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Jumanji: Siguiente nivel (Jumanji: The Next Level) (*1/2)

12 diciembre 2019

Falta de sol, ausencia de vida

Los jugadores vuelven al tablero de Jumanji, pero nada es como conocían. Los papeles se han intercambiado y cada personaje no es quien debiera ser. Se encontrarán con niveles desconocidos y otros integrantes de la aventura a través de áridos desiertos y lugares con nieves perpetuas.

Dos años después de que se hubiera recuperado para la pantalla grande las aventuras basadas en el libro de Chris van Allsburg prácticamente repite el mismo equipo para regresar al videojuego que proporciona aventura y comicidad. Repite Jake Kasdan como responsable en una puesta en escena cuyos decorados resultan más creíbles que los de la anterior entrega, lo que no es muy difícil y donde el humor constituye la parte más agradecida.

Tras las dificultades pasadas la vez anterior era lógico pensar que ninguno de los protagonistas se atreviera a ingresar en universo Jumanji. Sin embargo, Spencer -Alex Wolff- está pasando una mala racha después de que se hubiera dado un tiempo con Martha Kaply -Morgan Turner-, su novia de siempre. Por Navidad regresa a la casa materna donde tendrá que compartir habitación con su abuelo Eddie Gilpin -Danny de Vito-, convaleciente de una operación de cadera. Bastante desesperado, decide montar las piezas del videojuego y Jumanji lo atrapa en su interior.

El sonido característico alerta a Martha y a sus amigos Fridge -Ser’Darius Blain- y Bethany -Madison Iseman-. Aquella decide entrar en el mundo paralelo para recuperar a Spencer y le siguen los demás para encontrarse con que también han sido atrapados el abuelo Eddie y quien fuera su socio, Milo Walker -Danny Glover-. Esta vez no han podido escoger su avatar y  a cada uno le toca un personaje que en modo alguno encaja con su personalidad. En la propuesta de dos años atrás dio mucho juego que el profesor Sheldon Oberon -Jack Black- fuese una mujer en el cuerpo de un hombre y ahora le sacan partido a estas identidades equívocas que se intercambian a lo largo de las dos horas de metraje.

Aparecen nuevos personajes, como Ming Fleetfoot, una carterista especializada en apertura de cerraduras que permite a Awkwafina reafirmarse como actriz después de su buen hacer en The Farewell-. Inicialmente, es el cuerpo visible de Spencer, y a ella se le une como novedad un caballo alado llamado Ciclón. Los demás, son ya conocidos, el musculoso Smolder Bravestone -Dwayne Johnson-, el mencionado paleontólogo Sheldon, el diminuto zoólogo Franklin Mouse Finbar -Kevin Hart- y la experta en artes marciales Ruby Roundhouse -Karen Gilian-. Tampoco faltan, aunque en menor presencia, el piloto Seaplane McDonough -Nick Jonas- y el guía repetitivo Nigel Billingsley -Rhys Darby-.

La presentación es un poco larga, aunque sirve para aceptar con plenas garantías el regreso a Jumanji. También, para constatar el buen trabajo del dúo gormado por Glover y De Vito. Especialmente este último, un actor al que le van como anillo al dedo los papeles de cascarrabias en los que debe recurrir a una cara avinagrada. Lo cierto es que en este filme los momentos de diversión más álgidos son siempre los conformados por parejas. A los veteranos aludidos hay que sumar la compuesta por Dwayne Johnson y Jack Black, que consiguen sacarle brillo a gags poco originales.

La aventura en este caso es lo de menos. Una mera disculpa para tocar alguna que otra vena sensible, aunque sea de manera superficial, y se de rienda suelta a una comicidad constante y más contenida que otras veces en lo que se refiere a las muecas de Kevin Hart. Casi nos olvidamos de que para superar sus problemas y resolver el juego los protagonistas deberán hacerse con una gema que, al ocultarla del sol, transforma el mundo en un lugar yermo. Eso fue lo que conseguido por Jurgen El Brutal -Rory McCann- después de robar la piedra preciosa del cuello del anciano jefe de una tribu indígena e introducirla dentro de un cofre custodiado por sanguinarias hienas.

La verdad, importan más las sub tramas que aquello que nos puede conceder la línea principal. El malo es uno de los antagonistas más insignificantes que ha dado el séptimo arte en cuanto a interés y presencia se refiere. Como él, la película está a punto de pasar desapercibida y, sin embargo, el conjunto funciona como no cabría imaginar. Siempre hay algún aliciente para estar atentos a la pantalla, incluso cuando se recurre con timidez a exitosas propuestas muy populares, como la última entrega de Mad Max, la cosmogonía de Indiana Jones, Hindenburg y la música de Lawrence de Arabia. Los guionistas han sabido readaptarlas con una presencia amenazante de avestruces o de mandriles, y Jake Kasdan proporciona un aspecto visual y un ritmo que hacen de esta producción un entretenimiento asequible.

La presencia de actores que tienen su hábitat natural en la comedia ayuda al propósito general y la participación de Dwayne Johnson es un seguro de taquilla. Es cierto que son demasiado arroz para tan poco pollo y que sus personajes les vienen demasiado pequeños. Junto a las demás fortalezas permite que la película no descarrile por mucho que su interior sea como cualquier videojuego: poca trama y mucho desahogo.

From → Cine

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