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La casa del terror (Haunt) (1/2)

13 noviembre 2019

Un escape room mortal

En la noche de Halloween seis amigos deciden entrar en una casa que promete experiencias extremas y en la que, sobre el papel, se encontrarán que una serie de actores que los atemorizarán. La aventura se transformará en una trampa mortal y pronto advertirán que sus vidas corren peligro.

Una sensación de contrariedad te invade cuando te encuentras con una idea que puede resultar muy gratificante y que se estropea porque sus autores eligen el camino más fácil y recurren a clichés que han funcionado en anteriores propuestas. Esto es lo que sucede con este filme de Scott Beck y Bryan Woods, cuyo único trabajo anterior, Nightlight, se circunscribía dentro del mismo género. Entonces, recurrían a la técnica del metraje encontrado, sin que aportaran nada interesante.

De nuevo firman una producción de bajo presupuesto. Una serie B con más ínfulas que la anterior y que nos lleva a un pasaje de terror que aúna ciertos aspectos de Saw con una galería de monstruos míticos del género, como el villano de Scream, Pinehead o Pennywise, el payaso. No llega a ser un tremendo slasher, como la de James Wan, y tampoco es capaz de encontrar la originalidad entre personajes con caretas que no se sabe a ciencia cierta de donde vienen ni a donde van.

El primer tópico es el de la estudiante que no quiere ir de fiesta. Se trata de Harper -Katie Stevens-, quien a regañadientes acepta salir de marcha la noche de Halloween impulsada por su compañera de cuarto, Bailey -Lauryn Alisa McClain-. La protagonista acaba de romper con su novio y encuentra en la discoteca de turno a Nathan -Will Britain-, a quien se acerca desde el primer momento. Los otros tres amigos con quien comparte la noche son Angela -Shazi Raja-, Nallory -Schuyler Helford- y el cachas Evan -Andrew Caldwell-.

Juntos deciden buscar nuevas aventuras y aparcan junto a una casa aislada, situada al pie de la carretera, en la que se prometen emociones fuertes y la oferta de explotar sus miedos más profundos. De esta forma se adentran en una especie de pasaje del terror en el que uno de los personajes sufrirá de inicio un supuesto ataque de arañas que caen del techo. No hay nada más que sensaciones. Se ven obligados a entrar en una primera habitación en la que se encuentran nuevos problemas.

Desde ese momento, asistimos a un corta y pega que nos suena a ya visto. Muy pronto se darán cuenta de que la casa no es un divertimento sino una trampa mortal. Han dejado sus móviles a la entrada, y los inquilinos saben dónde viven y quienes conforman sus respectivas familias. Por allí aparecen el fantasma, el payaso, la bruja, el vampiro, el diablo y el zombi. Los animosos jóvenes tendrán que superar una serie de jueguecitos llevados al límite y la posibilidad de ser asesinados por el tridente del diablo, la escopeta accionada por un mecanismo cuando se intente escapar, o un arma blanca de considerables dimensiones.

Se desconoce porque los habitantes de ese siniestro lugar se comportan de esa forma. Parece ser que pretenden despellejar el rostro de quienes se acerquen hasta allí o levantarles la cara con un gancho. Tampoco sabemos si han tenido clientes anteriores, ni existe ninguna leyenda urbana acerca del lugar o de posibles desapariciones. Por lo que se refiere a los agresores, su comportamiento es más torpe que cualquier zombi de una película de género, lo que ayuda a una sensación de lentitud muy poco apropiada para este tipo de producciones. Dura hora y media, aunque parezca lo doble.

Scott Beck y Bryan Woods no han buscado la originalidad y mucho menos se han preocupado por ciertos detalles que resultan especialmente llamativos. Por ejemplo, Harper se clava en la planta del pie una punta de grosor considerable y de una longitud extrema, pero solo cojea en determinadas ocasiones y en otras corre como una gacela. Pretende asustar desde el primer momento, cuando el ex novio de la protagonista lanza una calabaza a la puerta de su casa, pero el montaje no colabora ni tampoco la partitura del dúo de música experimental Tomadandy. Los amantes del género se entretendrán, aunque no descartamos que muchos de ellos la encuentren aburrida.

From → Cine

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