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Sesión salvaje (**1/2)

14 diciembre 2019

Producciones a la española

Documental que recoge una etapa muy definida del cine español, al final de la dictadura franquista y en los comienzos de la democracia. Desde los western rodados en Almería hasta el género de terror, que permitió los primeros desnudos, pasando por el destape y las historias protagonizadas por quinquis.

Todas las cinematografías tienen su época de oro y un período en el que, a pesar de los bajos costes de producción, se consiguen largometrajes muy apreciados y subgéneros que surgen de forma inesperada para convertirse en verdaderos hallazgos. Esta propuesta del debutante Julio César Sánchez y de Paco Limón, es un recorrido por un túnel que nos dejó algunos artesanos de mérito cuyos trabajos fueron más apreciados fuera de nuestras fronteras.

De inicio, se recuerda el desembarco de los estadounidenses, para rodar grandes superproducciones, y de los italianos. El oficio de ambos resultó fundamental para que se abrieran los horizontes de los profesionales españoles. Principalmente, fueron los actores quienes más tuvieron que ganar porque los técnicos demostraron su capacidad. Al verse con un mayor presupuesto, pudieron destacar con su trabajo e incluso conseguir algún que otro Oscar, como el caso de Gil Parrondo. Desfilaron por Almería y por los estudios madrileños de Samuel Bronson actores de la talla de Clint Eastwood, Chalrton Heston, Gina Lollobrígida, Sofía Loren, Lee van Cleef, Christopher Lee, James Mason y tantos otros merced a los rodajes de Nicholas Ray, Sergio Leone y más cineastas de postín.

Tras la muerte de Franco llegó la apertura y las pantallas se llenaron de desnudos que anteriormente se habían visto parciales y a cuentagotas gracias al género de terror, preferentemente representado por Paul Naschy, el seudónimo de Jacinto Molina. Actrices de renombre se incorporaron a la moda y también otras advenedizas que se aprovechaban de sus cuerpos esculturales pese a que no tenían ni idea de interpretación. La más llamativa fue la presencia de María José Cantudo en La trastienda, a las órdenes de Jorge Grau.

El tercer núcleo importante es el cine de quinquis, donde José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia tuvieron mucho que decir. Un subgénero al que incluso se apuntó Carlos Saura con Deprisa, deprisa, lo que sirvió para valorar mucho más aquellas historias protagonizadas por jóvenes que gozaron de una efímera popularidad, como José Luis Manzano y José Luis Fernández Eguía, El Pirri.

Para confirmar su propuesta los responsables de este documental recurrieron a personajes que fueron protagonistas de aquella época, como Javier Aguirre y su esposa Esperanza Roy, que pasó del teatro de revista al séptimo arte apoyando, incluso, al cine de destape. Carmen Carrión, Fernando Esteso y Loreta Tovar cuentan también sus experiencias. Era la época en la que se hacían dobles versiones a causa de la intervención de la censura. Las que podían verse fuera de España eran muy más atrevidas porque de fronteras para adentro eran mucho más permisivos con el gore y la violencia que con el erotismo.

Tres actores, Simón Andreu, Emilio Linde y Antonio Mayans pudieron disfrutar de manera especial las coproducciones y los trabajos de Jesús Franco, capaz de rodar dos y hasta tres películas simultáneamente. Recuerdan que para ellos fue una bendición la llegada de los norteamericanos, quienes traían más dinero y más experiencia, la que luego incrementaron con los westerns. Rememoran que los rodajes eran totalmente limpios y que las pasiones se desataban después del rodaje.

Con ellos, aparecen otros nombres importantes de la industria española, como Alex de la Iglesia, Eugenio Martín, José Lifante o el desaparecido Álvaro de Luna. Directores que se aprovecharon de los fundamentos instalados en aquella época o actores que vivieron el punto más álgido de su carrera en dicho período. Así, se ponen en valor nombres que lucharon contra la inercia de entonces y consiguieron un gran prestigio fuera de la Península Ibérica. Ese es el caso de Juan Piquer Simón y sus propuestas fantásticas.

El trabajo de Limón y Sánchez apenas aporta novedades. Una de ellas es la del realizador recientemente nombrado, al que se define como uno de los mejores malos directores de la historia gracias a títulos como Viaje al centro de la tierra o Slugs, muerte viscosa. Otros documentales han incidido sobre algunas de las temáticas propuestas ahora. Incluso, los Goya recordaron con una estatuilla honorífica a Jesús Franco.

Se advierte un exceso de palabra y se echan en falta algunas secuencias más largas que puedan aligerar el exceso de información y las aseveraciones de los intervinientes. Aun así, se trata de un labora interesante, con un montaje muy elaborado y bien orquestado. Sus puntos más novedosos hubieran requerido una mayor insistencia en las imágenes que pudieran reforzarlos.

From → Cine

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