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Los miserables (Les Misérables) (***1/2)

20 noviembre 2019

Revolución en los extrarradios de París

Un nuevo policía se incorpora a la Brigada de la Lucha contra la Delincuencia en un distrito marginal de París. Se encuentra con dos compañeros más experimentados que saben cómo desenvolverse entre la tensión de unos vecinos pertenecientes a distintos grupos organizados. La violencia acecha en cada esquina.

Partiendo de un documental del mismo título, ganador del Cesar, Ladj Ly ha firmado su primer largometraje de ficción que se ha visto recompensado con el Premio Especial del Jurado en Cannes y con dos nominaciones a los galardones europeos. El título, que evoca la obra más reconocida de Victor Hugo, tiene como concomitancias con el texto literario la fortaleza que esgrime la juventud y el lugar en el que se desarrolla, un banlieu o barrio marginal situado a diecisiete kilómetros de París. En este caso, Montfemeil, una barriada en la que habitan más de veinticinco mil personas, la mayoría procedentes de la inmigración. En ella se ubicaba la posada de Thénardiers en el texto literario.

A la Brigada de la Lucha contra la Delincuencia de la zona se incorpora Stèphane -Damien Bonnard-, apodado Gomina, que procede de una ciudad menos conflictiva. En su recorrido por el barrio es adiestrado por sus dos compañeros, Chris -Alexis Manenti- y el debutante Gwada -Djibril Zonga-. Los tres conocían sus respectivos papeles tras haber conformado el eje del documental. De paso, conocemos las dos bandas rivales que pugnan por el control del barrio. Ambas sostienen distintos puntos de vista acerca de su lucha contra la autoridad, siendo Salah -Almamy Kanouté-, propietario de un establecimiento, el menos agresivo en apariencia. No en vano se trata de un exdelincuente reconvertido.

Ladj Ly, nacido en Malí, se crio en uno de los banlieu parisinos y su texto posee un marcado carácter autobiográfico. Considerado como una de las grandes esperanzas del cine galo, se trata de un activista que sigue viviendo en un barrio marginal. En su recorrido por las calles del suburbio conocido como Les Bosquets efectúa un retrato creíble en el que la tensión se masca a cada instante. Los hechos se precipitan cuando alguien roba de un circo un cachorro de león. Sus propietarios amenazan a Le Maire -Steve Tientcheu-, uno de los cabezas visibles al que sufraga la municipalidad para que nada salga de su cauce.

Finalmente, se encuentra al ladrón. Se trata de Issa -Issa Perica-, un chaval reincidente, que es arrestado. Posteriormente recibirá el impacto de una bala de goma en medio de una revuelta, cuando los policías se veían acorralados. Los hechos son filmados con su dron por otro muchacho, Buzz -Al-Hassan Ly-, y los agentes de la ley quieren hacerse con la tarjeta de memoria para que lo sucedido no se haga viral. Stèphane es el más contemporizador, pero Chris y Gwada no le permiten salir con la suya porque resultarían muy mal parados. El resultado es una importante revuelta que, desde la calle se dirige a un inmueble donde el autor consigue sus mejores imágenes.

Es en ese momento cuando la referencia a la obra de Victor Hugo es más evidente. En una barriada en la que los Hermanos Musulmanes luchan por desterrar la droga y que los chavales acudan asiduamente a la mezquita, los oprimidos luchan por revertir el sistema. Pugnan por mejorar mientras sienten el oprobio de un sistema que ni les considera ni les entiende. El autor pretende ser lo más correcto posible, sin cargar las tintas hacia ninguna vertiente. Sin embargo, ya se decanta al escoger una zona en la que coexisten decenas de nacionalidades y que parece tener su propia ley y su propio orden.

Todos los personajes son inmigrantes, la mayoría de color. Ly supone que esa es la revolución que viene, o que al menos desea. No en vano, el largometraje se abre con el entusiasmo popular por la obtención de la selección francesa de su segundo Mundial de fútbol. Hay un blanco por cada veinte negros, más o menos. Y todos cantan el himno francés y el grito de guerra de los bleu. En Montfemeil el porcentaje se reduce hasta la mínima expresión. Los jóvenes oprimidos, que quieren cambiar las normas, son quienes deberán tener responsabilidades en el futuro. Los descamisados han dado paso a los inmigrantes. Desde sus hogares ampliarán su radio de acción para llegar al Arco de Triunfo.

Cinematográficamente, la calidad va a menos a medida que crece la violencia. Los personajes tienden paulatinamente al cliché hasta terminar por abrazarlos. No terminas por identificarse con ninguno de ellos, aunque el drama es efectivo y la narración rezuma músculo desde el principio hasta un final que queda abierto porque no creemos que su responsable tenga claro como rematarla. Las cuestiones morales afloran durante todo el desarrollo, si bien la autenticidad de la historia y su puesta en escena se diluyen a medida que avanza por culpa de unos convencionalismos mal superados.20

From → Cine

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