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Historia de un matrimonio (Marriage Story (***1/2)

22 noviembre 2019

Tu a California, yo a Nueva York

Un director de teatro off Broadway y su actriz estrella están casados desde hace algún tiempo y tienen un hijo en común. Ella abandonó una posible carrera en Hollywood para estar junto a su marido y ahora están en trámites de divorcio. Una situación que afecta a sus carreras y que paulatinamente se les va de las manos.

Hay que agradecer a Netflix su evidente amor por el cine. Cuando pensábamos que sus producciones serían poco menos que un relleno para su plataforma, se descuelga con títulos dignos de tener una brillante carrera comercial, pero que detienen un mínimo recorrido en las salas para ser locomotoras del canal televisivo. Una obra maestra como El irlandés era impensable hasta ahora sin pasar por la gran pantalla. Sucede lo mismo con Historia de un matrimonio, una película como las de antes, sin artificio, con un guion sólido, una puesta en escena brillante y unas interpretaciones de alto nivel.

En 2005 el cineasta Noah Baumbach triunfó en Sundance con Una historia de Brooklyn -The Squid and the Whale-, que le supuso una nominación al Oscar al mejor guion y tres opciones a los Globos de Oro. El divorcio de un matrimonio de mediana edad era el tema central. Ahora se presenta con la radiografía de una pareja más joven que decide afrontar ese paso. Parte también de Brooklyn, donde Charlie -Adam Driver- es un exitoso director de teatro vanguardista. La estrella de sus funciones es Nicole -Scarlett Johansson-, una actriz que cambió una posible exitosa carrera en Hollywood después de debutar con éxito en una comedia juvenil, por quedarse al lado del hombre que amaba.

Un mediador les aconseja que cada uno escriba acerca del otro cuando Nicole decide romper con su estatus y marcharse a la Costa Oeste para rodar un episodio piloto llevándose consigo a su hijo Henry -Azhy Robertson-. En principio es una separación amistosa, pero todo se complica. Especialmente cuando ella se pone en manos de una bogada provocadora, Nora Fanshaw -Laura Dern. Se presenta entonces una máxima inevitable. Aun cuando los dos miembros de la pareja que se fractura estén de común acuerdo salen a relucir trapos sucios que parecían guardados en una caja fuerte. Esto no nos va suceder a nosotros, decimos al ver otros ejemplos. Pues nos pasa.

La experiencia es un grado, y Charlie, que pasa por diferentes abogados, comienza a darse cuenta de la situación cuando Bert Splitz -Alan Alda- le habla de su experiencia. El letrado se separó tres veces y sabe que las cosas se desmadran. Por eso recurrirá el protagonista a Jay -Ray Liotta-, con muchos menos escrúpulos y que puede tratar de igual a igual a la agresiva Nora. Un divorcio es como una muerte sin cuerpo, explica Bert cuando conoce el tira y afloja de una mujer que tiene casa en Los Ángeles y cuyo hijo ya se siente cómodo en una ciudad que aborrecía. Cada uno dispara donde más le duele al otro, sin consideraciones de ningún tipo.

Hay mucho espacio en Los Ángeles, se repite una y otra vez, pero Charlie está oprimido en ella. Gasta una enorme cantidad de dinero alquilando un apartamento y cruzando el país de un lado a otro para estar el mayor tiempo posible con Henry. Aparentemente, le va a servir de poco si sucede lo que no desea, acudir a juicio. Bebiendo en las fuentes de Ingmar Bergman, la cinta evita las trampas y mitiga la crueldad inherente a la historia con toques de comedia que proporcionan un agradecido carácter agridulce.

Los personajes son auténticos caramelos para los actores. Todos brillan, aunque Liotta esté ciertamente desaprovechado. Hay dos que se llevan la palma. Adam Driver encuentra un papel en el que debe demostrar su alta talla como actor y cumple con creces. Baumbach exprime a cada miembro del elenco hasta llevarlos al límite. Así es como se eleva la figura de Laura Dern. Si todos alcanzan cotas muy elevadas, ella está un puntito por delante, aunque el vestuario, como suele ser habitual en las películas de este cineasta, se quede algunos puntos por debajo. Una opinión muy particular, desde luego.

Si de algo peca esta producción, que no necesita escenas deslumbrantes de exteriores, es de un metraje a nuestro entender excesivo. Las canciones interpretadas en solitario por Charlie y la que comparte Nicole con su madre Sandra -Julie Hagerty- y con su hermana Cassie -Merritt Wever- podrían haberse aliviado en su extensión. De la misma forma, la secuencia final es redundante casi toda ella. Un pequeño lunar que no oscurece un filme apasionante por momentos y lleno de sentimientos verdaderos. Los diálogos son firmes y nos enseñan que las bondades de cada uno se pueden tornar en defectos durante el proceso de divorcio. Quizá, se podía haber profundizado algo más en este asunto a cambio de aligerar diversas reiteraciones.

From → Cine

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