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La trinchera infinita (****1/2)

1 noviembre 2019

La guerra de los treinta años

Higinio hace pocas fechas que se ha casado con Rosa cuando estalla la Guerra Civil. En el pueblo es el alcalde previamente amenazado quien toma el control y, con ayuda de la Guardia Civil lleva a cabo una purga. El protagonista logrará sobrevivir en una oquedad excavada en su vivienda.

Para muchos, ha sido la ganadora moral del último festival de San Sebastián, pero tuvo que conformarse con la mejor dirección y el mejor guion. Después de Handia, que se alzó con diez Goya, Jon Garaño y Aitor Arregi han vuelto a dar en la diana. Esta vez, con la ayuda de José Mari Goenaga, quien ya había firmado con el primero la más que interesante Flores. Han dejado el País Vasco para irse a Andalucía y efectuar un relato realista y doloroso que arranca con el comienzo de la Guerra Civil.

Higinio –Antonio de la Torre- y Rosa –Belén Cuesta- hace poco han contraído matrimonio y él está en el punto de mira de los vencedores. Si lo encuentran, le espera el pelotón de fusilamiento. La historia se basa en un hecho real, el de Manuel Cortés, que fue alcalde de Mijas durante la II República. Con el triunfo de Franco, se vio obligado a recluirse en un hueco excavado en su propia casa durante treinta años. Exactamente, hasta que en 1969 el Gobierno de la dictadura promulgó un decreto por el que prescriba cualquier delito cometido antes de que concluyese la contienda.

Como él, salieron otros muchos después de treinta años ocultándose para salvar su vida. En Los topos, un libro escrito por Jesús Torbado y Manu Leguineche se hace referencia a la figura de esos hombres. Higinio, como Manuel, quería volver con su esposa. Después de ser detenido y transportado en un camión con destino a un final trágico logra escaparse y en lugar de huir a los montes regresa a casa para encontrarse con Rosa. El cerco se estrecha y de ha de refugiarse en un hueco excavado a la altura de un escalón, debajo de las tinajas de su humilde vivienda.

Antes del estallido de la guerra, el protagonista no había movido un solo dedo por liberar a un familiar del actual alcalde, quien ahora desea devolverle la moneda. Los registros en el hogar de Rosa son frecuentes y le obligan a tener la puerta abierta. La opresión es tal, que el fugitivo decide esconderse en casa de su padre, en un lugar más holgado y pensando que nadie desconfiaría. Da lugar a una escena conmovedora, cuando hincha sus pulmones a la vita del espacio abierto. Aun le restan casi treinta años de reclusión forzada.

El guion es tan impresionante como dolorosa. Se trata de una historia que te pone un nudo en la garganta y te asfixia. La puesta en escena está pensada milimétricamente, y no se les puede achacar nada a sus responsable, si bien no alcanza la altura del texto. Bien es verdad, que las casi dos horas y media de traje inciden en que se produzcan algunas reiteraciones que podrían haberse eliminado. Aun así, estamos ante una película de primer orden, que roza la obra maestra y muestra dos actuaciones espléndidas.

Los tres autores del filme se han llevado la historia a la zona en que tuvo lugar el hecho real que retratan libremente. Esa Andalucía rural está perfectamente retratada, y también el acento. Tanto Antonio de la Torre como Belén Cuesta, así como la totalidad del reparto, se esfuerzan por hablar con el deje característico del lugar. Es otro de los aciertos de una puesta en escena que ratifica la solidez del actor principal y eleva a la misma altura, sino la supera, la actuación de la primera actriz, Ellos hacen más creíble todavía la dura y calculada narración que se muestra en la pantalla.

Hay mensajes de muchos signos. Está claro que Higinio es una víctima de la represión franquista. Con anterioridad, los ahora verdugos estaban en el punto de mira de sus enemigos. Ninguno de los dos bandos puede presumir de tener las manos limpias o de ser menos vengativo que el otro. Ver la guerra por dentro y desde un punto de vista tan dramático, es una herida punzante que penetra a cada plano. Estructurada en capítulos, consigue que la soledad de un hombre encerrado por voluntad propia sea compartida por los que tiene más cerca.

Conforme avanza en el tiempo, se vuelve más perezosa. La angustia provocada por la mirada cautiva del protagonista se torna menos impactante. Al fin y al cabo, se ahonda en la supervivencia de un ser humano. Alguien que puede ser considerado un cobarde o un valiente. Lo suficiente para mantener viva la ilusión de su familia o para destruirla. El relato, en fin, de un enterramiento en vida, claustrofóbico y perturbador. A su paso, deja secuencias para el recuerdo, como el pasaje en el que Rosa le describe a su marido como es el dictador Francisco Franco.

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From → Cine

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