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Sin techo (Sense sostre) (**1/2)

21 diciembre 2019

Vivir en la calle

Juan malvive vendiendo figuritas de alambre. Duerme en un parque junto a su perro y utiliza los servicios sociales para asearse y encontrar algo de alimento. Un día decide abandonar su rutina, en la que tiene cabida una buena dosis de alcohol, y deja Barcelona para desplazarse hacia el lugar que tiene en su mente.

Estamos ante un buen ejemplo de una película hecha con el mayor de los ánimos. Xesc Cabot y Pep Garrido presentan su primer largometraje de ficción gracias a un micromecenazgo con el que recaudaron treinta mil euros. Suficiente para alquilar una cámara y que pudieran contar una historia que tuvo su estreno en el pasado Festival de Gijón. Para ello contaron con actores no profesionales, centrándose en la figura de Enric Molina. Tanto él como todos los compañeros de reparto viven sin techo o han pasado por fases de su existencia en las que pernoctaban en la calle.

A falta de mayor financiación, y salvo secuencias muy concretas, se ha filmado en lugares muy concretos de Barcelona, con planos generalmente muy cortos que se aprovechaban de los escenarios naturales. Preferentemente, algunas arterias de la ciudad congestionadas de tráfico en las que Juan, el protagonista, intenta sacar algún dinero vendiendo figuritas de alambre, y el parque en el que se concentra gente sin hogar. Allí se conocen todos y hablan de como les ha ido la jornada. Comparten lo que tienen, especialmente el alcohol al que el personaje central es un adicto.

Juan adquiere vino de mesa en tetrabrik que liba a pequeñas dosis, pero de continuo. Cuando se emborracha se transforma. Es violento, insulta a los transeúntes y hasta se les provoca. En la otra cara de la moneda, la de las palizas a que puede ser sometido en la vía pública por desconocidos que se ensañan con los sin techo. Su perro Tuck podría defenderle, pero lo ha perdido en uno de esos episodios de bebida exagerada.

Tras dormir a la intemperie se asea en dependencias sociales, e incluso desayuna. A veces queda con su padre en una terraza, que le entrega un billete de diez euros y le invita a un par de barrechetas, bebida muy popular en el siglo pasado entre cazadores y agricultores, consistente en una mezcla de moscatel con cualquier orujo o anisado. De cuando en cuando acude a la estación de autobuses para detenerse ante un teléfono público. En ocasiones llama a alguien y pregunta por otra persona. Así hasta que un día decide tomar el tren y emprender un viaje hacia un destino que tiene muy claro.

Se podría hablar de un cortometraje estirado tanto como de un argumento desgarrador. Cabot y Garrido presentan la realidad de la vida en la calle sin autocensurarse, con toda su angustia. Incluso, apuestan por un final en el que solo tiene cabida la desesperanza. Para los sin techo no parece haber futuro y a cada paso les va devorando la espiral del sufrimiento. Esta sensación se inicia desde el cartel promocional, en la línea del elegido para la campaña Ponle Cara. El 24 de octubre es el Día de las Personas Sin Hogar. Esta película nos recuerda que esa terrible circunstancia se da a diario y no solo en la fecha señalada.

Hay escasez de diálogos. Únicamente un cruce de frases cuando Juan se encuentra con otras personas en su misma situación, o cuando pide un café con leche. A su padre le oculta su situación, aunque él sabe que su hijo no lo está pasando bien. Los monólogos quedan para los efluvios del vivo barato consumido sin medida, al que se deben añadir los posos de cualquier botella hallada en la calle cuyo líquido tenga más grados que el agua.

La propuesta es dura, sin la más mínima distensión. Está bien ejecutada teniendo en cuenta los condicionantes económicos, y Enric Molina parece un veterano ante las cámaras. En ningún momento se nota que es un primerizo y que ha sido reclutado únicamente para estos menesteres. No es fácil convencer con una borrachera como él lo hace, aunque la secuencia sea especialmente desagradable y de pie a discutir si esa es la forma más consecuente del desahogo ante los sinsabores de la existencia. En todo caso, se trata de una propuesta que no pasa desapercibida, aunque por su temática y desarrollo no pueda convertirse en una de las más populares del año.

From → Cine

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