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Mujercitas (Little Women) (***)

24 diciembre 2019

Mujercitas (2019) – Adiós a la niñez

Cuatro hermanas adolescentes con diferentes inquietudes artísticas dan el paso al mundo adulto durante la Guerra Civil de los Estados Unidos. Con su padre ausente, viven con su madre junto a la hacienda de un rico terrateniente cuyo nieto no deja de relacionarse con la mayor de las chicas.

Que nosotros recordemos esta es la cuarta adaptación cinematográfica de la novela autobiográfica escrita por Louisa May Alcott en 1868. Además, debemos incluir una serie realizada en Japón y una miniserie televisiva estrenada hace poco más de un año. Es decir, cada generación cuenta con su propia versión de este clásico que a mí siempre me pareció algo ñoño.

Pese a su carácter feminista, demostrado con creces por la hermana mayor, Jo March -Saoirse Ronan-, y por las inquietudes artísticas de las cuatro hermanas, parece que el fin último de la mujer es casarse por amor, al tiempo que entre ellas nunca intercambian puntos de vista acerca de la relación con el sexo opuesto y mucho menos de sus necesidades. Lo que sí se advierte en esta propuesta es un punto de vista más actual, incluyendo abrazos entre amigos y amigas, castos besos en la mejilla entre unos y otras, y bailes que para la época podrían considerarse extremadamente libertinos.

Es el punto de vista de la actriz y cineasta Greta Gerwig, que ha diseccionado la novela y la ha puesto patas arriba, olvidándose de narrar una historia lineal y presentando a las cuatro hermanas una vez que han dejado la pubertad, pero recordando en flashbacks cómo ha llegado cada una de ellas a la situación actual. Jo permanece libre y es la única que alimenta sus inquietudes artísticas plasmadas en relatos cortos que publica en Nueva York Mr. Dashwood -Tracy Letts-.

Meg -Emma Watson-, cuyo deseo era ser actriz, está casada con John Brooke -James Norton- y aunque son felices y padres de familia, su situación no es boyante. Beth -Eliza Scanlen- es la menor y el ojito derecho de del pudiente vecino Mr. Laurence -Chris Cooper-. Le recuerda a su hija fallecida y por eso consiente que vaya a su mansión para tocar el piano cuando desee. Su heredero es Theodore Laurie Laurence -Timothée Chalament-, joven alocado y vividor que se ha criado prácticamente con Jo, pero ella lo ha rechazado. Amy -Florence Pugh-, que siempre ha ido un paso más atrás que su hermana, ha estado enamorada de él desde niña. Lo refleja en su pintura y por eso no acepta la proposición de Fred Vaughn -Dash Barber-, un joven de alta posición.

Las cuatro vive con su madre, Marmee -Laura Dern-, afanada en tareas humanitarias pese a sus escasos recursos mientras su marido, un pastor evangélico -Bob Odenkirk- se encuentra en el frente. Todos estos son los personajes principales, junto a Friedrich Baher -Louis Garrel-, un maestro con el que se encuentra Jo durante su breve estancia en Nueva York y la bien posicionada tía March -Meryl Streep-, quien confía en Amy, razón por la que se la lleva a París, para solucionar los contratiempos económicos familiares gracias a una buena boda.

Greta Gerwig ha firmado una adaptación sorprendente, lo que demuestra que el talento demostrado en Ladybird no era efímero. Una vez más, Saoirse Ronan es su alter ego en la pantalla, y el de Louisa Mary Alcott, y la irlandesa vuelve a brillar, representando lo mejor de una propuesta junto a la excelente banda sonora de Alxandre Desplat. Después de dos Oscar y otras ocho nominaciones, el compositor francés muestra una auténtica sinfonía porque, entre bailes y piezas al piano, sin una buena música este largometraje tendría menos valor.

Los diálogos son brillantes, tanto los derivados de la novela como los incluidos por Gerwig para sostener su adaptación, inesperada por la forma elegida para narrarla. La ilustra con una fotografía de Yorick Le Saux que intenta captar la esencia, no siempre conseguida, de una dirección artística fastuosa. Recuerda a las grandes producciones inglesas de época tamizadas por la irradiación de Massachussets. Hay mucha luminosidad. Tanta, que hace palidecer el vestuario, aunque no los chalecos de Jo con los que se intenta demostrar su aura de independencia y contra cultural en su época.

Todo en esta producción es más amable que lo esperado. Incluso los óbitos que tienen lugar se diluyen entre sonrisas o ensoñaciones que permiten pasar los malos tragos como si tomáramos un brebaje para evitar que sean amargos. Con un montaje que es todo lo contrario a sobresaliente, la secuencia final pretende quedar para el recuerdo. Lástima que un contraplano bajo la lluvia pueda arruinarla en parte. Un ejemplo de la principal tara del filme, que por momentos funciona de forma maravillosa, casi mágica, y en otros desciende a la tierra para darnos una bofetada de realidad.

From → Cine

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