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Hitler’s Hollywood (****)

26 octubre 2019

Propaganda subliminal

Durante el nazismo se produjeron en Alemania más de un millar de películas. Las menos constituían un evidente vehículo de propaganda mientras que la gran mayoría incluía sus mensajes integrados en la ficción. Este documental repasa esa época en la que se afianzaban los valores propugnados por el régimen.

Después de un par de trabajos para la pequeña pantalla, el documentalista Rüdiger Suchsland adaptó el libro escrito por Siegfried Kracauer en 1947 con el título De Cagliari a Hitler. Ahora, el propio cineasta insiste con una propuesta original que repasa las producciones germanas en la era de la propaganda; es decir, entre 1933 y 1945. En total, más de un millar de filmes y la aparición de nombres importantes, como Greta Garbo y un tal Detlef Sierck, quien en su etapa norteamericana sería conocido por el nombre de Douglas Sirk.

No se puede entender esa época sin mencionar al todopoderoso Joseph Goebbels. Toda la propaganda del régimen nazi pasaba por su mente, especialmente el cine, que consideraba un vehículo primordial para que su mensaje calase entre la población. En cierto modo, podríamos definirlo como el primer gran influencer. Además, el séptimo arte suponía el entretenimiento preferido de Adolf Hitler, quien se inclinaba por las aventuras de Mickey Mouse, los musicales y los largometrajes de Frank Capra. Un motivo más para instaurar en Berlín una especie de Hollywood a su manera. De ahí la recuperación urgente de los Estudios UFA.

En 1933 fue el año en que se inició el control absoluto. Para entonces ya se habían marchado figuras como Fritz Lang, F.W. Murnau y Marlene Dietrich. Después huirían otros como el mencionado Sirk. Quedaron actores muy reconocibles, que hubieran podido hacer una carrera importante en una cinematografía más universal. Principalmente, Ilse Werner y Gustaf Gründgens. La pasión por incluir figuras procedentes del exterior fue la causa por la que desfilaron principalmente intérpretes escandinavas. Por ejemplo, Greta Garbo, quien rodó un largometraje en Berlín. En esos parámetros se inscribe la presencia de profesionales españoles durante aquella época.

El trabajo de Rüdiger Suchsland es exhaustivo y sus conclusiones claras. Especialmente, se abogaba por historias preferentemente con final feliz en las que se concediese un valor especial al individuo que se integra en el colectivo. Morir por la patria se aceptaba como una acción especialmente noble y era otro de los temas recurrentes. Aunque el sentido del humor no era una de las piedras angulares entre las producciones del régimen, sí que deberemos valorar los musicales, las cintas de acción militar y los melodramas románticos. Constituyeron los géneros más fuertes, e incluso en bastantes ocasiones se advierte en ellos una sofisticación técnica de vanguardia.

El mensaje estaba integrado en el guion, y Goebbels lo controlaba todo. Tampoco hemos de obviar los títulos que no ocultaban en ninguna secuencia su carácter propagandístico. En Jud Suss, el Ministro para la Ilustración Pública del III Reich ordenaba directamente la matanza de judíos. El propio Hitler también ordenó diversas producciones, aunque menos. En la reconocible El triunfo de la voluntad, de Leni Reifenstahl, exaltaba el mitin de Nurenberg, en 1934, que significó la consolidación de su pensamiento entre el pueblo. Un momento crucial de la historia en el que se cimentó su culto.

Lejos de las intenciones de todo este tipo de películas, el documental es un privilegio en sí mismo. El período que abarca se circunscribe como parte a tener en cuenta en la historia del cine. Lo que persigue las producciones de la época es casi siempre repugnante, pero no se puede ocultar que la fórmula empleada consiguió sus propósitos y que una parte significativa de aquellos títulos aportaron un bagaje técnico importante. Según el propio autor, el régimen creó un mundo artificial perfecto, repleto de finales felices, sonrisas forzadas, la exaltación de la camaradería y el amor a la patria.

En ensayo tiene un lugar reservado en la historia del cine. Lo que pone los pelos de punto es comprobar como la técnica y la belleza de algunas secuencias se ponían al servicio de una filosofía deleznable. La propaganda como forma artística propugnada por Goebbels identificaban la democracia con el caos, y solo el nazismo traía la paz. Sus obras de ficción llegaron  al punto de justificar el genocidio suicidio o el asesinato de personas discapacitadas. Y no eran guiones de terror algo que, por otra parte, tampoco serviría para disculparlos.

From → Cine

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