamento de alto secreto filtró una noticia que pudo haber evitado el conflicto. Un enfrentamiento en el que nunca se encontraron armas de destrucción masiva, la excusa para una contienda que buscaban el presidente George W. Bush y el Primer Ministro Tony Blair para incrementar sus índices de popularidad.

Basada en un libro escrito por Marcia y Thomas Mitchell, el sudafricano Gavin Hood comienza con una intrigante pregunta que abre el telón del thriller.  Una mujer llamada Katharine Gun –Keira Knightley- es acusada de romper el Acta de Secretos Oficiales que Margaret Thatcher había modificado después del ataque al buque argentino Belgrano. El juez le cuestiona si se declara culpable e inocente. De esta forma, retrocedemos prácticamente un año antes, a 2003, cuando ella era traductora del Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno Británico (GCHQ)-

Como por la del resto de sus compañeros, pasó por sus manos pasó un comunicado de la NSA norteamericana en la que se instaba a espiar a los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas con el objeto de que respaldaran el inicio de las hostilidades. Se abren entonces dos frentes principales. Katharine llega a confesar su culpabilidad y asistimos a los reveses que sufre por parte delos estamentos oficiales, afectando incluso a su esposo, Yasar –Adam Bakri-, un inmigrante ilegal que corría el riesgo de ser deportado. Finalmente, recurre al respaldo de Ben Emmeron –Ralph Fiennes-, un abogado experto en derechos humanos.

El otro punto de referencia tiene que ver con miembros destacados de la plantilla del diario británico The Observer. Una vez más, la prensa tiene que salir al rescate en un trhiller político. Solo por esta parte, muy superior al resto, merece la pena ver esta película. El periódico se había alineado con la tesis oficialista y estaba a favor de la guerra por mucho que dentro de su redacción algunos reporteros cualificados sostuvieran lo contrario.

El más crítico fue Martin Bright –Matt Smith-, al que le llegó la comunicación secreta que da origen a esta propuesta. Inmediatamente, fue desacreditado por los principales medios norteamericanos, aunque él contaba con el apoyo de Peter Beaumont –Matthew Goode-, que terminó de enviado especial a Irak, y de un espíritu libre como Ed Vullamy –Rhys Ifans- quien, desde Estados Unidos, aportó interesantes detalles para continuar la investigación.

El oscarizado Gavin Hood –Totsi- ha dejado en sus anteriores largometrajes rasgos evidentes de su buen hacer, principalmente en otro filme del mismo género, Espías desde el cielo. El arranque de Secretos de Estado es muy atractivo, y el desarrollo mantiene una línea elevada, aunque la periodística es más dinámica y proporciona mayor intensidad al conjunto. Inserta con precisión y habilidad imágenes de archivo en las que aparecen los dos líderes políticos mencionados arriba, aunque no se advierten en los monitores respetivos las cadenas de referencias, CNN o similares.

El valor intrínseco de esta producción, refrendada con colores fríos y tonos preferentemente azulados u ocres, es cuestionar si se debe mantener un secreto de Estado aunque afecte a la población. En este caso, se enfrenta la violación de un mensaje codificado al engaño que su no difusión pueda suponer. Katharine Gun sostiene que sacando a la luz el comunicado de alto secreto no iba contra su Gobierno sino que ayudaba a sus compatriotas a esclarecer los hechos.

La propuesta es eficiente y el suspense se mantiene en alto hasta que a falta de diez minutos se echa por tierra buena parte de lo conseguido. El desenlace lacrimógeno le hace un flaco favor a una historia que hasta el momento se mantenía a buen nivel hasta que se ha buscado enternecer al espectador. Se trata de unas secuencias que huelen a falso y a naftalina que bien pudieran haberse ahorrado, como las imágenes reales de la protagonista, evidentemente rubia, muy alejada del moreno absoluto que muestra el personaje encarnado por Keira Knightley.

From → Cine

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